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Full text of "Apuntes biográficos de Emilia Casanova de Villaverde"

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THE LmRARY OF THE 

UNIVERSITY OF 

NORTH CAROLINA 

AT CHAPEL HILL 




ENDOWEDBYTHE 

DIALECTIC AND PHILANTHROPIC 

SOCIETIES 



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UNIVERSITY OF N.C. AT CHAPEL HILL 

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This book is due at the LOUIS R. WILSON LIBRARY on the 
last date stamped under "Date Due." If not on hold it may be 
renewed by bringing it to the library. 



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in 2012 with funding from 

University of North Carolina at Chapel Hill 



http://archive.org/details/apuntesbiogrficoOOcasa 



Apuntes Biográficos 



DE 



EMILIA CASANOVA de VILLA VERDE 



ESCRITOS POR UN CONTEMPORÁNEO 

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- 1874 - 



LIBRARY UNIV. OF 
VJOBTH CAROLINA 




Exío-íIísl O. ció "Villsfvoirca.o. 



( DURANTE EL PERIODO REVOLUCIONARIO.) 



■ 



732387 



ADVERTENCIA. 



MUY pocas páginas de este libro ocupa el esbozo 
que hemos acertado á trazar sobre la vida política de 
Ja celebre cubana cuyo nombre lleva al frente En 
pnmer lugar.-fueron muy escasos los datos que se 
nos proporcionaron; en segundo lugar, hubo que ad- 
quirios sin el conocimiento de la heroína. 

La deficiencia, sin embargo, hemos procurado sub- 
sanarla, añadiendo un copioso extracto de la larga 
correspondencia epistolar que llevó dicha señora con 
diversas-personas, más ó menos notables, de dentro y 
fuera de Cuba, durante los diez años de la atroz gue 
rra. De este modo esperamos quede completo, en 
cuanto cabe, aquél nuestro trabajo, escrito hace m ás 
de una década y prestado u „ no pequefío ^.^ , 
la historia política de nuestra patria. 



EMILIA 0. de VILLAVEEDE 

Hija de Don Inocencio Casanova y de Doña Petrona 
Rodríguez, ricos hacendados de Cuba, nació en Cárdenas, 
puerto de mar al Este de la Habana, el 18 de Enero de 
1832, y recibió una educación esmerada en su propia 
casa. 

Desde temprano dio claras muestras del carácter resuel- 
to é independiente que desplegó en toda su fuerza cuan- 
do los sucesos políticos de su patria la llamaron á figurar 
entre los emigrados cubanos que más se han distinguido 
por su patriotismo y por los eminentes servicios prestados 
á la causa de su libertad é independencia. 

Si la posición de Emilia en la revolución de Cuba hubie- 
ra sido la misma que la de Madama Roland en la de Fran- 
cia, habría representado quizás en su patria papel no in- 
ferior al que representó en la suya esta desventurada 
cuanto célebre señora. 

Porque si bien con menos erudición, la cubana heredó 
su talento, por lo menos tan viva es su imaginación, tan 
enérgico su carácter, posee la misma intrepidez de ánimo, 
y la ha igualado en amor adíente de libertad. 

A diferencia de Madama Roland, no tuvo Emilia que ir 
á buscar en los libros de Grecia y Roma, los héroes y he- 
roínas de su patria. La guerra de independencia de la 



— 8 — 

América colombiana se los había ofrecido por centenas* 
Los nombres y los hechos de Bolívar, de Sucre, de San 
Martín, de Paez, de Eicaurte, del cura Hidalgo, de Poli- 
carpa Salavarrieta, de Luisa C. de Arizmendi y de otros 
muchos ilustres Sud-americanos, como por tradición co- 
rrían de boca en boca entre la juventud cubana cuando 
Emilia empezó á sentir en su pecho el amor de patria. 

No fué decidida nunca su afición á la lectura seria, mu- 
cho menos á la enervante de las novelas francesas, que 
eran las que circulaban en Cuba. Puede decirse que la 
suma de su erudición, se la debe en parte al trato de la 
gente culta, en parte al esfuerzo de su vigoroso entendi- 
miento. Bien que apenas tuvo ella ocasión de entregarse 
á los estudios, ni de entretenerse casi, cual los demás ni- 
ños de su edad, en los juegos y diversiones propios de la 
juventud. A los doce años había adquirido el desarrollo 
de una joven de quince, y con él los gustos y aficiones de 
la mujer. Pero sus pasiones favoritas, el baile y la equi- 
tación, á tiempo que dieron juego á su espíritu inquieto, 
contribuyeron eficazmente al desenvolvimiento de faculta- 
des y de fuerzas tanto físicas como morales, no comunes 
por cierto en las mujeres de nuestra patria. 

Se nos creerá pues, cuando agreguemos que no conoció 
las coqueterías tan naturales de las de su edad y sexo, 
porque cuando pudo pensar en devaneos, ya la abrasaba 
el pecho y le penetraba todo su ser, — el fuego de libertad. 
Así se comprende por qué joven, bella, vivaz, rica, de fá- 
cil y agradable conversación, amiga de la sociedad, ado- 
rada por sus padres, idolatrada por los esclavos, hecha, en 
una palabra, el centro de la juventud de Cárdenas, galan- 
teada por cubanos y españoles, á los quince años no había 
dado la preferencia á ningún hombre, y hablarle de amo- 



— 9 — 

res equivalía á excitar su desden. ¿Era eso dureza de 
corazón? Era frialdad de alma? Vanidad desmedida? 
Ni lo uno ni lo otro; era que entonces no había en su pe- 
cho espacio bastante para el amor de la familia y el de la 
patria. Al primero de estos amores, estaba decretado que 
ella le consagrase los años más floridos de su vida, al otro 
comenzó á consagrarle su reposo y su tranquilidad, cuan- 
do las demás jóvenes, sus contemporáneas, solo pensaban 
en devaneos y diversiones. 

El movimiento político que inició el mariscal de campo 
Narciso López en Trinidad y Cienfuegos con su conspira- 
ción fracasada en Junio de 1848, se propagó por toda la 
isla á fines del mismo año. La agitación duró en su ma- 
yor fuerza hasta 1851, en que el caudillo pereció en el ca- 
dalso en la Habana. Pero López, con asombro general, 
había desembarcado en Cárdenas á la cabeza de 610 ex- 
pedicionarios en la mañana del 19 de Mayo de 1850, y al 
abrir el postigo de la ventana de su casa, inmediato á la 
plaza, donde aún esonaban los primeros tiros de la gue- 
rra por independencia, — los ojos de Emilia tropezaron 
con indecible delicia, con el nuevo pabellón de la naciona- 
lidad cubana, hecho de rica seda y regalado por las crio- 
llas de Nueva Orleans, al hermoso regimiento de Luisia- 
na tendido entonces en batalla en la acera derecha de 
la calle Real. 

Desde esa fecha memorable se consagró Emilia á la 
causa de la libertad é independencia de su patria. Todos 
sus gustos, sus pensamientos, hasta sus placeres se con- 
centraron en esa idea primordial, que llegó á ser la reli- 
gión de su alma, y que le dio nuevo impulso, la revistió de 
nuevo carácter y la hizo nacer á nueva vida. A compás 
de su oposición á la esclavitud del negro, con cuyos males 



— 10 — 

simpatizó hondamente desde pequeñuela, creció en ella 
el odio á la tiranía, se sublevó todo su ser contra el 
avasallamiento de sus conciudadanos en Cuba. Y como 
era natural, su hostilidad á un gobierno que oprimía por 
igual al negro y al blanco de su patria, se tizo extensiva 
á cuantos directa ó indirectamente le prestaban apoyo. 

Vencedor el español, como de costumbre mató, conde- 
nó á presidio en Ceuta, desterró y oprimió á cuanto crio- 
llo pudo haber a las manos ó no halló dificultad en for- 
marle delito. Entonces Emilia empezó contra él una cru- 
zada más ó menos encubierta. Invitada una vez á brindar 
en un banquete en Cárdenas, cuando los demás lo habían 
hecho por las cosas más frivolas, y aun necias, ella impá- 
vida, con la vista fija en un coronel español que tenía de- 
lante, se levantó y dijo: " Brindo por la libertad del mun- 
do y, lo que es más, por la independencia de Cuba;" con 
lo cual más que de prisa se disolvió la reunión. 

Sabedora de que sus paisanos en el presidio de África 
pasaban hambres, sufrían atropellos y se les dificultaban 
las ocasiones de evadirse por falta de recursos, levantó 
fondos cuantiosos entre los amigos de su familia é hizo 
que se trasladaran á Ceuta por vía de Gibraltar. (*) 

Poco después de estos sucesos, creemos que en el vera- 



(*) Entre otros escapados de Ceuta, mediante el dinero enviado desde Cárdenas, 
fué uno de ellos Francisco Lainé, el cual visitó á Emilia hacia el año de 1854 en Fila- 
delfia, con el propósito de darle personalmente las gracias por los buenos servicios 
prestados por ella á él y demás compañeros de presidio. Lainé había ido con López 
á la Vuelta Abajo ; prisionero de guerra en la rota de Candelaria, ya en capilla para 
ser fusilado, pidió permiso para escribir á su madre y entretanto llegó el indulto emi- 
tido por el general Concha. 

Después, en unión de otros varios cubanos desterrados, pasó á Nicaragua, de cuyo 
país se había enseñoreado Walker, el cual le nombró su ayudante de campo. En 
comisión de su jefe fué capturado por las fuerzas aliadas centro americanas y fusilado 
Cerca de la ciudad de Granada. 



— li- 
no de 1852, vino Emilia con su padre y dos hermanos me- 
nores á los Estados Unidos. En su rápida excursión por 
el famoso Niágara, la capital de la república, Filadelfia, 
Albany, Saratoga y otros sitios notables del país, pudo 
Emilia, aunque joven, notar y admirar el asombroso ade- 
lanto del pueblo, lo mismo que los bellos y costosos mo- 
numentos, que libre y rico había levantado á los héroes 
de su independencia. Tal fué la confirmación de sus prin- 
cipios republicanos que germinaban al calor de amor de 
patria y de libertad. La comparación de lo que acababa 
de ver, con lo que había dejado en Cuba, le produjo al 
pronto una impresión dolorosa, pero luego solo sintió ver- 
güenza, porque comprendió sin esfuerzo, y lo decía muy 
alto y muy claro: — "que el pueblo para ser libre no tiene 
más sino quererlo de veras." 

De vuelta del romántico paseo, se detuvo en Nueva 
York, donde se pensaba que permaneciese algún tiempo 
á fin de perfeccionar su educación y sobre todo de acos- 
tumbrar el oido á los ásperos acentos de la lengua, cuyos 
rudimentos había aprendido en Cárdenas con una aya in- 
glesa. Todo estaba arreglado, escogido el colegio, la pen- 
sión convenida, los trajes de* la educanda hechos, el padre 
iba á partir dentro de dos ó tres días, á tiempo que reci- 
bió una carta de la madre adorada, en la cual pintaba su 
tristeza y soledad (aunque tenía otros varios hijos) ; y des- 
de ese instante decidió Emilia volverse á Cuba, tras breve 
ausencia de tres meses. 

Funcionaba á la sazón en esta ciudad la Junta Cubana 
con Gaspar Betancourt Cisneros como presidente, Manuel 
de Jesús Arango, y José Elias Hernández como vocales, 
Porfirio Valiente como secretario, y el sin ventura Do- 
mingo Goicouría como tesorero. Este último, por la amis- 



— 12 — 

tad y parentezco de familia, trataba á Emilia desde niña, 
conocía su entusiasmo y tenía pruebas de su intrepidez y 
energía de carácter; así que al saber que se volvía para 
Cuba, no tuvo embarazo alguno en fiarle el desempeño 
de una comisión no menos delicada que peligrosa, — cual 
fué la de llevar pliegos y documentos importantes, bonos 
manuscritos a los conspiradores de la Habana, Matanzas 
y el mismo Cárdenas. Esto hubo que hacerse a ocultas 
del señor Casanova, quien tímido y conservador por natu- 
raleza y por hábito, se hubiera opuesto con la autoridad 
de padre y de hombre de orden. 

Los emigrados cubanos, aquellos que tomaban parte 
activa en la política de su patria, se habían congregado 
en Nueva York y costeaban la publicación de folletos, pe- 
riódicos y otros papeles que el gobierno español califica- 
ba de subversivos y cuya introducción en Cuba esta- 
ba estrictamente prohibido. Fues, cuando quiera que 
Emilia conseguía uno de ellos, lo leía con avidez, lo co- 
mentaba y lo pasaba á sus amigos, a fin de que las noti- 
cias é ideas nuevas tuviesen la mayor circulación. Dos 
de sus hermanos, que participaban de sus opiniones libe- 
rales, la ayudaban eficazmente en la cruzada política. Co- 
mo medida segura de debilitar al gobierno, trataron por 
todos los medios á su alcance, de sembrar el espíritu de 
insubordinación entre la tropa que guarnecía a Cárdenas, 
logrando la deserción de algunos soldados. Pero uno de 
éstos delató la conspiración, y el hermano mayor de Emilia 
que era el más comprometido, tuvo que ocultarse y salir 
de la isla. Ella, niña todavía, favoreció personalmente su 
fuga. 

Tras su hermano querido toda la familia se trasladó á 
Filadelfia en 1854. Allí conoció Emilia y se casó con C. 



— 13 — 

Villaverde, el que, comprometido en la conspiración de 
Cienfuegos, tramada por el general López en 1848, fué 
oreso y condenado á muerte, y en Abril de 1849, logró 
^caparse de la cárcel de la Habana. Tornó á Cuba la fa- 
jailia de Emilia en el verano de 1855, y ella siguió á su 
aiarido á Nueva York, donde desde entonces divide con 
ú el pan amargo de la expatriación. 

Hasta la última fecha mencionada, continuó activo el 
novimiento revolucionario, tanto en la grande Antilla co- 
no en este país. Allá se tramó primero la sublevación 
le la Vuelta Abajo, de que fueron cabeza Cristo y Gonzá- 
3z, y luego la de la Habana en la cual actuaba como cau- 
iUo el español Pintó, y á la que debió preceder una in- 
asión de la isla por una fuerza extranjera de dos á cinco 
íjlíI hombres. Los desterrados de años anteriores, los 
que habían podido evadirse del presidio de Ceuta, los 
prófugos políticos de todas partes de Cuba, que subían á 
varios centenares, en su mayoría estaban refugiados en 
Nueva York. Emilia concurrió á sus reuniones publicas, 
aplaudió y alentó sus propósitos de llevar la guerra y la 
libertad á la patria encadenada, y entonces como ahora, 
su casa fué visitada por los principales corifeos de la re- 
volución. Ni faltaron quienes entre ellos, en su entusias- 
mo patriótico la compararan con Madama E-oland. 

El amor entrañable de familia y de la patria, la llevó á 
la Habana en 1858; pero triunfantes de nuevo los espa- 
ñoles, se le hizo más insoportable que nunca su habitual 
insolencia. Luego Concha llenaba la segunda época de 
su mando, y procuraba degradar lo que no había podido 
borrar en la primera por falta de tiempo, — el sentimiento 
de la propia dignidad cubana. Emilia, ofendida, altamen- 
te disgustada, mas, tildada por desafecta al gobierno en 



— 14 — 

las columnas del "Diario de la Marina/' donde se repro- 
dujo una carta que ella había mandado al "Herald" de 
Nueva York, salió de Cuba á mediados de 1860. 

La guerra entre el Norte y el Sur de la Unión estalló 
en 1861 y por cuatro años consecutivos mantuvo agitado 
su espíritu, como que en ella descubrió los síntomas que 
más tarde desarrollaron la revolución de su patria. De 
seguida vino la salvaje agresión de España contra las re- 
públicas del Pacífico, y Emilia, en unión de los cubanos 
de Nueva York tomó parte activa en todo cuanto se hizo 
para mover á Cuba y preparar la invasión de las tropas 
aliadas en 1866. Por entonces, aunque la amenaza no 
paró en amago, ya podían divisarse en el horizonte las 
señales de la tempestad que no descargó sino dos años 
después. Emilia pues, se esforzó en convencer de ello á 
sus amigos en Cuba, y sobre todo a su padre, quienes to- 
davía soñaban en concesiones de España. Insistió, pro- 
f ética, en que el padre trasladase á este país parte de su 
caudal, poniéndose así al abrigo de la catástrofe, como lo 
consiguió no más tarde que en el verano de 1867. 

En efecto, á fines de Octubre del año subsecuente, se 
hallaba la familia toda de Emilia á la mesa del comedor 
de la quinta señorial del Sr. Casanova que había compra- 
do á 9 millas de Nueva York en "West Farms — cuando se 
recibió el parte telegráfico del suceso de Yara, calificado 
por los españoles de desorden local, promovido por unos 
cuantos malévolos, mal hallados con la justicia y la ley. 
En el arrebato de su alegría se puso en pié Emilia y ex- 
clamó como inspirada: "Hé ahí la revolución; bien veni- 
da sea ! " Y abrazó á su padre y á su madre y besó á sus 
hermanas y dio la mano á sus amigos, repitiendo de tiem- 
po en tiempo: "Ya somos libres! Viva la independen- 



— 15 — 

cia ! " Todo esto á presencia de un español muy español, 
casado con una aristócrata de la Habana, que estaba allí 
de visita con su mujer y que por esta razón sin duda no 
volvió más á la quinta. 

Durante el invierno de 1868 á 69, venía Emilia diaria- 
mente á Nueva York, para tratar de los asuntos de la pa- 
tria. Deseosa de estimular el patriotismo y recompensar 
el sacrificio del que aparecía como caudillo del movimien- 
to, hizo una bandera de seda, igual á la que había visto 
en Cárdenas, y se la envió por la primer expedición que 
salió á principios de 1869 de las costas de los Estados 
Unidos. En Enero de este año fundó ella, con no poco 
trabajo, la primer sociedad de carácter político que jamás 
habían formado las cubanas, dentro y fuera de la isla, con 
el objeto ostensible de crear fondos para socorrer á los 
heridos y enfermos del ejército libertador cubano. Y en 
Marzo siguiente vendiendo las señoras del comité de la 
La Liga de las Hijas de Cuba billetes de una función de 
teatro, pudieron levantar cerca de $4,000; los que pusie- 
ron en manos del representante del gobierno revoluciona- 
rio de Cuba en este país. 

El 4 de abril temprano en camino de Nueva York, tuvo 
noticia Emilia de la prisión de su padre en la Habana. 
Al punto en la primera estación telegráfica, puso un tele- 
gama al secretario de Estado en Washington, Mr. Hamil- 
ton Fish, para participarle el hecho y reclamar la protec- 
ción de este gobierno en favor del preso, quien era ciu- 
dadano americano naturalizado y tenía propiedades raíces 
en este país.' El 5 estaba ella en la capital de la Unión. 
Vio á los principales representantes y senadores, á los se- 
cretarios, al general en jefe de los Estados Unidos, sin 
más títulos que los de señora, de cubana y de hija del 



— 16 — 

ciudadano americano oprimido por el capitán general de 
Cuba. 

El 6 se presentó en la Casa Blanca, y no obstante estar j 
reunido el Gabinete, solicitó y obtuvo audiencia del pre- i 
sidente Grant, el cual, notando su emoción y sus lágri- 
mas, la dijo: — Vaya Vd. tranquila, señora, y no tema por 
la vida de su padre. No le tocarán, ni se atreverán los 
españoles á desafiar la cólera de esta nación. 

Aquel mismo día se dieron órdenes perentorias al Co- 
modoro de la escuadra americana surta en las aguas de 
Cuba, y poco después se obtuvo la soltura del Sr. Casa- 
nova. 

En la primavera del año subsecuente, volvió Emilia á 
"Washington y extendió sus relaciones de amistad con las 
personas más notables de esa capital, tanto americanas co- 
mo extranjeras. En sus visitas al contra-almirante Porter 
y al presidente Grant, recavó de éste la promesa de poner 
un buque de la marina de guerra á la disposición de la 
Liga de las Hijas de Cuba para transportar á Sur Amé- 
rica las familias cubanas pobres que quisiesen emigrar. 
El proyecto no se realizó al cabo, porque no se presentó 
jamás el número de emigrantes que hiciera plausible los 
gastos del equipo del buque-transporte. 

A mediados de Diciembre de 1871, por tercera vez fué 
Emilia á "Washington, entonces en comisión de la Socie- 
dad de señoras de que era secretaria, para pedir, en nom- 
bre de las madres cubanas, la intervención del gobierno 
americano en favor de los jóvenes estudiantes de medici- 
na, á quienes había condenado á presidio en la Habana, 
un tribunal revolucionario compuesto de españoles volun- 
tarios. En su consecuencia, Emilia, que hacía cabeza de 
la comisión de señoras, tuvo una entrevista con el presi- 



— 17 — 

^nte Grant, y tres con el secretario de Estado H. Fish. 
ste último manifestó un gran interés en el asunto y pro- 
so á Emilia una junta con el ministro español, á fin de 
reglar entre los tres amigablemente, dijo, los términos de 
soltura de los pobres estudiantes. Pero ella se negó en 
•soluto, diciendo, que si bien no temía verse cara á cara 
m el representante del gobierno español, tendría mucho 
> humillante para ella la entrevista, por más que á su 
.'esencia la llevase una misión de justicia y de misericor- 
ía. — ¿Qué quiere Vd., pues, preguntó Mr. Fish, que es- 
i gobierno haga en favor de los jóvenes estudiantes ? — 
lúe se traigan á este país; repuso Emilia. — La complici- 
ad de España (observó el Sr. Villaverde, que se hallaba 
resente), en la atrocidad cometida con esos jóvenes, bas- 
tiría por sí sola para que el gobierno de Madrid rehusase 
n arreglo semejante. De la misma opinión fué el secre- 
irio de Estado, y en consecuencia prometió que su go- 
erno, de acuerdo con el de Inglaterra, pedirían oficiosa- 
ente al de Madrid, se enviasen dichos jóvenes á conti- 
uar sus estudios en la Península. Así se hizo. 
En visita posterior á la capital de la Unión, de la misma 
señora, presentó al Congreso, en nombre de la Liga, una 
petición solicitando derechos de beligerantes para sus he- 
'óicos compatriotas, y á fin de preparar la opinión en fa- 
ror de su solicitud, provocó debates con los jefes del par- 
ido que asumía la dirección de la política del gobierno 
ederal en una y otra Cámara. Celebrábase generalmente 
;1 debate en el salón llamado de Mármol, accesorio á la 
amara del Senado, donde los senadores reciben á sus 
tmigos y á las personas de distinción en los intervalos de 
sesiones, ó en el cuarto llamado del " Speaker " ó pre- 
idente de la Cámara de Kepresentantes, menos espíen- 



— 18 — 

dido que el otro aunque muy lujoso. Emilia domina la 
lengua inglesa, tal vez más completamente que la suya 
nativa, y era cosa de ver aquella cubana, joven todavía, 
de estatura mediana, esbelta, elegante, tipo el más pro- 
nunciado de la bija de los trópicos, cuyo rostro había 
sombreado el sol del medio día, con la boca pequeña y 
bien puesta, indicativa de la firmeza de su carácter, la 
nariz perfecta, ni chica ni grande, que parte en línea rec- 
ta de una frente ancha y majestuosa, interrumpida en su 
desarrollo por dos cejas en simétrico arco, los ojos negros 
y rasgados, que despiden rayos de inteligencia bajo luen- 
gas y espesas pestañas, todo esto encuadrado en un óvalo 
exacto que corona una cabellera copiosa y de color de 
ébano bruñido — en sitio extraño y en medio de hombres 
de otra raza y de aspecto distinto, los legisladores y esta- 
distas de una gran nación, — haciendo uso de expresiones, 
de frases, de giros, y aun de ideas en un idioma extraño, 
con cuya índole quizás no andan de entero acuerdo, pero 
que llevan bien marcado el sello de la imaginación fogosa 
y decididamente meridional de la elocuente extranjera. 

La discusión ordinariamente empezaba con uno ó dos 
miembros del Congreso, á quien Emilia había sido pre- 
sentada en toda forma y ya conocía, por ejemplo, con los 
senadores Wilson, vice-presidente que fué de los Estados 
Unidos, con Colfax, su antecesor, con el alemán Schultz, 
que entonces era de la oposición, con el speaker Blaine, 
con el general Banks y con Voorhees, del partido demo- 
crático; pero á medida que ella se enardecía y empleaba 
los argumentos que pudiéramos llamar " at hominem," 
por cuanto prescindiendo de las formas parlamentarias, 
ignorando las tergiversaciones de la diplomacia y aun la 
política del gobierno americano, tiraba solo á poner de 



— 19 — 

manifiesto el hecho de la beligerancia de los cubanos, y el 
derecho al reconocimiento por todos los pueblos libres de 
la tierra; — los primeros oyentes llamaban á otros, los pre- 
sentaban a la oradora, todos le formaban corro, y aquellos 
fríos y positivistas legisladores se llenaban de entusiasmo, 
y acababan por aplaudirla de todas veras. 

Pero si concurriendo con sus opiniones, alguno de los 
presentes, ora esperando complacerla, ora porque tales 
eran sus sentimientos, le observaba que la isla de Cuba 
tarde ó temprano formaría parte de los Estados Unidos, 
entonces sus ojos despedían rayos, su voz vibraba como 
cuerda rudamente herida. La oradora entonces se con- 
vertía en tribuno, en sus labios se atropellaban las pala- 
bras más mordaces, se le ocurrían los rasgos más brillan- 
tes, las frases más felices, las más oportunas, de modo que 
los que poco antes habían celebrado la facilidad con que 
se expresaba en un idioma que no era el suyo nativo, aho- 
ra no podían negarle su admiración y reconocer que el 
país que produce mujeres como Emilia, no es fácil que 
trueque el derecho á su independencia por un plato de 
lentejas. 

No se logró el objeto apetecido, es decir, la concesión 
de derechos de beligerantes á los patriotas cubanos, porque 
el Congreso, de acuerdo con la política de la Administra- 
ción, desaprobó la moción sobre ese asunto que había 
presentado por aquellos días el general N. P. Banks. Pe- 
ro debió quedarle la satisfacción á Emilia de haber hecho 
el esfuerzo y contribuido á que se conociese mejor la cau- 
sa de su patria en el Capitolio de Washington, sobre 
todo, á rectificar las opiniones equivocadas que algunos 
senadores y representantes se habían formado respecto á 
Jas aspiraciones de los cubanos combatientes. Probó que 



— 20 — 

el pensamiento de la anexión de Cuba á los Estados Uni- 
dos, no había sido nunca un pensamiento popular, pues 
que lo había adoptado y apoyado únicamente la minoría 
esclavista, la cual había quedado apagada y muerta desde 
el punto en que los caudillos de la revolución habían prin- 
cipiado por abolir la esclavitud, de hecho primero y luego 
de derecho. 

Desde mucho antes de esto no marchaba Emilia de 
acuerdo con los que venían representando el gobierno de 
la república de Cuba en este país, y mucho men#s con 
sus partidarios. No los juzgaba aptos ni animados del 
más puro patriotismo. Por el contrario, creyó ver en ellos 
una tendencia constante á comprometer la cuestión de la 
patria, ya por medio de los Estados Unidos, ya directa- 
mente con España, no porque estuviesen bien quistos ó 
echasen de menos el dominio de la antigua metrópolis, 
sino por desconfianza del pronto y feliz éxito de la revo- 
lución. Pero de todos modos, su política era floja, inde- 
cisa, á veces sospechosa, y Emilia al cabo tomó hacia esos 
hombres una actitud decididamente hostil. Acabó de 
echarla en las filas de la oposición, lo que se hizo en Cuba 
con el general Manuel Quesada, á quien tenía por un 
buen patriota y hábil militar, cuya separación del mando 
en jefe del ejército libertador, por la Cámara de diputa- 
dos (se creía con fundamento), se debió á la maligna in- 
fluencia que venían ejerciendo, desde el principio de la 
revolución, en los jóvenes de ese cuerpo anómalo — los 
usurpadores de la representación de la república cubana 
en Nueva York. 

Demás de eso, como á poco de la llegada del general 
M. Quesada del campo de Cuba, se siguiese la del general 
americano Tomás Jordán, el cual había sustituido al pri- 



— 21 — 

mero en el mando por corto tiempo, — sirvió esto de pre- 
texto á la Junta Central (presidida entonces por Miguel 
Aldama) y sus partidarios, para establecer diferencias 
odiosas entre ambos jefes, para celebrar con un banquete 
público los servicios del extranjero y para menospreciar 
los generosos del cubano. Creció de punto la indignación 
de Emilia, cuando, no contentos con eso los hombres de 
la Junta, tiraron á hacer cómplice de sus intrigas á la 
emigración cubana, abriendo una suscrición de 25 centa- 
vos la cuota, para regalar una espada de honor al general 
Jordán, cuyos servicios en Cuba habían sido contratados 
por un término fijo y se los habían pagado. Con su ca- 
racterística actividad y energía, Emilia levantó fondos su- 
ficientes entre los cubanos, partidarios ó no del general 
Quesada, y compró una espada magnífica, que tuvo el im- 
ponderable placer de presentarle en nombre de sus cod- 
ciudadanas reconocidas, ante un numeroso concurso de 
cubanos y extranjeros, la noche del 29 de Junio d^ 1870. 
Por esta época vino de Madrid á Nueva York el aboga- 
do cubano Nicolás Azcárate, trayendo á los hombres de la 
Junta Central, de quienes había sido en la Habana com- 
pañero y amigo íntimo, la peregrina proposición de Se- 
rrano y Prim, reducida á que los patriotas depusieran las 
armas y aceptaran en cambio una autonomía por el estilo 
de la que España concedió á Puerto Rico. El comisiona- 
do diplomático Sr. José Manuel Mestre y el agente gene- 
ral de la república cubana, Sr. Miguel Aldama, no solo 
dieron fácil oído al agente español, sino que le agasajaron 
con banquetes y en la apariencia negándose, le facilitaron 
los medios de despachar un emisario á Cuba, que resultó 
ser el desventurado Juan Clemente Zenea, el cual además 
recomendaron altamente al presidente Céspedes, á los 



— 22 — 

otros miembros del gobierno y á los jefes del ejército pa- 
triota. Todo esto se supo de una manera definida algún 
tiempo después, cuando el mal estaba hecho y la traición 
consumada. Desde el punto en que se presentó en esta 
ciudad el agente secreto de Madrid, empezaron á alar- 
marse y á entrar en sospecha los emigrados cubanos, pues 
de la mayoría era conocido su amor á la unión de Espa- 
ña y Cuba. Pero hasta que Zenea fué preso á tiempo de 
reembarcarse y no le fusiló el jefe español, por el salvo- 
conducto del ministro de su nación en Washington que 
portaba, no apareció clara la trama horrible que se* habí a 
urdido en medio de la confiada emigración, por los repre- 
sentantes de la patria. 

Los diferentes clubs y sociedades de refugiados cuba- 
nos en los Estados Unidos, los periódicos independientes, 
se habían limitado á hacer públicos sus naturales recelos, 
á llamar la atención de los representantes oficiales hacia 
los crueles rumores que corrían y no faltaron quienes 
protestaron contra lo que se hacía de una manera tan 
misteriosa. Pero Emilia, viendo la patria en peligro, des- 
tronada por los mismos encargados aquí de su defensa y 
buen nombre, decidió ir más allá que todos sus conciu- 
dadanos. Buscó las pruebas y con ellas en la mano se 
presentó ante las señoras de La. Liga, convocadas extraor- 
dinariamente en casa de su presidenta, en la Quinta Ave- 
nida de esta ciudad, Angela Quesada de Embil; les puso 
de manifiesto la traición del comisionado diplomático y 
del agente general de la república, y les nizo adoptar, 
CDn su energía y natural elocuencia, unas resoluciones en 
que se contenía la acusación pública y directa del delito. 
A pesar de que el presidente Céspedes pudo resistir la te- 
rrible tentación, el daño hecho á la revolución fué grande 



^-23 — 

y aun se tocan sus consecuencias. El valor cívico de Emi- 
lia tuvo, sin embargo, este resultado, que compelió á los 
acusados á defenderse en público y más adelante á sepa- 
rarse ostensiblemente al menos, de toda intervención en 
los negocios de la patria con carácter oficial. 

De todos los actos de la vida pública de Emilia, como 
es de imaginarse, éste fué el que le valió más aplausos, al 
mismo tiempo que le concitó el odio de sus enemigos po- 
líticos. Aldama sintió á lo vivo la herida, é hizo de modo 
que los periódicos españoles de la Habana publicaran una 
carta muy insultante y violenta, que él supuso dirigida al 
presidente de la república, para quejarse de la injuria he- 
cha á su reputación de patriota y presentar su dimisión 
de un cargo, que, según decía, solo le había proporciona- 
do disgustos y atrasos en sus intereses. 

Por fortuna, poco después de estas cosas, el general 
Manuel Quesada, consiguió desembarcar en Cuba su pri- 
mera expedición del vapor <c Virginius," que sacó á los pa- 
triotas de la crítica situación en que se encontraban, sin 
armas ni pertrechos, y estrechados de cerca por las ague- 
rridas tropas del feroz conde de Valmaseda. Pudo en- 
tonces el presidente Céspedes tomar una medida decisiva, 
cual fué la de relevar al agente y al comisionado diplomá- 
tico, nombrando para reemplazarlos en comisión al vice- 
presidente de la república, general Francisco Vicente 
Aguilera y al secretario de Estado de la misma, llamón 
Céspedes. 

Emilia, junto con una buena porción de los emigrados, 
no creyó menos sino que cambiados unos representantes 
enemigos declarados de la revolución, se cambiaría de 
política y se daría nuevo impulso y más vigor al envío de 
recursos al campo patriota. En semejante persuación 



— 24 — 

Emilia, desde el Canadá, donde pasaba el verano con su 
marido y sus hijos, lo mismo que casi toda la emigración, 
se apresuró á felicitar á los comisionados y á ofrecerles el 
más franco apoyo y ayuda material. 

Pero estaban reservadas á más triste desengaño tan 
halagüeñas esperanzas. Por debilidad ó por falta de tac- 
to, adoptaron una política vacilante é indefinida, que ellos 
llamaron conciliatoria, se rodearon de los partidarios más 
odiosos de la Junta, y se aconsejaron con ellos, al extremo 
de romper con los pocos amigos leales y útiles que le que- 
daban al presidente Céspedes en los Estados Unidos. 

Habría sido todavía disculpable semejante proceder, 
si los nuevos comisionados, convencidos de que nada te- 
nían que esperar de los hombres de la Junta ni de sus 
partidarios, no llaman á su lado y dan participio en el 
manejo de los negocios de la patria a un negociante en 
tabacos, desconocido en el país, donde había hecho algún 
capital. Este hombre oscuro les prestó dinero á la ventu- 
ra, sobre uno de los tres barcos que poseía entonces la re- 
pública cubana, y con esa ayuda y el producto de la ven- 
ta del vapor " Hornet," despacharon la única expedición 
de armas, pertrechos y hombres que lograron formar en 
dos años de trabajos y disgustos sin cuento. Tal fué la 
desdichada expedición del " Fanny," que se perdió por 
completo en las costas de Cuba, no salvándose sino dos de 
los 56 hombres que la componían. 

A pesar de eso, habiéndose dirigido los comisionados al 
principio de su llegada, á las varias sociedades y clubs en 
que estaba dividida la emigración, en demanda de auxi- 
lios, para enviar un agente al Perú, recavó Emilia de la 
Liga de las Hijas de Cuba, que se les facilitasen de sus fon- 
dos por algunos centenares de pesos. Hizo más, con los 



— 25 — 

recursos de la sociedad y los suyos privados, armó y equi- 
pó el núcleo del batallón de la Cruz, compuesto de 50 jó- 
venes escogidos, que puestos á las órdenes del jefe de la 
expedición del " Fanny," general Julio Grave de Peral- 
ta, solo se embarcaron 25, y así los restantes patriotas se 
salvaron de la desastrosa suerte de sus compañeros. 

Desesperada Emilia, pretendió armar y equipar á su 
costa una expedición, para mostrar á los patriotas en Cu- 
ba que no estaban abandonados por toda la emigración y 
ver de estimular á ésta al cumplimiento de su deber. 
Haciendo esfuerzos inauditos logró levantar fondos, con- 
siguió armas y pertrechos y despachó un comisionado 
con el encargo de reclutar gente y fletar una goleta en 
Puerto Plata, donde según fama, era posible sin grave 
riesgo sacar una mediana expedición. Pero este sugeto, 
si bien militar distinguido por haber hecho la campaña 
en Cuba desde 1868 hasta 1871, resultó incompetente pa- 
ra la tarea que se le encomendó y hubo que retirarle los 
poderes después de una pérdida lamentable de tiempo y 
de dinero en viajes, comisiones, trasportes y otras eroga- 
ciones consiguientes á una empresa secreta y de suyo ar- 
dua. 

No fué nada de esto, sin embargo, suficiente á rendir el 
espíritu de Emilia. Por el contrario, los contratiempos 
parecían estimular su ardor patriótico. Cuatro años. ape- 
nas de principiada la lucha en Cuba, las cubanas de la 
emigración, lo mismo las que la ayudaban en sus empre- 
sas, que las que, simpatizando con los hombres de la Jun- 
ta Central, formaron una sociedad ó Club en oposición al 
de La Liga, una tras otra, todas habían abandonado el 
campo, renunciando á los asuntos políticos y á las espe- 
ranzas de poder servir, con su activa cooperación la causa 



— 26 — 

de la patria. Pero la deserción de sus compañeras no le 
quitó la f é en sus propios esfuerzos, mucho menos en el 
feliz y pronto éxito de la revolución. La constancia y el 
heroísmo de los patriotas en Cuba siempre hacía latir su 
corazón, y para mostrarles el vivo entusiasmo que le ins- 
piraban sus hechos en todas ocasiones, y premiar el valor 
de los jefes, les remitía á menudo armas, municiones, me- 
dicinas, ropa, zapatos, banderas primorosamente bordsdas 
por ella misma, y pistolas de lujo, entre otros á los gene- 
rales Quesada, Gómez, García Iñiguez, Vicente García, 
Sanguilí, Boza, Varona, Peralta y el presidente Céspedes 
mismo. 

A lo que va dicho no se han reducido los trabajos de 
Emilia. Ya en nombre de La Liga, ya acompañada de 
algunas de sus socias más activas, arreglaba conciertos, 
rifaba prendas, celebraba ferias ó bazares, vendía bonos 
del empréstito de la república, ponía a contribución á sus 
amigos y aun á los extranjeros, todo con el fin de crear 
recursos para atender a las necesidades de sus paisanos, 
que llegaron á ser extremas en este país, sobretodo al 
principio de la revolución, sin descuidar por eso á los pa- 
triotas en los campamentos, á los cuales era urgente pro- 
veer de hilas, medicinas, ropas y avíos de costura, de que 
llegaron á carecer en absoluto en una época la más cala- 
mitosa de la revolución. 

Con motivo de la rifa de unas joyas, que por ese tiem- 
po le remitió de la Habana una señora desconocida, es- 
cribió é hizo publicar en " La América Latina " un mani- 
fiesto, invocando la ayuda de esos pueblos libres en favor 
de la heroica é inerme Cuba. Y á fin de sacar el mayor 
partido posible del negocio, por dos años consecutivos 
sostuvo una correspondencia con cuantas personas de al- 



— 27 — 

gun prestigio, juzgó ella podían ayudarla en tan patrióti- 
ca empresa. Así sus cartas á unas señoritas cubanas de 
Charleston, á Leopoldo Turla, á la señora de Zayas, y á 
otros en Nueva Orleans, á la señora Concepción Castro de 
López en Matamoros, á la señora Margarita Masa de Juá- 
rez en México, al señor Andrés Aznar y Pérez en Yuca- 
tan, á las señoras Manuela de Sousa y Paulina Salazar en 
el Salvador (Centro América), al señor Crisanto Medina 
en Guayaquil, al general Quintín Quevedo en Bolivia, al 
señor Benjamín Vicuña Mackena en Chile, al señor Pe- 
dro José Várela en Montevideo, á la señora Juana Manso 
de Noronha en Buenos Aires, y á otros varios sujetos en 
Venezuela y en el Perú, forman un grueso volumen ma- 
nuscrito. Pero es que Emilia no se limitaba en su corres- 
pondencia al asunto de la rifa, esto lo tocaba de paso, ó 
no lo tocaba absolutamente, siendo su objeto primordial 
dar á conocer la causa de su patria y solicitarle apoyo y 
simpatía en todas partes del mundo donde hubiera un co- 
razón que palpitara al nombre de libertad. En este sen- 
tido escribió al ilustre J. Garibaldi en Caprera, y al céle- 
bre Víctor Hugo en Guernesey. 

Sus numerosas cartas á los principales jefes de la revo- 
lución, sobre todo al Presidente Carlos Manuel de Céspe- 
des y al general Manuel Quesada brillan por el más acen- 
drado patriotismo, están llenas de los principios republica- 
nos más avanzados, campean en ellas la dicción correcta 
con el vigoroso estilo. Ahí además, se reflejan sus íntimos 
pensamientos y las más extremadas opiniones políticas. 
Como escribe, así habla, así discute sobre los asuntos de 
la patria, corriendo parejas, en todas circunstancias, la 
franqueza de la expresión con la impetuosa fogosidad de 
sus sentimientos de patriota y de cubana. En esta mate- 



— 28 — 

ría es exaltada, severa, intransigente, implacable con los 
que no cumplen con su deber como cubanos; ni perdona 
á sus más allegados, porque si bien todos han favorecido 
con sus recursos la revolución, pocos han ido á combatir 
en Cuba. 

¡ Contraste singular el que ofrece esta mujer extraordi- 
naria siempre que no se trata de la política ni de la pa- 
tria! Nadie entonces más suave que ella, más amable ni 
más generosa y franca. Compiten entonces en su porte, 
en sus expresiones y en su trato el chiste y el donaire, 
con la gentileza y la dignidad de sus maneras. Todo lo 
punzante y sarcástico de sus respuestas cuando se cree 
herida, cede y hace lugar á las más dulces palabras y á 
los rasgos más finos de bondad y afecto. 

De carácter naturalmente risueño y amable, su indul- 
gencia con los que le muestran cariño 6 consideración, su 
simpatía por los niños ó desvalidos y su compasión por 
los ancianos ó enfermos, no tienen medida, ni pueden com- 
pararse sino con su amor de libertad y de patria. Ni los 
asuntos políticos que han llegado á ser al fin el tema de 
sus conversaciones y la ocupación constante de su vida, 
han sido bastante poderosos para hacerla entibiarse en el 
cumplimiento de sus deberes domésticos, ni distraerse de 
las obligaciones de la familia. Para ésta siempre le han 
sobrado el tiempo, el humor y el deseo de hacerla feliz y 
de sacrificarle hasta los breves instantes de reposo que la 
permite su vida agitada. Para la familia guarda sus más 
dulces sonrisas. Las únicas fruiciones de su espíritu han 
tenido realización en el modesto hogar; porque entre las 
madres cariñosas y diligentes, lo es Emilia por extremo. 

La posesión de ciertas comodidades, y el pertenecer á 
la clase social, que generalmente hablando, no brilla por 



— 29 — 

su ternura materna, no han sido parte a impedirle que 
amamantase á sus tres hijos durante la infancia, ni á que 
les sirviese de celosa niñera y de aya inteligente hasta 
entrar en el uso de la razón. 

Puede afirmarse con entera verdad, que no ha estado 
jamás separada de su marido ni de sus hijos, sino por bre- 
ves instantes. Alguno de ellos ha de acompañarla siem- 
pre ó tenerle consigo para que su ser sea completo. A 
fines de 1867 murió su única hija, la que anunciaba en 
cuerpo y alma el vivo trasunto de la madre, y aunque so- 
lo contaba seis y medio años de edad, tan rudo le pareció 
el golpe, que sin el grande acontecimiento de la revolu- 
ción de la patria, que tuvo lugar uno después, Emilia 
pierde con ella el juicio ó la vida. 

Y cuando decimos la familia queremos comprender en 
este número á sus padres y á sus hermanos, á los cuales, 
no por vivir casi siempre separada de ellos desde que se 
casó, ya por las circunstancias de la vida, ya por sus 
opuestas opiniones políticas, quiere ella menos entraña- 
blemente. Ni cómo no quererlos, ó no quererlos tanto 
como á su marido y a sus hijos ¿ si desde que tuvo uso 
de razón hasta el momento de casarse, fué ella bajo el te- 
cho paterno la ama de llaves, la administradora de los 
cuantiosos bienes, la consejera de la familia, la verdadera 
ama de la casa, la enfermera de todos, la niñera de los 
hermanos menores, el ángel de la guarda, en una palabra, 
del hogar, el amparo de los numerosos esclavos ? 

Más arriba decimos que los asuntos políticos no le han 
robado el tiempo que debía dedicar á los quehaceres do- 
mésticos y al cuidado de la familia; es de añadirse ahora 
que aun ha tenido lugar para ocuparse de sus compatrio- 
tas de la emigración, sobre cuyas desgracias ha derrama- 



do á manos llenas los inagotables tesoros de su ardiente 
caridad, en especial desde que dejó la quinta de su padre 
en el campo y puso casa en Nueva York. En efecto, cree- 
ría cumplir á medias con lo que debe á la patria, cuando 
oyendo que paisanos suyos pasan hambre, o que una 
madre cubana carece de abrigo para sí y para sus hijos 
en el invierno, ó que un joven, mientras llega la hora de 
partir para Cuba, no tiene donde recostar la cabeza, si 
ella no le procura pan, ropas, lumbre y una ocupación con 
que proveer á la propia subsistencia y hasta un rincón en 
su casa. Sus puertas á todas horas han estado abiertas 
para aquellos que sin conocerla personalmente, sin más 
recomendación que su título de cubanos y de patriotas, 
acuden á ella en demanda de socorro, abrigo ó emplee. 
A ninguno ha dado antesala, ninguno ha tenido al menos 
razón para salir de su presencia disgustado, desanimado 
ó arrepentido de haberla visto. Sin hacer alarde de libe- 
ralismo, del mismo modo recibe al blanco que al negro, y 
al harapiento y desaseado por causa de su miseria. Aun 
con los mismos que sabe no participan de sus opiniones 
políticas, antes la murmuran y zahieren en los clubs y co- 
rrillos, no ha sido ella áspera ni dura, teniendo como ha 
tenido siempre gozo supremo, indefinible, en poder pagar 
bien por mal, un beneficio por un disfavor. (*). 

(*) Entre otros se le presentó J. R. á pedirle colocación. De este cubano le ha- 
bían dicho mil cosas. — Que él orificaba sus acciones y opinaba que debía dedicarse á 

la costura en prefere ncia á la política, etcétera Ella no le conocía 

más que de nombre y sin titubear le dijo: tengo mucho gusto en servir á Vd., tal 
vez más gusto que á ningún otro paisano, y diciendo esto le entregó una carta para 
el presídeme del tranvía de la Segunda Avenida, Mr. Smith, quien al mo- 
mento le dijo: está Vd. colocado; pero di Vd. la fianza acostumbrada. Volvió el 
Sr. R. á Emilia desesperado por no encontrar fiador por $500 que le exigían. Emi- 
lia le dijo traiga el bono y mi esposo se lo firmará. Así nos consta que hizo Emilia 
varias veces, no solo con sus paisanos, sino con otros muchos extraños. 



— 31 — 

Grande es el número y de todas partes de la isla, de las 
familias á quienes Emilia ha favorecido con sus modestos 
recursos. Ni es corto el de los jóvenes á quienes ha pro- 
visto de empleo, ya de conductores de varios tranvías > 
ora de mancebos en las boticas, ó en las tiendas de mer- 
cería, ó en las fábricas de tabacos, ó en los talleres de ma- 
quina lia, ó en las cigarrerías ú otras ocupaciones de\ 
país. Ellos en todo tiempo pueden dar testimonio de la 
verdad de estas palabras. Todavía más, merced á la in- 
fluencia de su palabra de fuego, al ardor de su piedad, en 
más de un convento y otras casas de enseñanza, donde só- 
lo se aceptan alumnos por paga, ha conseguido ella que 
le admitan gratis en calidad de pensionistas á las hijas é 
hijos de sus amigos pobres. ¿A cuántos no ha proporcio- 
nado pasaje de valde ó por la mitad de su precio en bu- 
que de vapor para Cayo Hueso, Nassau, México, Venezue- 
la, ó Santo Domingo ? 

Al derramar Emilia el bien, no pensaba en las recom- 
pensas, menos todavía en la gratitud del favorecido; lo 
ha hecho por un sentimiento natural, espontáneo, porque 
tal era la necesidad de su corazón piadoso. No ha habido 
para ella placer comparable al de enjugar las lágrimas del 
afligido, curar al enfermo, para lo cual estudió la medici- 
na; el ejercer en suma las obras de misericordia. Así ha 
solido decir, que si enviudara ó no tuviera hijos, vestiría 
el hábito de las hermanas de la caridad. La vista de un 
niño lloroso ó enfermo, la aflicción de un anciano, el do- 
lor de una madre por la pérdida de su hijo, son espectácu- 
los que siempre la han movido hasta hacerla verter lágri- 
mas. Aquellos hombres ó mujeres, ancianos ó jóvenes 
que han sido el objeto de sus favores ó benévolas distin- 
ciones y que de puro vanos ó malignos, creyeron alguna 

2 



— 32 — 

vez que ella era capaz de preferencias ó de hacer el bien 
con miras interesadas de política ó personales, sea cual- 
quiera el sentido en que se tomen estas exjDresiones, se 
han llevado solemne chasco, padecido egregia equivoca- 
ción. Emilia cumplía al pié de la letra con el proverbio 
cristiano que nos enseña á hacer el bien sin mirar á quién 
se hace. Y de esta manera se explica por qué más de 
una vez le ha sucedido corresponder fríamente á la salu- 
tación amistosa de la persona á quien poco hace ha con- 
ferido un favor de consideración, por haber olvidado su 
fisonomía y hasta su nombre. Siendo como es, franca, 
confiada é ingenua, apasionada, ha dicho á menudo que no 
conoce el temor, ni cree que nadie pudiera faltarle al res- 
peto impunemente. 

Estima la propia dignidad en más que la vida, y sin du- 
da se hubiera tenido por la mujer más infame y despre- 
ciable del mundo, si un hombre se hubiera atrevido á te- 
ner con ella la menor f amiliaridad. Porque en sus arran- 
ques de entusiasmo, de admiración ó de piedad, jamás se 
ha olvidado de sí misma hasta confundir en uno la per- 
sona y la hazaña, el galán y el patriota, el hombre y el 
héroe; y el decoro le decía que allí donde principia la 
materia, allí se oscurece y apaga la gloria. 

Natural es que la misma exaltación de sus opiniones 
políticas y la franqueza con que las ha expresado en todas 
ocasiones y lugares, le hayan concitado el desvío y aun el 
odio de los que no piensan como ella, ni se sienten capa- 
paces de su abnegación patriótica. Pero en vano sus con- 
trarios, cubanos ó españoles, la han perseguido con sus 
diatrivas y aun calumnias. A los primeros compadece, de 
¡os segundos se ríe de ganas, porque tranquila en su con- 
ciencia, sin culpa como patriota ni como mujer, fijo ade- 



— 33 — 

más su pensamiento en una idea grande, noble, deslum- 
bradora, sublime, — la independencia de su patria, se cree 
invulnerable y deja á la posteridad la justificación de sus 
palabras, de su conducta y de sus actos. Para vergüenza 
y eterna infamia de algunos paisanos suyos, no han falta- 
do entre los afiliados en el partido que ella siempre ha 
combatido, quienes hayan hecho de palabra y por la pren- 
sa insinuaciones más ó menos groseras respecto de su 
conducta pública y privada; pero aun estos tiros bastar- 
dos se han embotado en la diafanidad de su proceder, en 
la serenidad de su espíritu y en la alteza de su aspiracio- 
nes patrióticas. 

Entre los medios que adoptaron los enemigos de Emi- 
lia, con el fin de desacreditarla á los ojos de sus conciuda- 
nos, ponerla en ridículo ú obligarla á desistir de su em- 
peño — el de presentarla en caricaturas extravagantes, el 
de quemarla en efigie en Matanzas y en Cárdenas, el de 
poner su nombre á las cosas más viles y despreciables, y 
el de hacer burla de sus dichos y hechos más célebres, 
como ha venido haciendo la prensa semanal y diaria de 
Cuba española desde muy al principio de la revolución — 
han resultado contraproducentes, sirviendo sólo para dar- 
le una celebridad que ella ni buscaba ni esperaba cuando 
meramente creía cumplir con su deber. (*). 

En tal virtud, no pudo menos de causarle grande sor- 
presa al saber que el ministro de España en Washington, 
señor López Eoberts, no había tenido embarazo en re- 

(*) De un caso fuimos testigos y lo citamos con gusto, porque pinta al vivo su 
magnanimidad y nobleza de alma. Alguien le presentó un periódico de la Habana, 
en que, como suele decirse, la ponían nneva, por la bandera de Los Rifleros de la 
Libertad, que los españoles le quitaron á los expedicionarios del "Perit,"en la pe- 
nínsula del Ramón. Ella leyó con calma las injurias que la prodigaban, sonrióse y 
exclamó : — ¡ Los pobres t Eso no es más que el desfogue de su impotente ira. 



— 34 — 

dactar y hacer imprimir en el periódico de su nación en 
esta ciudad, un verdadero libelo infamatorio contra ella, 
por el cual le puso pleito de injuria y calumnia al editor. 
Llamóle la atención así mismo que el ministro que ocupó 
el puesto del anterior en 1872, el señor Polo de Bernabé, 
al llegar aquí se aprovechase de la visita del señor Casa- 
nova para rogarle hiciese separar de la política á su hija 
Emilia. 

Dotada en fin de rara inteligencia, de gran rectitud de 
principios y de eminentes cualidades morales, se ha dis- 
tinguido como esposa y madre de familia apasionada, 
fuerza de carácter y un talento fecundo en recursos, con lo 
que en las circunstancias más críticas, no se ha encontra- 
do desprevenida. Sin rencor hacia aquellos de quienes 
más ha tenido que quejarse, siempre se ha hallado dis- 
puesta á prestarles cualquier servicio, como se presentara 
la ocasión. 

Cree firmemente en el alma y en la existencia futura, no 
porque se preocupe de ello, sino porque sus pensamientos 
se concentran en la vida presente, la cual estima en mu- 
cho, sin tener miedo por eso á la muerte, ni encantos para 
ella los goces materiales, siendo como son sus costumbres 
muy sencillas y olvidándose fácilmente de aquello que no 
puede procurarse. 

Instintivamente tiene el gusto de lo bueno y de lo be- 
llo, así en el mundo físico como en el moral, y sabe en- 
contrarlo hasta en las cosas más insignificantes. Quiere 
vivir menos para sí misma que para sus hijos, porque co- 
noce que les es necesaria, y cree que nadie podrá formar- 
les el corazón como ella, lo cual en su concepto vale más 
que los conocimientos y las riquezas. Porque el deseo 
más vivo de su alma es el de verse reproducida y per pe- 



— 35 — 

tuada en sus hijos, y honrada por ellos después de su 
muerte. 

Al terminar los presentes breves apuntes biográficos, 
séanos permitido manifestar en justicia al buen nombre 
como señora y como patriota de que goza esta ilustre cu- 
bana,— que ni antes de estallar la revolución de su patria, 
ni mientras duró la cruelísima guerra, conservó ella odio 
hacia los españoles, por el mero hecho de españoles, sino 
al ente moral que abroquelado en la fuerza bruta, le ne- 
gaba toda libertad á los cubanos. 

Tan lejos estuvo de odiarlos en conjunto, que sabemos 
de buena tinta, que siempre distinguió de entre ellos á los 
pocos españoles, es cierto, que pudo tratar con alguna in- 
timidad durante su soltería y cuyas opiniones políticas, 
aunque opuestas á las suyas como exaltada patriota cuba- 
na, sabía ella eran al par que francas, sinceras. Porque, 
á su juicio, no puede ser buen español aquel que, en las 
grandes crisis sociales, acomoda sus opiniones al bien pa- 
recer de las personas con quienes trata, á quienes teme, ó 
de quienes espera medro ó favores. 

Hay más, hemos oido decir repetidas veces á dicha se- 
ñora que aparte de la política, abunda más en los espa- 
ñoles de buena educación el perfecto caballero, que en 
los hombres de las otras nacionalidades. 

Un hecho de que tenemos conocimiento personal, aca- 
bará de aclarar este punto importante. — Pocos días des- 
pués de saberse aquí la noticia de la matanza de los ex- 
pedicionarios del " Virginius," se le presentó á la señora 
de Villaverde un joven español con el objeto de pedirla 
un socorro, por hallarse endeudado y á pique de ser des- 
pedido de la pensión en que se hospedaba. 

Llena de asombro y grandemente indignada le oyó di- 



cha señora y de seguida exclamó: — ¿Es posible que Vd., 
un español acuda á mi caridad, cuando aún está caliente 
la sangre de mis amigos y paisanos, derramada á raudales 
por ustedes en Santiago de Cuba ? No es esto una burla 
cruel ? No ha pretendido Yd. insultarme en las circuns- 
tancias más aflictivas de mi vida? 

Trató de sincerarse el hombre diciendo, que no había 
tomado parte en la guerra de Cuba; que de todo corazón 
reprobaba los excesos cometidos por sus compatriotas, y 
que de ningún modo había sido su ánimo mortificar á la 
señora que gozaba fama de la más caritativa y espléndida 
entre las cubanas hoy residentes en Nueva York, la única 
de quien él podía esperar ayuda en su miseria. Y sin 
más se retiraba afligido y triste. 

Sus palabras y su acción tocaron la fibra más sensible 
del corazón de Emilia, la cual pasando de pronto de la 
ira á la piedad, dijo : No desespere Vd. En este momen- 
to no me es posible hacer nada por Yd. ni por nadie. 
Más tarde, menos angustiado mi espíritu, si Yd, no ha sa- 
lido de apuros y vuelve á mí, tal vez le sirva, como sirvo 
á todos los necesitados que se presentan á mi puerta. 

Trazamos á la carrera estas notas biográficas en vida de 
la que les sirve de asunto y cuando no ha concluido el 
papel que le ha tocado representar en el drama sangrien- 
to de su heroica patria. No será extraño, pues, que antes 
que termine la carrera pública de Emilia, nosotros mis- 
mos, ú otros con pluma mejor cortada, tengan que regis- 
trar hechos todavía más memorables y trascendentales de 
abnegación y patriotismo — que los desmayadamente na- 
rrados en las presentes páginas. 



0-A-R,T.A.S 

DE LA CORRESPONDENCIA 



DE 



EMILIA C. de VILLAVERDE. 



1869-7 6. 



OFICIO 



Señores del Comité Republicano de Cuba y Pueto itico. 

Muy señores míos y estimados compatriotas: 
Sírvanse Vds. aceptar y remitir á su destino, en prime- 
ra oportunidad, la adjunta bandera de Cuba-libre, que 
flameó primero en Cárdenas, lugar de mi nacimiento, des- 
pués en las Pozas y Frías, en Cascorro y en Manicaragua, 
y que desde el 11 de Octubre último se pasea triunfante 
por los campos de Camagüey y el extenso valle del Cauto 
en todo el departamento Oriental. La remito como una 
muestra de la admiración y entusiasmo que me inspiran 
los heroicos compatriotas que boy lucban por dar á la pa- 
tria libertad é independencia, sobre todos Carlos Manuel 
de Céspedes, que osó el primero romper la cadena de ig- 
nominia con que España nos tenía atados, y á quien hu- 
mildemente la dedica, su atenta servidora, 

E. C. DE VlLLAVERDE. 



Nueva York, Enero 1? de 1869. 



— 40 



CIRCULAR 



Se espera de su patriotismo que concurrirá el sábado 6 
del comente, de una á dos de la tarde, á la sala número 3 
del hotel Saint Julien, en Washington Place, para cele- 
brar junta. 

Sírvase Y. llevar lista de los nombres de las personas 
de su amistad á quienes se propone enviar circular. 

Dios guarde á Vd. muchos años, Nueva York, Febrero 
5 de 1869. 

E. C. DE VlLLAVERDE. 

Secretaria. 



— 41 — 

OFICIO. 

Señoras Zayas de Castellanos, Castellanos de Castellanos, 
y Monte jo de Shernian. 

Señoras : 

Después de meditar detenidamente sobre lo que pasó 
en la última junta que celebramos y la oposición sistemá- 
tica y tenaz que Vds. hicieron á mi proposición de ven- 
derse los billetes de entrada del concierto a cinco pesos 
uno, cuando Yds. querían que fuese á peso, y si consin- 
tieron al fin, fué poniéndome la durísima condición de 
responder personalmente del producido de mil billetes; 
no creyendo en Vds. derecho de imponerme tal condición 
y temiendo nuevos y mayores desacuerdos, — he resuelto 
depararme de Yds., sin abandonar por eso el proyecto del 
concierto que inicié; mayormente cuando lo tengo todo 
arreglado y adelantados los gastos de mi bolsillo. 

Recuerden Vds. que las dos únicas razones que alega- 
ron para sostenerse en el precio de un peso para los bille- 
tes de entrada, fueron, — la una, que de otro modo los cu_ 
baños pobres no podrían asistir al concierto; la otra, que 
se oponían porque no habían de aprobar Vds. todo lo que 
yo propusiese. 

Es claro, que yo no daba el concierto para divertir á los 
que no podían dar más de un peso para la patria, ni debía 
esperar buen resultado de nnestros esfuerzos, si se me ha- 
cía oposición tan apasionada. 

Siento separarme de tan amables amigas; pero las exi- 
gencias de la patria me imponen este deber. Soy, pues, 
de Vds., con toda consideración, atenta servidora y pai- 
sana, E. C. DE VlLLAVERDE. 

Nueva York, Febrero 20 de 1869. 



42 



C. José Morales Lémus: 

El comité de la sociedad Liga de las Hijas de Cuba, in- 
formado de que Vd. ha sido autorizado por el jefe de los 
patriotas, Carlos Manuel de Céspedes, como su represen- 
tante en este país, — tiene la honra de dirigirse á Vd. ma- 
nifestándole que, comprendiendo la urgencia de levantar 
fondos para proveer á las necesidades de los hospitales de 
los ejércitos que combaten por la libertad é independen- 
cia de la patria, varias señoras se asociaron con ese santo 
objeto á la mira; y desde el 6 de febrero próximo pasado 
se constituyeron en una sociedad formal y bajo un regla- 
mento escrito, después de la elección de empleadas que 
desempeñasen los cargos de toda corporación pública. 

Desde luego acordaron celebrar un gran concierto, co- 
mo el medio más expedito de levantar fondos. En efecto, 
dicho concierto se celebró bajo los auspicios del Comité el 
9 de Marzo, con el mejor éxito, pues deducidos los gastos, 
que fueron cuantiosos, dejó un producto líquido de 
$3,288.47, que se depositaron en el banco del Comité. 
Llenando éste el objeto de su misión, tiene el honor de 
poner á la disposición de Vd., como representante del go- 
bierno libre de Cuba $2,000, para que sean invertidos en 
medicinas, vendajes, hilas y lo demás que pueda servir de 
alivio á los enfermos y heridos del ejército libertador de 
Cuba, se sirva Vd. remitirlos en primera oportunidad. 

E. C. DE VlLLAVERDE. 

Secretaria. 
Marzo, 1869. 



— 43 — 



OFICIO 

C. José Morales Lémus: 

Informada que en breve debe partir para Cuba una 
nueva expedición conduciendo armas y municiones de 
guerra á nuestros bravos compatriotas y que el C. Domin- 
go Goicouría es caudillo de ella, acompañándole una com- 
pañía de patriotas cubanos bajo la denominación de " Ca- 
zadores de Hatuey," sírvase aceptar como pequeña ofren- 
da de mi patriotismo, la bandera que le remito y presen- 
tarla en mi nombre á dicho jefe, á fin de que éste lo haga 
á los jóvenes que han de enarbolarla en los campos de la 
patria. 

Aun cuando dudo que los españoles arrebataron á los 
"Rifleros de la Libertad," (*) la bandera que tuve el honor 
de presentarles en Abril último, espero que los "Cazadores 
de Hatuey," sabrán defender hasta la muerte, si es preci- 
so, la que ahora les presento y que la pasearán triunfante 
de un extremo á otro de la redimida Cuba. 

Nueva York, Junio 15 de 1869. 



(*) La primera de estas banderas se halla en la Maestranza de Artillería de la Ha- 
bana; la segunda desapareció en el saqueo de los pertrechos del vapor " Lilian " en 
Nassau. 



— 44 — 



Señor desconocido: 

Habana. 

Acabo de recibir su apreciable del 10 que me ha sor- 
prendido agradablemente. Pero los elogios de Yd. no 
han podido menos de confundirme, porque hasta ahora 
solo creía que cumplía con mi deber cuando ayudaba á 
la causa de la patria del modo que me es dado servirla 
desde aquí, como mujer y con familia. Me complace, sin 
embargo, mucho la idea de que mis esfuerzos no son los 
únicos entre las de mi sexo, y además que Vd. sabiendo 
el riesgo que corre, se atreve á escribirme esa carta que 
pudo pasar por mano de los espías del gobierno. El ejem- 
plo de Vd. me da aliento y es probable que inspire á 
otros. 

Por lo que toca á lo que dicen de mí los periódicos de 
esa ciudad no crea Yd. que me hace mella; mi patriotis- 
mo es superior á esa miseria. Lejos de mortificarme sus 
dicharachos é indecencias, me dan ganas de reír, porque 
se conoce que les rebosa la ira cada vez que yo hago algo 
en favor de la patria. Los brutos no saben más que dar 
patadas, y yo las esperaba de ellos cuando me metí en la 
política. 

La tira de papel junto con su carta los enviaré á los re- 
dactores de "La Revolución," y si se publica le mandaré 
á Yd. el pedazo. No pretenda Yd. que yo le envíe el pe- 
riódico, Yd. no adelantaría mucho y se expondría grande- 
mente y los hombres como Yd. parece serlo, deben con- 
servarse para las ocasiones decisivas. 

Respecto á las noticias de lo que pasa aquí, que Vd. me 



— 45 — 

pide, bastará que le diga que se trabaja con bastante ac- 
tividad para enviar recursos á los patriotas, que la oposi- 
ción del gobierno americano á las expediciones no impe- 
dirá su salida, que acaba de llegar de Buenos Aires 
el patriota J. M. M. y tiene actualmente grandes 
proyectos entre manos, que es muy probable salgan dos 
corsarios de aquí al 15 de Agosto, que hay muchas y fun- 
das esperanzas de que el Perú ceda sus dos monitores á 
Céspedes, y que á principios de Setiembre un poderoso 
ejército patriota entre en el departamento occidental y 
ponga en conmoción esa parte de la isla que hasta ahora 
ha repelido la revolución. 

No desmayar, valor y fe en el porvenir, que de esta vez 
es seguro que nuestra hermosa patria se verá libre del 
odioso yugo español. Dios quiera que yo viva para ver 
este glorioso día bajo las palmas de Cuba libre ó indepen-. 
diente ! 

No dé Yd. importancia ninguna á la prisión de algunos 
individuos de la Junta, como salió Goicouría, á quien ab- 
solvieron y soltaron el día 6, así absolverán á los demás 
que están sueltos bajo fianza. Todo esto aquí no pasa de 
ser una farsa. 

El 4 del actual hubo una gran procesión compuesta en 
su mayor parte de los expedicionarios detenidos, los cua- 
les pasearon la bandera nuestra al son de música, dando 
vivas á Cuba en todas partes donde vivían cubanos y las 
oficinas de los periódicos que más favorecen la causa de 
la independencia y libertad. 

Agradeciendo como debo la atención de Vd., me suscri- 
bo, atenta servidora, q. b. s. m., 

E. C. DE VlLLAVEKDE. 

Nueva York, Julio 14 de 1869. 



— 46 — 



Al mismo: 

Habana. 

Es en mi poder su grata del 24 próximo pasado. Con 
objeto de no extender demasiado esta contestación, solo 
me ocuparé de los puntos que pueden ofrecer algún inte- 
rés á V. Su primera carta no ha podido publicarse por- 
que el director del periódico, ha creído que es muy per- 
sonal. Por lo que á mí toca, pierda Yd. cuidado. 

Doy á Vd. las gracias por los recortes de periódicos de 
esa que me envía, y siento que no le hubiese ocurrido 
mandarme al mismo tiempo todos los que se refieren al 
Sr. J. M. M., del cual acabo de saber se ha ocupado mu- 
cho la prensa de la Habana 

pues que la Junta Cubana entretenida con el proyecto 
de la negociación de la isla ha aflojado la mano y todo lo 
espera de la administración. Es cierto que están muy 
adelantadas las negociaciones; pero muchos amigos míos 
temen que el gobierno español dé oídos á las proposiciones 
del americano, solo con el fin de ganar tiempo y ver si en- 
tretanto, haciendo un esfuerzo poderoso, logra ahogar la 
revolución. 

Sin embargo, la administración acaba de adoptar una 
medida salvadora. A queja del ministro del Perú ha em- 
bargado los 30 cañoneros que el gobierno español construía 
en este país y que estaba á punto de sacar para poner un 
cordón de hierro en torno de la isla é impedir el desem- 
barco de expediciones. Se dice hoy que es probable que 
el gobierno español dé fianza y saque los cañoneros de 
vapor; pero se abriga la esperanza de que antes el gobier. 



— 47 — 

no americano conceda á los cubanos derechos de belige- 
rantes, en cuyo caso la fianza será inútil Esta no es más 
que una esperanza. Con todo, no se desanime Vd., mi ca- 
ro amigo, porque por fortuna los carlistas se revuelven 
en España, el clima y las enfermedades diezman las tro- 
pas en la isla, y los patriotas están resueltos á vencer ó 
morir. Fuera de la Junta, además de eso, se trabaja ac- 
tivamente para enviar recursos á los que no se preocupan 
de las negociaciones sino de pelear, 

Sobre las expediciones no crea Vd. que ha desembar- 
cado ninguna en esa isla, después de la del " Peritt " y 
" Grapeshot," al menos de aquí no ha salido ninguna. 

Excuse Vd. mandarme el cuadro de Landaluze. Pre- 
sumo lo que es y no merece darle los 60 cts. que cuesta. 

¿ Cree Vd. que podrían venderse ahí billetes para la ri- . 
f a del cuadro alegórico de la revolución cubana y para la 
de una magnífica cruz de brillantes, que se me ha remiti- 
do de esa para levantar fondos ? Aquí se agotan los re- 
cursos entre los cubanos y los americanos no son hombres 
que favorecen semejantes empresas. En caso que Vd. 
pueda conseguir vender algunas suertes, por cada peso 
que Vd. me remita yo le enviaré un número y conservaré 
la papeleta por si saliese premiado guardar la prenda al 
que le toque. De esta manera el riesgo será menor. 

Al recibir su primera carta, no dejaron de asaltarme 
mis dudas respecto al carácter con que se presentaba su 
autor, y por eso verá Vd. que solo me referí en mi contes- 
tación á las noticias del todo favorables á nuestros com- 
patriotas. Hoy, con más seguridad, entro en otros por- 
menores. Pero si he de hablar á Vd. claro, hasta que no 
le vea dar prueba mayor de patriotismo, por ejemplo, el 
envió de fondos, no estaré tranquila, porque aqi>í lo mis- 



— 48 — 

mo que allá, los patriotas tienen campo donde mostrar su 
patliotismo. ¿ Cree Vd., que si yo estuviera allá no haría 
lo mismo, poco más ó menos, que hago aquí ? Díganlo si 
no mis amigos del tiempo de López. 

No tema Vd. que me moleste esta correspondencia, le- 
jos de ello, me complace, porque si me fuera dado, yo es- 
taría en todas partes, para animar á los desanimados é 
inspirar valor y patriotismo á los tímidos ó los tibios. 

E. C. de V. 



Nueva York, Agosto 4 de 1869. 



49 — 



Mi querida amiga, 

Habana. 

Kecibí á tiempo la suya del 14 

Su recomendado cayó enfermo á pocos días de su lle- 
gada aquí, y aunque no de peligro, creo que por esto no 
le lia escrito. El está mejor, esperando la hora de la par- 
tida. Yo le lie socorrido varias veces en su enfermedad 
con dinero, ropa y medicinas. Está acuartelado algo dis- 
tante de aquí con unos 300 compañeros. 

Celebro la idea de Vd. de tirar muchas papeletas para 

la rifa Mis amigas y demás aquí son de opinión 

que la cruz se rife con otras prendas para formar un buen 
lote y sacar mayor provecho. Como verá por el manifies- 
to de la " Liga de las Hijas de Cuba," de que soy se- 
cretaria, cuando Yd. me indicó que enviase papeletas á 
la señora de Juárez, ya le habíamos escrito y á muchas 
otras señoras distinguidas de Sur América. Como en esas 
repúblicas no corre la misma moneda que en Cuba, en 
vez de los dos pesos un real que Vd. dice para las papele- 
tas, hemos señalado dos duros. 

Estamos agitando esto, pues por falta de una pequeña 
cantidad no está García ya en ese suelo, y Vd. sabe que 
el enfermo requiere pronto auxilio para sanar. Tanto he- 
mos contribuido los que estamos en el destierro que ya 
se dificulta mucho el medio de levantar fondos por sus- 
cripciones. Así sería muy conveniente que Vd. probara 
ahí el recurso de las suscripciones; con un poco que die- 
ran muchas se reuniría una gran suma. Por lo visto Vd. 
es capaz de grandes sacrificios, pues sé que Vd. ha hecho 



-—50 — 

una promesa de valor; pero debo decirle que aquella que 
ha presentado tan valiosa ofrenda en las aras de Dios de- 
be por lo menos igual ofrenda á la patria ahora que se 
encuentra en críticas circunstancias y no dudo que si Vd. 
encabeza una lista de suscripción hallará muchas que la 
secunden. Le digo esto porque la cosa urge y las rifas 
son dilatorias. Dinero, dinero y dinero es la salvación. 

Los versos los he dado para su publicación. Dios le dé 
valor y constancia para servir á la patria y vida para ver- 
la libre y dichosa. 

Adiós! suya, 

LOLITA. 



Nueva York, Agosto 29 de 1869. 



— 51 



Apreciable señor: 

Ojos que te vieron ir, paloma torcaza ! Digo esto por- 
que desde Agosto guarda Vd. conmigo un silencio omino- 
so. Qué es eso? Se ha arrepentido Vd., ó teme la con- 
tinuación de nuestra correspondencia ? Hoy hace cuatro 
semanas que escribí á Vd. recordándole su compromiso y 
sus ofertas y nada ha contestado. Esta será mi última 
para Vd., pues sería petulancia continuar una correspon- 
dencia sin resultado. No es Vd. quien yo presumía, ó lo 
es en efecto y de todos modos inútil que le moleste por 
más tiempo. 

Sin embargo, por sí ó por nó, debo comunicarle que no 
es tan bravo el león como lo pintan. Sé por los periódi- 
cos, que Vds. (los cubanos), están cabizbajos por la soltura 
de los cañoneros. Mucho daño nos harán; pero no está 
perdido todo. Convencido al fin Lémus de que no hay 
que esperar del gobierno americano, se ha arrimado á un 
lado, dando lugar á que los patriotas de temple se presen- 
ten al frente y tomen por sí la causa de la patria. Mis es- 
peranzas han revivido, no se entreguen Vds. al dolor ni 
á la desesperación, " que todavía hay patria, Beremundo." 
Esta vez el golpe será certero. 

Ánimo, pues, que por lo que á mí toca, ahora más que 
nunca espero ver el sol de la libertad alzarse radiante tras 
los palmares de mi querida Cuba. 

Soy con toda consideración, 



E. C. de V. 



Mott Haven, Diciembre 15 de 1869. 



52 



Excelentísimo señor capitán general (del departamento 
Occidental) de la isla de Cuba, D. Domingo Dulce. 

Habana. 

Dícenme que por solo ser hermano mío el joven D. 
Kafael Casanova, negó V. E., después de concedido, el 
permiso para trasladarle del hospital militar á una casa 
privada donde se curase de las viruelas y le asistiese al- 
guno de su familia. La especie, por cruel, me parece in- 
creíble. Y me parece increíble, j)orque no sé que tenga 
nada que ver mi hermano con lo que yo haga 6 deshaga 
á tantas leguas de distancia. Me parece increíble, j)orque 
no veo que la nación y el gobierno esjoañol tengan nece- 
sidad de revivir el espíritu y la letra de las leyes de Par- 
tida para dominar hoy en América. 

¿ Se fundan en esto la persecución y el atropello de que 
es objeto mi señor padre, anciano, enfermizo, moderado y 
ageno por hábito é ideas á la agitación de la política ? O 
es que, como ya se afirma generalmente, el sistema de 
venganzas que sigue ahí V. E., se lo inspira, mejor dicho, 
se lo impone á V. E. el paisanaje peninsular armado ? 

De todos modos, la juventud de mi hermano y los an- 
tecedentes de mi señor padre, los ponen á cubierto de to- 
da imputación de delito. * 

Sírvase V. E. reparar que yo soy casada hace más de 
doce años con un enemigo declarado del gobierno de V. 
E., y que en todo ese tiempo no he dependido de mi se- 
ñor padre, ni han tenido nada de común nuestras opinio- 
nes políticas. Estoy segura que él no ha delinquido con- 



— 53 — 

tra el gobierno de V. E., y de que nadie que ie conozca 
le creerá culpable aun cuando lo condenen los tribunales. 
Yo, por el contrario, no oculto que detesto ese gobierno y 
que liaré cuanto esté en mi mano por ayudar á derrocarle. 

Así pues, por la propia reputación de V. E., por la hon- 
ra y dignidad de la nación que representa en Cuba, me 
prometo que no dará al mundo el escándalo de castigar 
en el padre y el hermano los actos de la hija y hermana. 

Soy con toda consideración de V. E., atenta servidora, 



E. C. DE VlLLAVERDE. 



Nueva York, Abril 22 de 1869. 



Excelentísimo señor Capitán General del departamento 
Occidental de la isla de Cuba. 

Habana. 

Aunque no es usual en las cubanas dirigirse de este 
modo á los capitanes generales, como hace tiempo me 
emancipé de la tutela colonial, creo ejercer el derecho de 
toda persona libre, con mayoría de razón que terígo que 
quejarme de vasallos inmediatos de V. E. 

A riesgo de distraerle de asuntos más graves y acaso 
de que mire mis quejas con la indiferencia que se acos- 
tumbra ahí, debo hacer presente á V. E., por si no ha pa- 
rado en ello la atención, que ya pasa de escandalosa y to- 
ca en procaz la conducta de la prensa de la Habana con 
las señoras cubanas, especialmente con la que ahora diri- 
ge á V. E. estas líneas. No porque yo me preocupe, ni 



— 54 — 

tenga tan poco gusto que pierda el tiempo en leer unos 
diarios consagrados á la defensa del despotismo más bru- 
tal sobre la tierra, sino porque alguno de los redactores 
ha tenido la avilantez de remitirme su periódico, he podi- 
do averiguar algo de lo que la prensa española vomita 
contra mí y demás paisanas. 

Harto se conoce que no son criollos, paisanos míos, los 
que escriben y publican tales indecencias en las barbas 
de V. E. Ellos tienen en Cuba sus madres, hermanas 
y esposas, y temerían que cayesen en sus manos y que le- 
yéndolas se cubrieran de rubor. ¿ Cómo sucede que en 
un pais donde no hay libertad de imprenta la prensa ul- 
traje el pudor de la mujer con las chocarrerías groseras y 
las alusiones indecentes, de que están llenos, según me 
dicen, un día con otro, vuestros " Juan Palomo " y "Mo- 
ros Muza? " Los autores de tales escritos notoriamente 
son literatos españoles, paisanos y vasallos de V. E., ex- 
presión legítima del espíritu de la política española en 
Cuba, ejecutores fieles de los preceptos de su gobierno, 
defensores apasionados de la dominación española, instru- 
mentos dóciles de la autoridad constituida en la Habana, 
sujetos en todo á la voluntad y aun al capricho de V. E. 
Es claro, por tanto, que si V. E. no autoriza los abusos y 
desmañes de la prensa de la Habana, los tolera al menos, 
quizás porque cree ese medio muy eficaz de dominar en 
América. De otro modo yo no concibo lo que pasa ahí, 
ahora precisamente después que V. E. prometió gobernar 
la isla con moralidad y justicia. 

Pero no debería sorprenderme de nada de esto, porque 
no de otra manera se han portado desde Diego Velazquez 
acá los capitanes generales que ha visto mi desgraciada 
patria: todos han prometido gobernarla como jueces, y la 



— 55 — 

han oprimido como soldados. Aunque el gobierno espa- 
ñol no nos hubiera dado otros motivos de agravio, los ata- 
ques indecorosos y brutales de la prensa peninsular en 
Cuba, bastarían á justificar ante el mundo la gloriosa re- 
volución que pone á prueba hoy todo el poder de España. 
En vano pretendereis pasar por cultos y civilizados, — ahí 
está vuestra prensa diaria y periódica con sus cuotidianas 
desvergüenzas para desmentiros á boca llena. No parece 
sino que acostumbrados vosotros á tener Mesalinas por 
íeinas, nos medís á todas nosotras con el mismo rasero y 
no esperáis pudor aun en vuestras propias madres, her- 
manas y esposas. Por lo menos, no aparece que los es- 
critores temen ofender la modestia de las de V. E., ó la 
decencia pública. Pero mucho recelo que esta es la ex- 
presión exacta del espíritu que anima al pueblo peninsu- 
lar armado en Cuba, y que V. E. en vez de mandarle y 
regirle, obedece instintivamente á sus impulsos brutales. 
De cualquier modo, es evidente, que si por esta manera 
de hacer la guerra en Cuba, resultare culpa ó mancha 
contra la nación española, sobre V. E., como representan- 
te en ella, recaerá todo el peso de la infamia. 

Tal vez parezca duro este lenguaje en boca de una mu- 
jer; pero es el que le dicta la indignación que experimen- 
ta al ver que se proclama que es moral y justo en Cuba el 
gobierno español, cuando las autoridades que son para to- 
do omnipotentes, no lo sean ni poco ni mucho para repri- 
mir los abusos de la prensa. Pero si por estos medios se 
proponen V. E. y sus instrumentos desprestigiarnos á los 
ojos del mundo civilizado, es preciso que yo diga á V. E. 
lo que esperaba que ya hubiera comprobado tiempo hace, 
esto es, que nuestra resolución de sacudir el yugo euro- 
peo y alcanzar la independencia, es muy superior á los 



— 56 — 

insultos y vejámenes y á las atrocidades que para conte- 
nerla pueda inventar el genio maléfico del déspota espa- 
ñol. 

Por lo que á mí toca no crea V. E. que me hacen mella 
los ataques de su prensa. Mis paisanos me conocen bien 
y esto me basta: yo seguiré mi camino, despreciaré la ba- 
jeza de alma de mis enemigos, lamentaré la suerte de mis 
paisanas, aun condenadas á sufrirla y haré cuanto esté en 
mi mano por ayudar á destruir un gobierno que es la mal- 
dición de mi patria y la deshonra del mundo civilizado. 
Cuando haya caído, cuando no queden ni huellas de tan 
ominosa dominación, si me durare la vida, iré á mi patria 
para gozarme en su desaparición de la América. Así 
pienso yo, y así, gracias á la divina Providencia, piensa la 
mayoría inmensa de mis paisanos. 

Soy pues, con toda consideración, 



E. C. de V. 



Nueva York, Diciembre 28 de 1869. 



Ciudadano general en jefe del ejército libertador de Cu- 
ba, Manuel Quesada. 
General: 

Como una débil muestra del entusiasmo que siento al 
contemplar los grandes sacrificios que viene haciendo de 
trece meses á esta j>arte una buena porción de mis con- 
ciudadanos, en sus heroicos esfuerzos por redimir la pa- 
tria, y particularmente la obra de Yd., que sin recursos 



— 57 — 

casi, ha creado un ejército, donde antes solo había parti- 
das descuadernadas de patriotas, en armas contra el des- 
potismo español, — me tomo la libertad de presentar á Vd. 
general, la bandera de seda que me prometo entregue á 
Vd. el C. portador de esta carta. 

Yo bien sé que este regalo no es ni con mucho la re- 
compensa de tanto valor, abnegación y constancia, como 
la que Vds. han desplegado en una lucha no menos des- 
igual que atroz. Sin embargo, al mismo tiempo que re- 
conozco de esta manera los servicios que Yd. ya ha pres- 
tado á la patria, deseo brindarle la ocasión de premiar 
con la bandera aquel de sus batallones que más se distin- 
ga en algún hecho de guerra, con tal que sea del arma 
que expresa el letrero bordado. Porque no dudo un pun- 
to, que siendo unos de los mejores ginetes de la isla aque- 
llos que nacieron en el Camagüey y que por la mayor par- 
te están á las órdenes de Vd., no tardará en crear un ba- 
tallón de lanceros, que no podrá menos de repetir en las 
sabanas de Cuba, las mismas maravillosas hazañas que 
atribuye la historia á los llaneros del inmortal Paez en los 
llanos de Venezuela. 

Puede Vd. creer que en vez de enviarla quisiera ser la 
portadora de esta bandera. Con eso la presentaría con 
mis propias manos, sería testigo del entusiasmo que sin 
duda demostrarán los guerreros á quienes Vd. se la enco- 
miende, concurriría á las funciones de armas en que esos 
bravos la desplegasen al viento y viviría cien vidas al ver- 
la flotar triunfante sobre los cadáveres sangrientos de los 
enemigos de mi patria. Pero ya que no me es dada tan- 
ta gloria, segura de que Vds. la defenderán hasta la muer- 
te, como defendieron los bayameses la que tuve el ho- 
nor de dedicarle á nuestro ciudadano Presidente Carlos 



-58 — 

Manuel de Céspedes, desde aquí seguiré en imaginación 
la carrera de sus triunfos. 

Sea Vd., pues, general, el intérprete con sus heroicos 
compañeros de armas, de los sentimientos de admiración 
y aprecio que me inspiran, y al confiarles mi bandera, re- 
cuérdeles, que nosotras las que no podemos tomar parte 
activa en la lucha de vida ó muerte empeñada, fiamos á 
sus fuertes brazos y corazones de bronce, el éxito feliz y 
glorioso de la presente guerra por independencia. 

Salude Yd. en mi nombre, general, á las intrépidas y 
constantes conciudadanas que tienen la dicha de compar- 
tir con Yds. las penalidades, los trabajos y los peligros de 
la guerra. Euego al Altísimo les conserve la vida, para 
bien de sus amigos y gloria de la patria. 

E. C. DE V. 

Mott Haven, Enero 25 de 1870. 



Señor general José Garibaldi. 

Caprera. 
Muy señor mío: 

No debe Vd. extrañar que una persona que le es abso- 
lutamente desconocida le dirija á Vd. estas líneas. Es 
Vd. ciudadano del Orbe, amigo de todos los pueblos ilus- 
trados, campeón de la libertad, y estos títulos me dan de- 
recho para ello. 

Desde que estalló la revolución de mi patria, en Octu- 
bre del año 1868, vengo observando la prensa europea por 



— 59 — 

si encontraba una palabra siquiera de aliento en favor de 
los cubanos del heroico Garibaldi, que jamás y en ningún 
caso ha negado su espada, ni apoyo ó influencia de su 
gran nombre, á ninguno de los pueblos que han luchado 
por su libertad. 

Pero después de algunas reflexiones me he convencido 
que la causa del silencio de Garibaldi, es porque no cono- 
ce la cuestión cubana ni sabe el alcance de sus aspiracio- 
nes políticas. Nosotros principiamos la revolución dando 
libertad á nuestros propios esclavos, armándolos é incor- 
porándolos en las filas patrióticas, y por esto poco, com- 
prenderá Vd. que nuestro propósito es de libertad univer- 
sal, digno de la consideración de todos los hombres libres. 
Con el lema de abolición de la esclavitud, libertad é inde- 
pendencia, hemos conmovido toda la población criolla, 
y á estas horas, apesar de los grandes inconvenientes con 
que hemos tropezado, ya los patriotas dominan las dos 
terceras partes de la isla 

De otra manera yo no me explico por qué hasta ahora 
los caudillos de la libertad de Europa callan respecto de 
nosotros, al paso que aplaudieron á los candiotas apenas 
se alzaron contra los turcos, y á los españoles no bien 
triunfó la revolución militar que derribó de su trono á 
Isabel de Borbón: aunque en aquel caso no se sabía el 
objeto final del alzamiento, y en éste todo ha venido á pa- 
rar en la sustitución de un despotismo por otro. 

Al cabo de más de un año de guerra de independencia 
contra los españoles de hoy, que no han variado de los 
españoles de principios de este siglo, he esperado impa- 
cientemente, con tanta más impaciencia, cuanto que soy 
mujer, esa palabra de aprobación y conhorte, al menos de 
boca del inmortal Garibaldi. 



— 60 — 

Soy secretaría de la sociedad " Liga de las Hijas de 
Cuba," creada para levantar fondos y socorrer al ejército 
patriota, y ella me ha facultado para escribir á Vd., no 
con el fin de pedirle socorro pecuniario, pues por una par- 
te no creemos que Vd. sea rico, y por otra estamos per- 
suadidas que la palabra escrita suya, aprobando el gran 
movimiento radical cubano, como esperamos que lo aprue- 
be ahora que lo conoce, equivaldría á un verdadero capi- 
tal para nosotras. 

Concédanos, pues la gloria, ilustre Garibaldi, de ser el 
conducto por donde llegue su voz al oído de los bravos 
cubanos, que casi inerme y absolutamente solos, luchan 
hoy y llevan camino de triunfar contra el despotismo es- 
pañol en Cuba. 

No queriendo distraer su atención por más tiempo, ten- 
go el honor de suscribirme con la más alta consideración, 
de Yd. atenta admiradora. 

E. C. DE VlLLAVEKDE. 

Mott Haven, Enero 3 de 1869. 



Señora Emilia C. de Yillaverde. 
Mi querida señora: 
Con toda mi alma he estado con Vds. desde el princi- 
pio de su gloriosa revolución. 

No es solo la España quien pelea por libertad en casa, 
y quiere esclavizar á los demás pueblos fuera. Pero yo 
estaré toda la vida con los oprimidos, sean reyes ó nacio- 
nes los opresores. 

De Vd. afectísimo, 

G. Garibaldi. 
Caprera, Enero 31 de 1870. 



— 61 — 



Mi querida Lolita: 

Habana. 

Qué es lo que pasa ? Por qué ese silencio tan profun- 
do? Acaso ha creído V. las voces que se levantan en la 
Habana ? Me han dicho que esos periódicos me desacre- 
ditan, por cuyo motivo he escrito al mismo capitán gene- 
ral, asegurándole que de ningún modo dejaré de trabajar 
hasta derribar su gobierno, y que así es inútil que me 
roan el zancajo por más tiempo. Yo me río de sus ladri- 
dos; estando como siempre resuelta á no cesar la obra 
con la constancia de que soy capaz, hasta ver que no que- 
da un gachupín ó gorrión en la isla. 

Ayer llevé á dibujar la bandera del batallón de la 
" Cruz," y pronto la presentaré á los nobles y entusiastas 
patriotas que la llevarán y colocarán en el Morro, después 
de haber triunfado con ella en todas partes. En campo 
azul van los retratos de López y Céspedes, entregándole 
el primero al segundo la bandera de Cuba libre, y en las 
listas de ésta una cruz roja. Eecuerdo sus palabras al 
suplicarme que hiciese todo lo que hago : — " El batallón 
se llamará de la Cruz y éste será el vencedor." Me pro- 
meto que sí y espero verlo. Si puedo agregarle á la ex- 
pedición de M., lo haré, y tal vez yo vaya con ellos. Sabe 
Vd. cómo al desplegar mi bandera y atacar al machete 
los patriotas, al mando de Modesto Diaz en Bayamo, ca- 
yó al suelo la bandera española ? Esto es positivo. 

Pero, vienen las prendas que Vd. ofreció ? Por qué no 
me escribe ? Qué teme ? Su nombre nadie me lo arran- 



— 62 — 

cara, mucho menos lo que Vd. haga. Debe Vd. reposar 
completa confianza en mi discreción. 

Tengo noticias magníficas de México y de Sur América. 
Todo va bien, bien, mejor de lo que yo esperaba. Qué 
dice Lolita ? Dónde están sus prendas ? Se han desa- 
nimado las bellas hijas de mi querida Cuba ? Lo dudo, 
ni creo que influyan en ellas las pataratas del gobierno y 
sus paniaguados. Aquí hay más animación que nunca; 
sí, que nunca. 

Tan larga es mi correspondencia que me falta el tiem- 
po. Adiós! amiga mía y compañera. Adiós! y escríbale 
á su amiga, 

Fany Kinsey. 
Mott Haven, Enero 5 de 1870. 



LOS NIÑOS DEL CORO DE SAN BERNARDO. 

En el mes de Enero de 1870 supe que unos niños de la 
iglesia de San Bernardo en Nueva York, habían efectua- 
do una representación á favor de los fondos de ella. Esto 
me inspiró el deseo de ver á las señoras que los habían 
ensayado, es decir, á la principal, Mrs. Keeler, por si in- 
ducía a los tales niños á representar en favor de los fon- 
dos de la causa de mi patria. Esa señora me presentó al 
cura, el cual después de pensarlo mucho, me contestó que 
no debía mezclarse en los negocios políticos, pues supo- 
nía que yo quería el producto de la función para socorro 
de los heridos patriotas. 

Pero yo le repuse que tal no era mi propósito, pues me 



— 63 — 

proponía levantar recursos para socorrer á muchos paisa- 
nos míos que se hallaban en la mayor pobreza y aun en la 
miseria en la ciudad de Nueva York. Prometí correr 
con todos los gastos, y accedió al fin á mis ruegos. 

Vio él á todos los padres de los niños, los cuales acce- 
dieron sin escrúpulo alguno y ofrecieron costearse todo 
lo necesario. Visto que se facilitaba esto, que era lo más 
esencial, puse en juego todos los resortes. Después de 
correr por tres días y no encontrar un salón de valde, fui 
á ver á Mr. Cooper, y aunque se negó á dar el suyo gra- 
tis, por tenerlo contratado, ofreció cinco pesos para ayuda 
del alquiler. 

Tomado, ó mejor dicho asegurado el salón, procedí á la 
impresión de carteles, billetes, etc. Pasé muchos disgus- 
tos; pocos fueron los cubanos que me compraron billetes; 
el que menos me decía que para qué habían venido esos 
pobres á este país; que por qué no fueron á México; no 
pocos me decían que su dinero era para la guerra y no 
para los pobres, etc. Pasé malos ratos sin cuento, mil 
vergüenzas pidiendo favores, di infinitos pasos, me fati- 
gué y trabajé sin descanso, casi siempre sola y algunas 
acompañada por Mrs. Keeler. 

Esta señora me sugirió la idea de levantar una sus- 
crición entre los americanos, con tal que Aldama y otros 
de la Junta autorizasen la lista con su nombre. Ella me 
acompañó á las oficinas de la agencia, en el 71 Broadway, 
y allí hablé con J. M. Mestre, á quien manifesté que ex- 
trañaban los americanos que los cubanos ricos no favore- 
ciesen á sus paisanos pobres, y que estaba segura contri- 
buirían desde luego que viesen el nombre de Aldama ó 
el suyo con una cantidad nominal en la lista de suscri- 
ción. Mestre, estrechado por mí evadió cuanto pudo la 



— 64 — 

cuestión para no negarse abiertamente, y yo al fin abu- 
rrida me alejó sin conseguir el objeto de mi visita á las 
oficinas de la Junta. 

Pero al cabo de tantos sinsabores y pasos, tuve el gusto 
de que se celebrara la función, habiendo obtenido de 
valde la formación del escenario con telones, bastidores, 
bambalinas y adornos de flores y banderas, el piano, la 
luz calcio de una de las escenas, los anuncios en cinco dia- 
rios. Pagué únicamente por el salón $75, por la impre- 
sión de billetes y carteles, y por el anuncio en el Herald. 
La orquesta hubo que pagarla también por no haber avi- 
sado a tiempo á los niños del instituto de Lassale. 



Señor director de " La Kevolución." 
Muy señor mío: 

En cumplimiento de la oferta que Vd. me hace en su 
carta del 16 del corriente, incluyo á Vd. el borrador del 
anuncio que deseo se publique en las columnas de "La 
Kevolución," y doy á Vd. las gracias por el favor. 

En igual agradecimiento estoy y deseo que conste de 
alguna manera, á Mr. Covel, del N° 544 Broadway, por el 
magnífico piano que prestó gratuitamente para usarse la 
noche de la función; á Her Klein, de la esquina de Hous- 
ton y Bowrey, por la formación del escenario y los ador- 
nos del salón, también gratis; á Mr. Wallack, del teatro 
del mismo nombre, por los telones, bambalinas y una 
bandera de Cuba libre, de 25 pies de largo, que se izó en 
uno de los asta banderas del frente; al P. Healy, cura de 



— 65 — 

la iglesia de San Bernardo, por haberme facilitado los ni- 
ños del coro para esta obra de caridad; al rector del ins- 
tituto de Lassalle, por los 40 niños de la orquesta, aun- 
que al fin no pudieron tocar en la función; á Mr. White, 
por haberse ofrecido á acompañar en el piano, como lo hi- 
zo; y á Mr. Cooper, dueño del local, por haber encabeza- 
do con cinco pesos una lista de suscrición para ayudar al 
pago del alquiler de la sala. 

Lo que ahora falta es que " La Revolución," usando 
de la influencia que goza entre los cubanos, haga de mo- 
do que de éstos, los que posean recursos, ayuden á la 
santa obra y vea jo coronados mis esfuerzos por el éxito 
más brillante. 

Soy de Vd. con toda consideración, 



E. C. DE V. 



Mott Haven, Febrero 25 de 1870. 



Señora Concepción C. de López. 

Matamoros. 

Estimada amiga: 

Había demorado esta contestación por dos razones: la 
una que no puso Vd. las señas de mi residencia según es- 
cribo, sino simplemente New York, y sus cartas han tar- 
dado en venir á mis manos; la otra que esperaba contes- 
tase el agente de Vds. en Troy. Ésto parece que no ha 
vendido aun la casa, y ha dicho á los señores Woodhouse 
& Southmayd que pagará tan luego como venda. En tal 
virtud, guardo la lista de contribuyentes que Vd. me in- 



— 66 — 

cluye en la suya del 5 de Marzo, para publicarla cuando 
llegue el caso. 

De todos modos, son mucho de celebrar el esfuerzo de 
Vd. en recoger ese dinero y el patriotismo de todos los 
contribuyentes. La cortedad de la suma no le quita su 
mérito á la dádiva, pues más vale el peso del pobre en es- 
te caso, que los centenares del rico. No sabía que ahí 
había tantos ni tan buenos patriotas, dado que A. C. Mu- 
ñoz, á quien conozco por lo que ha dicho Carrillo á Villa- 
verde, es el sólo Judas de ese apostolado. Le su- 
pongo bien castigado desde el punto que le huyen sus 
paisanos, porque fuera de la patria no hay dicha compa- 
rable á la del trato con los nuestros. 

Yo estoy en estos momentos muy ocupada con un con- 
cierto vocal é instrumental que ha de celebrarse el 4, á 
favor de las familias cubanas pobres en esta ciudad. En 
Marzo di otro, produjo algo y con ese algo se han socorri- 
do muchos necesitados. Porque le hago saber que aquí 
hay más miseria de la que Vd. puede imaginarse entre los 
emigrados cubanos. No ya solo hombres, sino mujeres y 
niños desnudos, descalzos y sin pan que llevarse á la bo- 
ca. A estas necesidades se acudía al principio por medio 
de suscriciones, que tenían que salir, por supuesto, de los 
mismos cubanos. Con este motivo ideé los conciertos, á 
fin de hacer contribuir á los americanos, los cuales tienen 
sus pobres y no son tan caritativos como nosotros ó los 
mexicanos. 

Pero por ardiente que sea mi caridad, por grande que 
sea la miseria de mis paisanos, aseguro á Vd. que difícil- 
mente me meteré en otro concierto. Después de las mo- 
lestias que uno se toma, después de los bochornos que 
uno pasa vendiendo, después de abandonar las obligacio- 



— 67 — 

nes del hogar, sobran las murmuraciones, los celos y en- 
vidias de algunos de nuestros paisanos y paisanas, que 
demasiado inútiles para algo bueno, con tal que otro no 
gane celebridad y gloria, dejarían perecer á su padre y á 
su madre. 

Ocupándonos ahora de la política, diré á Vd. en pocas 
palabras el estado de las cosas. La Junta está ahora re- 
presentada por Aldama, que es agente general de la re- 
pública, con algunos amigos que le ayudan y aconsejan, y 
aunque dicen que trabaja, por la escasez de recursos y su 
poca maña, no sé yo que haga mucho en favor de la pa- 
tria. Quesada, el ex-general en jefe del ejército de Cuba, 
ha logrado reunir en torno suyo á todos los cubanos de 
dinero, que antes eran sostenedores de la Junta, y se co- 
rre que ya cuenta con todos los elementos para realizar 
una expedición en grande. M . . . . entiendo que opera 
separadamente de todos esos, procurando explotar el ele- 
mento americano, que parece dará buenos resultados. Por 
lo menos ha logrado formar la " Liga Cubana de los Es- 
tados Unidos/' que comprende gente muy granada y dis- 
tinguida de este país, abogados, mili tares, comerciantes 
y banqueros. El 4 celebrará un "mass meeting" en esta 
ciudad, del cual se formará Vd. una idea por los papeles 
que le incluyo. 

Sabrá Vd. quizás que han desembarcado en Cuba varias 
expediciones pequeñas de principio de año acá, que aun- 
que pequeñas, han producido buenos resultados, como ve- 
rá por las noticias de las batallas de Manatí y el Cauto, 
donde nuestras fuerzas triunfaron de las enemigas. El 
cargamento del yate " Anna," llegó completo á manos del 
gobierno de la república. Goicouría con sus compañe- 
ros, se unieron á las fuerzas del Camagüey, después de 



— 68 — 

embarrancar el barquichuelo en que fueron, cerca de Gi- 
bara y después de varios encuentros con los españoles. 

He sabido hace poco de Francisco León Tamayo, que 
opera en las Eneas de Santiago de Cuba, á las órdenes del 
mayor general Mármol. De aquí pronto espero darle una 
buena noticia. 

E. C. DE V. 

Mott Haven, Abril, F de 1870. 



C. Emilia C. de Villaverde. 

Muy señora mía y distinguida patriota: 

He visto con agradecimiento que se encabeza Vd. en 
una lista de suscrición abierta con objeto de regalarme 
una espada de honor, y me atrevo á suplicarle tenga á 
bien retirar dicha lista, asistiéndome para ello varias ra- 
zones. 

En primer lugar, no creo que merezco todavía distin- 
ción tan señalada, puesto que aun me queda mucho por 
hacer en la grande obra en que nos hemos empeñado, de 
arrojar de nuestro suelo al déspota español. 

En segundo lugar, el gobierno de Cuba, al constituirse 
solemnemente en Guáimaro, me entregó la modesta que 
llevo y que he jurado presentar vencedora en el capitolio 
de los libres ó perecer en la demanda, y no debo tener 
otra mientras no cumpla mi palabra. 

Y por último; habiéndose iniciado en esta ciudad una 
suscrición para regalar una espada de honor al valiente y 



— 69 — 

benemérito de nuestra patria, mi distinguido amigo y 
compañero de armas, general Tomás Jordán, los enemi- 
gos de la libertad de Cuba, que aprovechan el menor pre- 
texto que se les presenta para suponernos divididos, y lle- 
nos de celos y envidia, podrían propalar que al tratar de 
hacérseme el mismo obsequio, se abre un camino de riva- 
lidades y ambiciones que ha estado y estará siempre ce- 
rrado para los defensores de nuestra independencia. 

Por estas razones pues, suplico á Vd. encarecidamente, 
haga suspender la suscrición referida, recibiendo al mis- 
mo tiempo, lo repito, la demostración de mi gratitud jun- 
to con el afecto y consideración distinguida, con que se 
ofrece de Vd. y se pone á sus pies, su humilde servidor, 



M. Quesada. 



Nueva York, Mayo 16 de 1870. 



Señor general Manuel Quesada. 
Distinguido general: 

Cuando llegó á mis manos la atenta de Vd., fecha 16 
del corriente, ya estaba muy adelantado el proyecto de 
suscrición formado para levantar fondos con que comprar 
una espada de honor que se proponen regalarle sus reco- 
nocidas conciudadanas. Pero aunque hubiese recibido 
antes la carta que contesto, no hubiera podido hacer na- 
da en el sentido que Vd. se expresa. 

En este asunto, general, yo no soy sino el conducto por 
donde una buena porción de sus conciudadanos en Nue- 
va York, desean dar á Vd. un público testimonio de la 



^70 — 

gratitud y admiración que esperimentan al recordar los 
3ervicios que acaba Vd. de prestar á la patria. En vano 
¿es he enseñado la modesta carta de Vd. : eso lejos de ha- 
cerles desistir, los ha confirmado más en su proposito. No 
le creen á Vd. juez imparcial en su propia causa. Esti- 
man, por el contrario, que es Vd. acreedor á más exquisi- 
ta demostración; pues no olvidan que Vd. fué el primero 
en acudir á la patria en su hora de mayor peligro y que á 
Vd. se debe la organización del ejército de Camagüey, el 
cual ha conducido Vd. al combate y á la victoria muchas 
veces, lo mismo en Sabana Nueva, que en Maniabón y las 
Tunas. 

Prescinden completamente del penúltimo párrafo de su 
carta. Ágenos á las rivalidades y pasiones de los parti- 
dos, solo han pensado en pagar una deuda de gratitud, 
estimulando de paso el valor y el patriotismo de uno de 
los más distinguidos hijos de Cuba. 

Por lo expuesto comprenderá Vd. que no está en mi 
mano acceder á la súplica que Vd. me hace de suspender 
la suscrición referida. Sentiría que esta demostración 
popular, fuese causa la más remota de disgustos ó penas; 
pero puedo asegurarle que la intención de los donantes es 
sincera y pura. 

Soy pues, con la más alta consideración, atenta servi- 
dora, Q. B. S. M. 



E. C. de V. 



Mott Haven, Mayo ±9 de 1870. 



71 — 



Señor José María Mora. 
Apreciable amigo: 

Esta mañana, en mis excursiones, reuniendo los fondos 
para la espada de honor, que ha de regalarse al general 
Quesada, entré en los principales establecimientos de len- 
cería y algunas zapaterías y traté de sacarles una limos- 
na de ropa y zapatos para enviar á nuestros compatriotas 
en Cuba. Aunque hasta ahora solo tengo promesas, creo 
que conseguiré algunos efectos. Como vivo en el campo y 
sé además que Brunet va á mandar á casa de Vd. las me- 
dicinas, me tomé la libertad de decir á A. T. Stewart, que 
me dirigiese al cuidado de Vd., y por escrito, lo que él 
resolviese. De suerte que si Vd. recibe alguna carta suya 
para mí, puede abrirla y si necesita contestación de mo- 
mento, hágame el favor de darla de la manera que Vd. 
crea más conveniente. 

Recuerdos á la familia y queda de Vd. afectuosa amiga, 

E. C. DE V. 



Mott Haven, Mayo 25 de 1870. 



— 72 — 



Señora Concepción C. de López. 

Matamoros. 
Estimada amiga: 

En los momentos que escribo no se sabe nada de pósi^ 
tivo de la expedición que salió de aquí el día 14. Iban 
unos 300 hombres, la mayor parte cubanos, y con un ar- 
mamento bueno y abundante. El vapor era el " George 
B. Upton," que según me aseguran, se armará en corso 
luego que ponga el cargamento y los expedicionarios en 
tierra. Me tiene con mucho cuidado la suerte de estos 
últimos, porque no iba militar ninguno que los mandase. 

Ya sabrán Vds. los últimos acontecimientos de Cuba, 
sobre todo el asesinato en patíbulo en la Habana, de Goi- 
couría y de los hermanos Agüero, el 7 y el 14. En el va- 
por que entró ayer de la Habana, llegó un americano que 
estaba de maquinista en el cañonero que apresó á Goi- 
couría y trae cartas de éste para su familia. 

Se está exponiendo en Broadway una magnífica espa- 
da que nosotras las cubanas vamos á regalarle al general 
Quesada, para que lleve á Cuba, — á donde se espera que 
regresará pronto. 

Aquí hay dos partidos, uno por Jordán y otro por Que- 
sada. Con este último están todos los entusiastas, el ver- 
dadero j)ueblo de Cuba. Con aquél, los conservadores, que 
esperan resolver la cuestión de la revolución por las ne- 
gociaciones con España. De estas resultas ha habido mu- 
chas conversaciones y "meetings" para desacreditar al 
general Quesada. Sus principales enemigos son Morales 



— 73 — 

Lémus, Aldama, Cisneros (Hilario) y su numerosa cliente- 
la, la cual, como en su mayor parte vive de las miga- 
jas que caen de la mesa de los dos primeros, no piensa 
con su cabeza, ni obra por puro patriotismo. 

De los cinco periódicos que ahora se publican aquí por 
cubanos, solo " La Voz del Pueblo " es justo con Quesada, 
los demás, todos le hacen la guerra más ó menos descara- 
damente. El " Diario Cubano " es el más indecente, y 
está sostenido por Morales Lémus, José Posse, Pedro 
Martín Rivero y otros antiquesadistas, saliendo á luz en 
una imprenta que se compró para llevar á Cuba en el 
"Mary Lowell." "La Estrella de Cuba," dirigida por 
Juan Manuel Macías, y " La Revolución," redactada hoy 
por E. Piñeiro, le hacen la guerra más solapadamente; 
pero unos y otros están alentados por Morales Lémus, 
quien á pesar de hallarse enfermo en Brooklyn, de cuan- 
do en cuando les felicita por sus ataques contra Quesada; 
que para eso ha quedado aquí nuestro ministro plenipo- 
tenciario. 

Jordán, á todas luces se retiró de Cuba porque no en- 
contró allí los elementos para hacer la guerra como la hi- 
zo á las órdenes de Beauregard y por supuesto no vuelve. 
Sin embargo de eso, los enemigos de Quesada, propalan 
que prepara una gran expedición, achaque con que quie- 
ren cubrir su falta de patriotismo y satisfacer sus mezqui- 
nas pasiones. Entre tanto le corre el sueldo de $350 
mensuales á Jordán y se le abona, aunque escasean gran- 
demente los fondos en la caja de la patria. 
Con recuerdos, etc. 

E. C. de V. 
Mott Haven, Mayo 27 de 1870. 



74 



Señor director del "New York Democrat." 

Rindiendo el homenaje qne debo á la opinión de mis 
conciudadanos, publiqué en el núm. 136 de " La Revolu- 
ción " la única aclaración que juzgué necesaria para satis- 
facer la curiosidad de individuos que no tienen otros da- 
tos para conocerme que las injurias que vomita contra mí 
la soez prensa española. 

Desde entonces acá no be tenido ocasión ni motivo pa- 
ra leer el periódico que dio margen á dicha aclaración. 
Siu embargo, acaban de decirme que el Sr. Boa ha teni- 
do que justificarse por su " intervención ó conocimiento 
en dicho asunto de las papeletas." Y aunque él dice que 
pretende satisfacer con ,su contestación á algunos de sus 
amigos, que se le han acercado y manifestado el deseo de 
saber si ha tenido algo que hacer con la rifa de las pren- 
das, esto me induce á creer que se ha decretado un su- 
mario contra mí y que buscan testigos para condenarme 
con todas las formalidades de la ley. 

Como no sea el fiscal de mi causa un Mendoza ó un 
Salazar, estoy segura de la absolución más completa por 
parte del pueblo cubano. " En este asunto de las pren- 
das," como en todos aquellos en que he intervenido, he 
procedido con cuanta franqueza y publicidad me ha sido 
dable. No haciendo nada oculto, ni cosa de que pudiera 
en ningún tiempo avergonzarme ó arrepentirme, apenas 
recibí las prendas de la Haban, con las instrucciones de 
lo que debía hacer con ellas, mi primer paso fué publicar 
un manifiesto que firmé con mi nombre y feché del lugar 



— 75 — 

de mi residencia entonces. Pudo haber salido este mani- 
fiesto en "La Revolución," si su redactor principal de 
Agosto del año pasado, hubiera cumplido con la promesa 
de publicarlo que me hizo personalmente. En su lugar 
se ha publicado desde los limites setentrionales de Méxi- 
co hasta Chile, en todas las capitales de la América latina. 
De modo que no es extraño no tengan " conocimiento de 
este asunto de las prendas," aquellos que tranquilos en 
Nueva York se figuran que lo saben y deben saberlo 
todo. 

Para obrar con la independencia que lo he hecho hasta 
aquí me asisten varias razones. Entre otras, porque al 
disponer de las prendas del modo que lo hago obedezco á 
instrucciones de las señoras que en las barbas de los fero- 
ces voluntarios, se atrevieron á remitírmelas, fiadas en mi 
patriotismo y en mis antecedentes políticos. Porque para 
servir á la patria, no sé yo que haya de impetrarse la ve- 
nia de nadie ; porque el título de cubana de solar conocido 
me da el mismo derecho que tienen todos y cada uno de 
los miembros de la Junta Central Republicana de Cuba y 
Puerto Rico; porque no reconozco superioridad respecto 
á patriotismo y honradez en ningún otro cubano; porque 
mis ideas revolucionarias no datan desde los tumultos de 
Villanueva y el Louvre ; porque aquí á todos se nos pue- 
de medir con el mismo rasero; porque algo he debido 
aprender en los diez y seis años que llevo de emancipa- 
ción de la tutela colonial; porque a mi alrededor no veo 
sino revolucionarios; porque la única autoridad que reco- 
nozco y respeto está en Cuba en medio de los que defien- 
den la patria con las armas en la mano ; en fin, porque al 
realizar esta empresa, con raras excepciones, solo he per 
dido la ayuda de los que tenían algún motivo para cono- 



— 76 — 

cerme y apreciarme como señora y como cubana. 

A haber estado enterado el Sr. Koa de estas razones de 
mi proceder y antecedentes, de seguro no se hubiera apre- 
surado á lavarse las manos; creyendo que puedan tachar 
de delito, lo que yo tengo á mucha honra y aun puedo de- 
cir gloria, pues como es notorio, los señores de la Junta 
han creido conveniente rifar también prendas, y despa- 
char, á los mismos sitios donde como a ellos consta, hace 
tiempo se conoce mi empresa, un agente especial, encar- 
gado de distribuir billetes haciendo por supuesto sin que- 
rerlo, á nosotras las mujeres, una muy poco varonil com- 
petencia en el único terreno en que no debimos esperarla. 

Tan lejos estoy de desistir de esta idea patriótica, que 
debo reclamar como original mía, que de pocos días á es- 
ta parte he hecho grabar los billetes de la rifa, los mis- 
mos que remitiré cuanto antes á los agentes que ya tengo 
establecidos en toda la América latina. En suma, me pla- 
ce manifestar que en anticipación de los billetes, se me 
ha remitido á cuenta, hace pocos días, una cantidad de 
dinero. 

Cuando respondiendo al grito de Yara, fui la primera 
en dar mi nombre é inducir á otras á que hicieran lo mis- 
mo, para emprender esta nueva cruzada contra el opresor 
de mi patria, tenía el convencimiento de que había de 
recibir denuestos y desvergüenzas de parte de la españo- 
lería en Cuba, por premio de mis servicios; pero cierta- 
mente no estaba preparada para oir que algunos de mis 
paisanos, que aun no han dado muestras de que esgri- 
mirán la espada contra el enemigo común, esgrimen la 
lengua y la pluma contra una de las pocas cubanas que 
tiene la honra de haber merecido el odio de los volunta- 
rios. 



— 77 — 

Con esto creo haber dicho cuanto me toca que decir 
sobre "este asunto de las prendas." Como dije al capitán 
general del departamento Occidental de la isla de Cuba, 
Caballero de Bodas, en Diciembre de 1869 : — " Yo segui- 
ré mi camino, despreciaré la rabia impotente de mis ene- 
migos y haré cuanto esté en mis manos para ayu- 
dar á destruir un gobierno que es la maldición de mi pa- 
tria y la deshonra del mundo civilizado." Entonces ten- 
dré la gloria de dirigirme y dar cuenta de mis actos pú- 
blicos al pueblo de Cuba libre, único con derecho a pe- 
dírmela allí, en el suelo de la patria conquistada. 

De esta manifestación remitiré copia á todos mis agen- 
tes de la América latina para que se publique donde se 
publicó el manifiesto de Agosto del año pasado. 

De Vd. atenta servidora, 

E. C. de V. 
Mott Haven, Junio 4 de 1870. 



Ciudadano general Manuel Quesada. 

Distinguido general: 

Deseosa de contribuir al alivio de mis conciudadanos y 
sabedora de que Vd. marchará en breve para Cuba, con- 
duciendo recursos de todas clases, que espero lleguen con 
toda felicidad, pues parece que á Yd. le sonríe la fortuna, 
con fecha del 20 he comprado y hecho remitir al depósito 
general, dos cajas de efectos varios; pero principalmente 



— 78 — 

piezas de género para vestidos de señoras y caballeros, á 
saber : 

424 yardas percal para ropa de señoras. 

358 yardas rúan de algodón. 

266 yardas dril cazador. 
2,000 agujas surtidas. 
3,600 botones para pantalones. 

150 docenas de botones para camisa. 

150 carreteles de hilo de coser. 
12 paquetes de alfileres. 

Y la sociedad " Liga de las Hijas de Cuba," tiene el ho- 
nor de remitir á Yd. por mi conducto, como secretaria, 
tres cajas de ropa hecha y otros efectos, para que Yd. se 
sirva conducirlas á Cuba, á saber: 

Una caja con ropa hecha de señoras y zapatos. 

Una caja con ropa de niños y zapatos. 

Una caja con ropa de hombres, hilas, planchuelas, ven- 
dajes, cordones de seda para atar venas, tres sábanas y 
una manta. 

Con toda consideración, etc. 

E. C. de Y. 



Mott Haven, ,Julio 23 de 1870. 

•ooipoTcied Qass ixQ oprnoimire oq.O'Bjaq. J'B o 
o-pioTq.J'B jemb^no op soprpad soj jcexian 

13 H909JJ0 GS ^JOi 13A9TlJs[ ©P PATITO *q 
9p S^SIUOTSmCOQ ST3ST3Q S9q.TI9TU^TS ^'B r J 



— 79 



General Manuel Quesada. 
Distinguido general: 

Las cubanas de Nueva York han acordado presentar á 
Vd. una espada de honor, y reunidas en Irving Hall, Irv- 
ing Place, entre las calles 14^ y 15 -, esperan las honre Vd. 
con su presencia, á las 8 de la noche del día de mañana. 

Soy con toda consideración de Vd., atenta servidora y 
compatriota, 

E. C. DE V. 

Nueva York, Julio 28 de 1869. 



IRVING HALL. 



Como habíamos anunciado en " El Demócrata," tuvo 
lugar anoche en este salón la entrega de la espada de ho- 
nor que muchos patriotas regalan al general Quesada. 

Ante una concurrencia relativamente numerosa, presen- 
ciamos un acto enteramente nuevo para nosotros, que no 
estamos acostumbrados á ver al bello sexo figurar para 
nada en las escenas públicas de la vida social. 

Esta es una de las sorpresas que nos esperaban en este 
país de la libertad bien entendida; en él es donde hemos 
visto prácticamente lo que de un modo teórico juzgaba- 



— 80 — 

mos debía ser la mujer, esa compañera de nuestra vida, 
ese sublime consuelo de nuestro infortunio, el bálsamo 
que la Providencia nos donara para alivio de todos nues- 
tros sufrimientos, á ía par que sirviera de estímulo a to- 
das nuestras acciones. 

La iniciativa del regalo partió de algunas señoras cu- 
banas; una comisión de ellas presidida por la señor Emi- 
lia C. de Villaverde, ocupaban el lugar de preferencia; la 
señora de Villaverde explicó en sentidas y expresivas pa- 
labras el objeto de la reunión. 

Habló luego la señora Fernandez; y una y otra expre- 
saron feliz y oportunamente que la espada que se regala- 
ba no era la de la victoria, que esa sabían la poseía el ge- 
neral de antemano, que la donada no debía considerarse 
más que como una expresión de gratitud por los servicios 
que Quesada había ya prestado, como prueba de alta es- 
timación y aprecio á que por ellos se había hecho acree- 
dor para el pueblo cubano, que no dando oídos á las su- 
gestiones de las pasiones, solo piensa en la independencia 
de su patria. 

Hay actos que es necesario presenciar, la más minucio- 
sa descripción, nunca podrá dar ni idea aproximada de 
de todo lo que el sentimiento añade en interés á los im- 
pulsos del patriotismo; así no hacemos más que enunciar 
que el general Quesada estaba profundamente conmovi- 
do al tomar de manos de las señoras el rico cuanto signi- 
ficativo regalo que se le hacía. 

Aludido por él tomó la palabra el coronel Varona; to- 
dos le conocemos, sabemos como expresa sus ideas, excu- 
sado es pues, que indiquemos correspondió á las esperan- 
zas que todos abrigábamos cuando á nombre del general 
habló; del general que había dicho: 



— 81 — 

" Yo sé como se muere por vosotras (las señoras) más 
no sé como se os dirige la palabra; yo comprendo que vo- 
sotras que amáis vuestra patria, preferiréis conozca y cum- 
pla con ese deber, á que os entretenga con un discurso, 
más ó menos bueno, y más ó menos largo." 

Escenas de esta especie, piden por su naturaleza sean 
cortas y corta lo hizo el buen sentido de las personas que 
dirigían la reunión. 

En resumen, todo estuvo bien y en armonía con el ob- 
jeto para que fué promovido el acto. 

La sesión quedó terminada hablando el C. Hostos, que 
expresó la necesidad de que todos volemos á la patria que 
nos espera y de nuestros esfuerzos y vidas necesita. 

El general Quesada se despidió de la concurrencia con 
un viva á Céspedes, presidente de la república cubana, ju- 
rando sobre la espada que se le regalara y que al entre- 
gársela dijera sirviría para defender la Justicia, la Ley. 

( " El Demócrata," Julio 30 de 1870.) 



DISCURSO DE LA SEÑORA EMILIA C. DE VILLAVERDE. 

Señoras y señores: 

No venimos aquí nosotros los emigrados cubanos á ce- 
ñir las cienes del guerrero afortunado, con el laurel de la 
victoria. Por más que el patriotismo acerque ese momen- 
to glorioso, todavía nos alejan de él muchas y muy reñidas 



— 82 — 

batallas, no poca sangre de nuestros generosos hermanos, 
y un mundo de sacrificios y de esfuerzos. Dichosos aque- 
llos que sobrevivan al triunfo final. De mí se decir, que 
si lograra presenciarle, debería á la Providencia el más 
precioso de los dones que en su infinita bondad pudiera 
dispensarme. 

Pero no se trata de eso. Venimos aquí para dar públi- 
co testimonio del aprecio que nos merecen los servicios 
prestados á la patria por el general Manuel Quesada, en 
un año de continuo batallar con el feroz español. Desea- 
mos estimularle á nuevos hechos de valor y patriotismo ; 
deseamos con este acto de nuestra admiración y simpatía 
por sus virtudes cívicas, darle de antemano una muestra 
de lo que debe esperar del pueblo cubano agradecido y 
entusiasta, cuando haya concluido la gloriosa obra de la 
redención de Cuba, que ha empezado con no menos f é 
que abnegación patriótica. 

La espada de honor que ahora presentan las cubanas 
por nuestro conducto al C. general Manuel Quesada, no es 
pues un premio á su valor y á sus servicios, es sólo la 
prenda de unión de los cubanos en el destierro, con los 
cubanos en el suelo de la patria adorada, los cuales sabe- 
mos que aguardan á su querido jefe para que los conduz- 
ca de nuevo á la victoria. 

Con esa espada, no lo dudéis señores, va Quesada á 
romper de una vez y para siempre la cadena de ignomi- 
nia con que al cabo de tantos siglos todavía nos tiene ata- 
dos la más despótica y cruel de las naciones. 

Si pues con toda confianza la ponemos en manos del C. 
general Manuel Quesada, es porque estamos convencidas, 
digan lo que quieran sus émulos en contrario, que en ellas 
será en breve espada de fuego para el enemigo común, 



— 83 — 

para el pneblo cubano la espada de la justicia y el dere- 
cho. Bajo ese concepto se la entregamos ahora, bajo el 
mismo esperamos que la reciba. Y para que la dádiva sea 
la expresión legítima de la fé y la confianza que reposan 
los cubanos todos en la habilidad y honradez del General 
Quesada, solo falta que mis conciudadanos aquí presentes 
sancionen el acto con su explícita y franca aprobación. — 
He dicho. 



Ciudadano general Manuel Quesada. 

General : 

He dado orden se entregue á Vd., para que conduzca á 
Cuba, un rifle Winchester, con este letrero grabado: "Al 
más bravo, Emilia C. de Villaverde."Mi intención es brin- 
darle á Vd., que es tan entusiasta, la ocasión de premiar 
el valor del soldado de la patria que más se distinga por 
algún hecho heroico, tal como derribar de un balazo á un 
jefe enemigo, ó apoderarse de una bandera, matando al 
que la porta ó defiende. Vd., sin embargo, que es juez 
competente, sabrá cual es el hecho que deba premiarse 
con esta arma. 

Deseando á Vd. un éxito feliz y completo en su arries- 
gada empresa, me suscribo de Vd. con toda consideración, 
admiradora y amiga, 



E. C. DE V. 



Mott Haven, Agosto 5 de 1870. 



— 84 



Señora doña Asunción Adot de Miranda. 

Valencia, España. 
Mi muy querida amiga: 

Su carta del 30 de Julio llegó á mis manos anoche, trai- 
da á esta su casa por Miss McCover en persona. A la ac- 
tividad de esta amiga de Vd., ha de deberse esto. No me 
sorprendió ciertamente la carta de Vd., porque cada día 
las recibo, no ya solo de amigos, siuo de paisanas que no 
conozco, movidas por el patriotismo á ponerse en relación 
con aquellas que más osadas, dan su nombre y mientras 
trabajan por la patria, aguantan á palo seco los denues- 
tos y desvergüenzas de los enemigos de ella. Lo único 
que me sorprendió fué que me escribiesen desde el cora- 
zón de España. 

Gracias infinitas, querida amiga y entusiasta paisana, 
por el recuerdo. No esperaba menos de Vd., aunque no 
tuve mucho tiempo de tratarla. 

Estamos en revolución, Vd. es cubana y patriota, y no 
podía permanecer indiferente ante el sublime esfuerzo 
que se hace por salvar la patria. Luego se ha casado Vd. 
con un patriota, cuyos trabajos en favor de la libertad é 
independencia de Cuba, no me son desconocidos. Recuer- 
do vivamente la noche en que fué á visitarnos, en compa- 
ñía de su hermano Juan Francisco, al otro lado del Hud- 
son, en un colegio que Villaverde tenía en Weehauken, 
por los años de 1865 y 66. Doy á Vd., pues, la enhora- 
buena por la feliz elección de esposo que ha hecho, el cua 



— 85 — 

reúne las cualidades del caballero y del patriota, y según 
Vd. se expresa, la quiere macho. Ahora, para el colmo de 
la felicidad de Vds.. solo falta que Dios les dé vida para 
ver la patria libre e independiente. - 

Conviniendo con Vd. y con su esposo — que ha llegado 
ya el momento en que ningún cubano debe permanecer 
en la inacción, — paso al punto de su carta en que me pide 
datos acerca de la marcha de los sucesos, — " en nuestra 
ensangrentada Cuba." Seré breve, porque no dispongo 
de mucho tiempo, y sobre todo seré franca. 

El resultado de la campaña de primavera, no ha sido fa- 
vorable á la causa patriota, no por falta de energía, deci- 
sión y entusiasmo de nuestros heroicos paisanos, sino por 
la suma escasez de armas y pertrechos. Esto y el no ha- 
ber tenido tiempo de disciplinarse y organizarse, han si- 
do las causas del sistema de guerra que se ha seguido. 
En la campaña á que aludo, Caballero de Rodas cargó so- 
bre el Camagüey, centro entonces del gobierno y de la 
revolución, con unos 13,000 hombres de tropas disciplina- 
das, y de consiguiente los nuestros tuvieron que disemi- 
narse y contentarse con hacer guerra de emboscadas, huir 
y jamás presentar la cara. 

El primer resultado de esta batida, fué el abandono á 
merced del vencedor, de todas las mujeres, niños y ancia- 
nos, los cuales Caballero de Rodas ha hecho aparecer co- 
mo presentados y arrepentidos. Pero comprenderá Vd. 
fácilmente, que libres del cuidado de la familia, los pa- 
triotas han podido moverse con más rapidez y eludir 
el encuentro de las columnas que desde Puerto Príncipe 
lanzaba Caballero de Rodas contra ellos en todas direc- 
ciones. Han desrtuido muchos recursos y talleres que 
habíamos logrado reunir con inauditos trabajos; han co- 



— 86 — 

gido y matado en los campos y en ;os patíbulos gran nú* 
mero de neutrales y algunos buenos patriotas; pero no 
han triturado la cabeza de la hidra revolucionaria, como 
leclaraba Caballero de Rodas que era su intención, cuan- 
do salió de la Habana y se puso á la cabeza del ejército. 
Por una cabeza verdadera que ha triturado han renacido 
veinte y hoy estamos, poco más ó menos, donde nos en- 
contrábamos al principio del año pasado. 

Aumentó el número de las presentaciones de familias, 
nunca de patriotas armados, una orden de Bodas, anulan- 
do otra de su antecesor Mena, en que se declaró que se- 
rían tratados como enemigos todos aquellos que se encon- 
trasen fuera de las poblaciones ocupadas por las troj)as 
españolas, después del primero de Junio. La intención 
de Bodas fué atraer á los patriotas quitándoles sus muje- 
res, hijos, padres y hermanas, cortando al mismo tiempo 
este medio de comunicación que hasta entonces tenían 
expedito los del campo con los de la ciudad. Pero se lle- 
vó solemne chasco, y la prueba es que se ha mandado úl- 
timamente, no pasar más raciones á las familias pobres, 
ni admitir más presentados de esta clase. Cortadas las 
comunicaciones con el interior del país, paralizado el co- 
mercio, la introducción de mantenimientos en la plaza de 
Puerto Príncipe, era y es difícil y riesgosa, por lo que la 
jDoblación nativa y de paz hambreaba á menudo. La or- 
den de Bodas y la contraorden, en consecuencia, se expli- 
can. 

Mucho antes de todo esto, en Noviembre pasado, esta- 
llaron disenciones entre los patriotas en Cuba. La cáma- 
ra estaba compuesta de jovenzuelos sin experiencia ni co- 
nocimientos prácticos, habiendo sospechado de las inten- 
ciones del único militar que tenemos, Manuel Quesada, 



— 87 — 

sin más ni más le suspendió del mando en jefe, su- 
primiendo el cargo del todo, y encomendó la salvación 
de la patria á un extranjero, Jordán, el cual, aunque buen 
táctico, no conocía la índole nuestra, ni hablaba nuestro 
idioma; se propuso dar batallas y tuvo que renunciar el 
mando y salir del país, porque ninguno de los jefes cuba- 
nos quiso renunciar al sistema de guerrillas con que lie- 
mos sostenido la guerra hasta el día presente. 

En Marzo del año actual vino aquí Quesacla, con comi- 
sión que le confirió nuestro gobierno de levantar recursos 
y llevar á Cuba armas y pertrechos en abundancia. Mas 
apenas llegó cuando empezaron á ponerle tropiezos en su 
camino la Junta Cubana y sus adherentes. Se sorprende- 
rá Vd. y lo hallará increíble; por desgracia nada es más 
cierto. Desde el principio del año pasado se apoderaron 
de la dirección de los negocios de Cuba en este país unos 
hombres nulos en todos sentidos, menos en las intrigas, 
los cuales, ya, desconfiando del éxito de la revolución, ya 
disgustados del rumbo que llevaba, se empeñaron en re- 
solver la cuestión antes por las vías diplomáticas que por 
la fuerza de las armas. De aquí nació el estarse en este 
país y esperarlo todo de su gobierno, nada de Europa, ni 
de las repúblicas colombianas. De esta parte de nuestra 
historia contemporánea, en que no puedo ser más exten- 
sa, se informarán Vds. leyendo la colección de " El De- 
mócrata " que les remito junto con la presente carta. 

A pesar de las intrigas y los tropiezos, Quesada ha en- 
contrado un corto número de amigos, patriotas puros, que 
le han facilitado recursos de todas clases, y en los momen- 
tos en que escribo, se prepara para marchar á Cuba con 
una respetable expedición de hombres, armas y pertre- 
chos. Todas las que ha despachado la Junta, y son más 



de seis, han fracasado en todo ó en parte, por la falta de 
pericia y de jefes militares qne las organizaran é introdu- 
jeran en Cuba, perdiéndose con eso muchos recursos y 
preciosas vidas. Tan seguidos y multiplicados han sido 
los fracasos, que hemos llegado á sospechar de las inten- 
ciones de los hombres de la malhadada Junta. Hoy no 
tiene á su alrededor sino á aquellos que le deben prome- 
sas ó favores; pero ningún verdadero patriota ni hombre 
de provecho. No necesito añadir más para que Yd. com- 
prenda que la Junta Cubana no es, en mi concepto, el 
mejor conducto para servil* la patria. Así que, si mi ex- 
periencia y el conocimiento de lo que pasa aquí valen de 
algo, aconsejaría a su esposo, y en este consejo se une Yi- 
llaverde, que en vez de pedir poderes á la Junta, la cual 
obra por arrogación, no por delegación de facultades, se 
fije en Londres y reuniendo los más cubanos que pueda, 
se ponga á trabajar y abrir comunicación directa con Car- 
los Manuel de Céspedes. 

En España, en París y en Londres mismo hay muchos 
elementos que no sería difícil aprovechar hábilmente so- 
licitados y manejados. Para esta patriótica tarea, no du- 
do que su esposo posee el tacto y la experiencia. Aníme- 
lo Yd. que es tan entendida y entusiasta. Prepare Yd. 
por su parte el elemento femenil, y hágalo Yd. obrar en 
apoyo de los planes de su esposo y espere que dará los 
mejores resultados. Yo he formado en esta ciudad dos 
sociedades patrióticas de señoras, y hemos allegado bas- 
tantes recursos, trabajando hoy hasta con una sociedad de 
americanas, como verá Yd. por el manifiesto que también 
le remito. 

Ahí hay no pocas cubanas ricas y espero que bien dis- 
puestas, y estoy segura que manejadas con arte, aunque 



— 89 — 

calladamente, pueden prestarles importantes servicios á 
su patria. Nadie está exento, y la mayor parte no sirve, 
porque no sabe cómo, ó porque no se le ha presentado la 
ocasión. 

Me anuncia Vd. que por mi conducto su esposo escribe 
á la Junta. Cuente Vd. con que entregaré la carta, á pe- 
sar de la desfavorable opinión que abrigo de ella. 

Sé a menudo de Aamlia: está aun en Cuba, bien con- 
tenta. 

Por hallarme en convalecencia de una grave enferme- 
dad, no entro en más pormenores, como quisiera, sobre lo 
que aquí pasa entre nosotros, prometo hacerlo, sin embar- 
go, tan luego como me sienta más fuerte. 

Si Vd., como lo espero, forma una sociedad de señoras, 
no dude dirigirse á aquella de que soy secretaria, y se ti- 
tula "Liga de las Hijas de Cuba," con residencia fija en 
Nueva York. 

Actividad, valor, Cuba necesita de todos sus hijos, de- 
mostremos que no desmerecemos de tan noble madre. 

Villaverde y toda mi familia que ahora está aquí, envían 
á Vds. sus finos recuerdos. Délos Vd. afectuosos de nues- 
tra parte á su esposo y cuñado, y dígales que hemos teni- 
do un gozo verdadero al verlos en el puesto que les co- 
rresponde como buenos cubanos. Y hasta mejor ocasión, 
se despiel e de Vd. amiga cariñosa. 

E. C. de V. 

Mott Haven, Agosto 17 de 1870. 



90 



Señora doña Cecilia Pita de Yaldés. 

Habana. 

Mi querida amiga y compañera: 

Antes de ayer recibí una suya por conducto del C. No- 
da, y con ella una comunicación verbal, que no echaré en 
olvido. 

Yo estoy convaleciente de una grave enfermedad. 

Me dice en la suya que no le he contestado sobre una 
caja de prendas que me envió. Nada he recibido apesar 
de desearlo y esperarlo con ansia, según ofrecimiento an- 
terior de Yd. 

Deseo, pues, me escriba de nuevo á la mayor brevedad y 
me diga el nombre del portador de la caja, para averiguar 
por él, el paradero de ésta, que mucho sospecho ha ido á 
parar a manos de Aldama, y entonces es lo mismo que si 
hubiera caido en el pozo de las ánimas. Bien sabe Pios 
que por escasez de prendas, no se ha hecho ya algo muy 
grande. 

Muchos hay todavía que temen y quieren conservar lo 
que tienen para después de la guerra, sea cual fuere el re- 
sultado. ¡ Qué patriotas ! 

Contésteme á vuelta de correo. He escrito á Yd. mu- 
chas veces. Adiós ! Animo, valor y adelante. Su hermana, 



Lolita. 



Nueva York, Agosto 24 de 1870. 



Nota. — Á fines de Octubre de 1871, prendieron, juzga- 



— 91 — 

ron militarmente y condenaron a 6 años de encierro en 
Paula á esta ilustre patriota, por haber abrigado en casa 
de un amigo a Perfecto López y á los dos hermanos So- 
carras, partidarios que habían sido de Carlos García. Ma- 
nuel Socarras murió en la refriega con la policía y los vo- 
luntarios, y López herido fué ejecutado el 27 en garrote a 
"ispaldas del Castillo del Príncrpe. 

En su muerte dieron los voluntarios muestra de toda la 
ferocidad de que son caj)aces. Tras de haber hecho sen- 
tar la víctima cuatro ó cinco veces, ya porque la argolla 
quedó muy alta, ya porque quedó muy baja, ya porque se 
descompuso el manubrio por la violencia del golpe, dos 
oficiales de voluntarios subieron al patíbulo y suspendien- 
do el cadáver por debajo de los brazos, enseñaron al pue- 
blo su rostro contraído y ensangrentado con los ojos fue- 
ra de sus cuencas y la lengua colgando, á cuya vista, pro- 
rrumpió en el grito feroz de — viva España ! López al mo- 
rir gritó — muera España ! 

El marido de Cecilia, aunque ausente cuando ocurrie- 
ron los sucesos de la casa de Manuel Martínez, en la calle 
de San Miguel, fué condenado á diez y ocho meses de en- 
cierro y Martínez á presidio, incautándose el gobierno de 
los bienes de todos. 

Se dice que una hija de Cecilia, niña de once años de 
edad, fué llevada á la cárcel con su madre, por haber di- 
cho el portero, que era español, que la había visto quemar 
unos papeles. La niña no negó el hecho, pero afirmó que 
habían sido billetes amorosos suyos, los cuales no quería 
cayesen en manos extrañas * y por este medio llegasen á 
conocimiento de su padre. 

La salida es ingeniosa, aunque la invención está paten- 



— 92 — 

te. ¿ No serían esos " billetes " algunas de las cartas de 
la señora de Villaverde, dirigidas desde Nueva York á la 
señora 0. Porraspita de Valdés ? Es muy probable. 



Señoritas Filomena y Caridad Callejas. 

Charle ston, S. C. 
Mis queridas compatriotas: 

Por mano del amigo Castillo recibí una caja de hilas 
que Vds. remiten con objeto de que se despachen á nues- 
tros hermanos, hoy luchando por la libertad é indepen- 
dencia de la patria. La caja tuve la satisfacción de poner- 
la en manos del general Quesada, el cual en su nombre y 
en el de nuestros ciudadanos me dio las más expresivas 
gracias, diciéndome además que las animara á proseguir 
en ese buen camino, no menos digno que honroso para 
todo patriota. 

Yo me complazco al saber que Vds. son verdaderas cu- 
banas y desde aqui las saludo y abrazo como hermanas y 
entusiastas compañeras. No desmayen, pues, sino prosi- 
gan y hagan que si hay ahí otras cubanas, se presten á 
servir á Cuba de la manera que puedan, para su propia 
satisfacción y estímulo de otras. 

Desearía publicar el nombre de Vds. ; pero Castillo me 
ha dicho que Vds. le encargaron reserva, y yo respeto su 
deseo. 



— 93 — 



Sin embargo, soy de parecer, que sin dar los nombres. 
bien pueden Vds. prestarle otros servicios á la patria la 
cual necesita de todos sus hijos para salir triunfante en la 
lucha desigual que ha emprendido. 

Yo soy secretaria de una sociedad de artesanas, titula- 
da « Liga de las Hijas de Cuba," cuyo objeto es reunir re- 
cursos de todas clases en auxilio de nuestros hermanos 
alia y en la emigración. ¿ No podrían Vds. formar ahi una 
sucursal de dicha sociedad ? Merece que Vds. hagan la 
prueba, como otras la están haciendo ahora en Cayo Hue- 
so y Nueva Orleans. J 
m En cuanto esté impreso el reglamento, les remitiré va- 
nos ejemplares, á fin de que se enteren de sus disposicio- 



nes 



Pero ya logren Vds. formar la sucursal, ya no yo ten- 
dré sumo placer en corresponder á la galantería que Vds 
han usado conmigo, al escogerme como conducto para que 
Uegue a la patria la ofrenda que Vds. le destinan como 
buenas Hijas de Cuba. 

Les estrecha las manos de amiga y compañera agrade- 
cida, su humilde servidora, 

E. C. j>e V. 
Mott Haven, Agosto 28 de 1870. 



94:- 



Ciudadano Leopoldo Turla. 

Nueva Orleans. 
Estimado conciudadano: 

La primera noticia que tuve de los magníficos versos 
que Vd. me ha dedicado, fué viéndolos impresos en el fo- 
lletín del desenfadado "Demócrata." Mi sorpresa y mi 
placer corrieron parejas: sorpresa, porque no esperaba 
que el más ilustre de nuestros poetas se ocupara de mi 
humilde persona; placer, porque adivina Vd. lo que pasa 
por mí espíritu cuando contempla las angustias de la pa- 
tria y reflexiona sobre la conducta de muchos de sus hi- 
jos. 

Pero en realidad no culpo de falta de patriotismo ni de 
valor á la mayoría de mis conciudadanos, a la clase que 
hasta ahora ha dado su sangre y su dinero en aras de la 
patria, la clase pobre y artesana; culpo y censuro la con- 
ducta de aquellos, pocos es verdad, que capaces de tomar 
las armas, y no con abundancia de medios para enviar re- 
cursos, se quedan en el extranjero, para figurar en los 
clubs y los " meetings," ó que haciendo la corte a la Jun- 
ta en esta ciudad, se reservan para la patria cuando ésta 
ya no necesite de sus servicios. De la clase que puede 
llamarse rica yo nunca esperé grandes sacrificios, aunque 
si se hubiera sabido mover su patriotismo ó excitado su 
amor propio, mucho se hubiera hecho ya para redimir la 
patria con su activa cooperación. 

Son ágenos del carácter de la mujer, lo conozco, los ne- 



— 95 — 

gocios militares; pero es preciso tener la sangre helada 
para ver la patria en peligro y los que pudieran ayudarla, 
ó indiferentes en la crisis, ú ocupados antes de su propia 
mejora ó provecho, que de la salvación de aquella. Cuan- 
do todos han sido hasta aquí ó desaciertos ó desastres, 
me parece á veces que si nosotras las mujeres tomásemos 
la iniciativa en las expediciones, las quitaríamos á lo me- 
nos de las manos ineptas en que ahora están como vincu- 
ladas y la tomarían á su cargo los homhres de corazón j 
decididos patriotas. La Sociedad de Artesanas Liga de 
las Hijas de Cuba, por lo pronto está reuniendo los ele- 
mentos, fusiles, pólvora y balas, para despachar una ex- 
pedición, y nombrar de su seno dos ó tres que la manden, 
si no se presenta en tiempo cubano que le infunda con- 
fianza. 

Debo concluir. Advierto que el retrato de Vd. no está 
en mi álbum. Le remito el mío por si esto le estimula 
al canje, y profundamente agradecida á la distinción que 
Vd. hace de mí, me suscribo de Vd. atenta servidora y 
conciudadana, 

E. C. de V. 
Mott Haven, Septiembre 18 de 1870. 



Ciudadano presidente de la república de Cuba. 

Aprovecho la próxima partida para esa del ilustre ge- 
neral Quesada para hacer á Vd. estos renglones. 

Los desastres y reveses que han experimentado las dife- 
rentes expediciones de hombres y municiones de guerra 

3 



— 96 — 

despachadas de aquí, a causa de la ineptitud y torpeza de 
los encargados de su organización y manejo, han produ- 
cido hondo disgusto en la mayor parte de nosotros los 
emigrados, llenando de desesperación a aquellas cubanas 
que, como la que tiene el honor de escribir á Vd. ahora, 
creen ver claramente el origen del mal y no descubren 
que se trata de ponerle remedio. 

Temblamos de horror y angustia cada vez que llega por 
encima de las aguas el grito de armas ! armas ! que di- 
rigen al cielo nuestros compatriotas, mucho más cuando 
vemos que las armas se envían por cargamentos y que no 
llegan á su destino. Ahora marcha Quesada, cuya feliz 
estrella es bien notoria; pero ido él ¿quién quedará aquí 
que le reemplace ? Nadie. En tal virtud nosotras, la so- 
ciedad "Liga de las Hijas de Cuba," nos hemos propues- 
to formar una expedición de armas y pertrechos que en 
caso de no tener otro Quesada que la mande, la mandará 
una comisión de nuestro seno. 

Quizás crea Yd. que es demasiada arrogancia nuestra. 
No. ¿ Acaso seremos nosotras menos que las heroínas que 
acompañan y comparten con Yds. los peligros, trabajos y 
miserias de los campamentos ? 

Tal vez la empresa sea superior á nuestras fuerzas é in- 
teligencia; pero aunque estemos seguras de perecer, nues- 
tro sacrificio será útil si logramos estimular á los hombres 
hasta el heroísmo y si la fama de nuestros hechos llena de 
gloria la patria adorada y de vergüenza á los que no nos 
imiten. 

De todos modos está hecha nuestra firme resolución, 
porque sería preciso no haber nacido en Cuba, para ver- 
la en peligro, mientras los hombres que se arrogan el de- 
recho de gobernarnos y despachar expediciones que ja- 



— 97 — 

más llegan, pierden el tiempo y los recursos en probar si 
están ó no autorizados para ello, en intrigas vergonzosas, 
en delaciones infames y en impedir que los pocos patrio- 
tas puros hagan lo que ellos no son capaces de hacer. 

La firmeza y la constancia de Yds. nos inspiran, la jus- 
ticia de la causa nos alienta, y aunque no sea por otra co- 
sa que por la fé y el entusiasmo con que marchamos ha- 
cia nuestro objeto, creemos seguro .el triunfo. Bendecida 
pues sea la hora en que Quesada' ponga el pió en tierra 
de Cuba, porque él nos abrirá el camino á nosotras que 
nos proponemos llegar allá antes que termine la gloriosa 
obra comenzada por Vds., con tanto valor como abnega- 
ción. 

En estos momentos no quisiera hablar á Vd. de las vo- 
ces que han llegado hasta nosotros sobre disgustos y de- 
sacuerdos entre Vds. ; pero debe Vd. contar, C. presiden- 
te, con la devoción de todos los cubanos verdaderos y con 
la admiración de las cubanas, las cuales saben distinguir 
entre el patriota sincero y de alma fuerte y el flojo espe_ 
culador en patriotismo. 

Veo, sin embargo, que me excedo del propósito que tu- 
ve presente al tomar la pluma, el cual no fué otro que 
anunciarle la próxima remisión de las armas y municiones 
que actualmente recoge la sociedad " Liga de las Hijas de 
Cuba." 

Si esta carta llega á sus manos será la prueba de que 
ha desembarcado felizmente el portador de ella, y antici- 
po á Vd. mis más sinceros parabienes, porque de esta ma- 
nera se habrán reunido una vez más el brazo y el corazón 
de la revolución cubana, y juntos no podrán menos ahora 
que vencer destruyendo las hordas salvajes de la más 
cruel y despótica de las naciones, 



— 98 — 

Deseando á Yd. todo género de felicidades y esperando 
verle y abrazarle en breve en tierra de Cuba libre, se sus- 
cribe de Yd. con la más alta consideración, atenta y segu- 
ra servidora, 

E. C. DE V. 

Mott Haven, Octubre 4 de 1870. 



Ciudadano mayor general Federico Cavada. 

Mi estimado amigo: 

Aprovecho la próxima partida del general Manuel Que- 
sada para escribir á Yd. estas líneas, que sin duda le sor- 
prenderán por ser la primera vez que yo se las dirijo. 

A veces pasará por la mente de Yd. que fuera de los 
que ahí contemplan de cerca sus hechos de armas y sus 
sacrificios en favor de la patria común, nosotros en el des- 
tierro le tenemos olvidado. No es así. Yo, por ejemplo, 
no puedo olvidar que le conocí en Filadelfia, y como me 
ha sido dable he seguido todos los movimientos de Yd. 
desde el 6 de Febrero de 1869 en las cercanías de Trini- 
dad, hasta su paso al Camagüey y su vuelta á las Yillas. 

Antes de ahora deseaba escribirle, pero qué podría de- 
cirle á Yd. que le sirviera de consuelo, en la penuria de 
armas y pertrechos que sufre, en los trabajos que pasa y 
en los peligros á que a cada momento se expone en servi- 
cio de la patria ? Sin embargo, ahora quiero comunicar- 



— 99 — 

le una especie que no podrá menos de sorprenderle y ani- 
marle. Yo, en unión do varías amigas, me propongo for- 
mar una expedición de armas y pertrechos, que llevaremos 
á Cuba nosotras mismas, en caso que no se presente mili- 
tar de nuestra confianza. No se ría Vd. La revolución 
de Cuba ha operado una revolución moral en nosotras las 
cubanas y de mí sé decir que me creo capaz para eso y 
mucho más. Vd. que me conoció desde muy joven y pu- 
do advertir mi exaltado patriotismo, no debe dudar de la 
verdad de mis palabras ahora. 

No sabe Vd. lo que ha pasado aquí ; pero es lo cierto 
que si yo formé sociedades, otros y otras las formaron; si 
di conciertos para la patria, otros y otras los dieron tam- 
bién; si yo emprendí en rifas hasta la célebre Junta Re- 
publicana de Cuba y Puerto Rico no tuvo empacho en se- 
guir mi ejemplo, con descrédito por supuesto de la causa 
cubana en este país, pues yo soy mujer y actúo por pro- 
pia autoridad y aquella está compuesta de hombres que se 
supone representan á Cuba y á los cubanos. A juzgar por 
lo pasado, no debo dudar ni un momento que ahora que 
he emprendido en expediciones, hasta los hombres de la 
Junta darán de manos á sus intrigas y necedades y de ve- 
ras se ocuparán en ayudarlos á Vds., llevándoles recursos 
que no caigan en poder del feroz enemigo nuestro, según 
han hecho hasta hoy. 

La marcha próxima de Quesada nos llena de esperan- 
zas y nos infunde valor. Si él llega, como creo, á las pla- 
yas de Cuba, están Vds. salvados y nosotros podremos se- 
guirle con doble seguridad. 

No temo que Vd. se desanime por los reveses; de los 
buenos patriotas es el esperar aun en lo imposible. La f é 
en la causa y la esperanza en el triunfo no deben abando- 



— 100 — 

narnos jamás. Adelante, pues, mi heroico amigo, que la 
hora del vencimiento y de la recompensa se acercan. Dios 
querrá que todos nosotros asistamos á ese día glorioso. 

Hace unos quince días que vi á su hermano Emilio en 
la ciudad y estuvimos hablando de Yd. y de los demás 
amigos y compañeros de penalidades y peligros. Entre 
otros de Manuel Suarez, que según entiendo tiene mando 
á las órdenes de Vd. en las Villas. Kecuérdeme Vd. á él, 
lo mismo que á Moriní, que me dicen es su ayudante de 
campo. Reciban ellos y Yd. afectuosos recuerdos míos y 
de Yillaverde y hasta que nos veamos y saludemos en tie- 
rra de Cuba libre, se suscribe de Yd. amiga y conciuda- 
dana, 

E. C. DE V. 

Mott Haven, Octubre 4 de 1870. 



Señoritas Filomena y Caridad Callejas. 

Charleston, S. C. 

Mis queridas compatriotas: 

Recibí á tiempo su grata del 13 de Setiembre próxi- 
mo pasado, que antes no les había contestado por mis 
muchas ocupaciones y el deseo de darles ocasión de leer 
el reglamento de "La Liga de las Hijas de Cuba," que les 
remití en dos ejemplares de "El Demócrata." 



— 101 — 

Completamente restablecida de mis males hemos prin- 
cipiado la campaña de invierno, propuestas como estamos 
nosotras á reunir armas y municiones para formar una 
expedición que llevará á los patriotas una comisión de no- 
sotras mismas, si de pronto no se encuentra militar de 
confianza que la mande. 

Por el reglamento verán Yds. que cada socia contribu- 
ye con algo mensualmente, además Vds. j^ueden contri- 
buir solicitando carabinas ó su equivalente en dinero en- 
tre los cubanos ahí, y remitirlas para la expedición antes 
mencionada. Nosotras aquí ya tenemos reunida una bue- 
na porción, y promesas de más, no dudando que con al- 
guna perseverancia en breve habremos llenado nuestros 
deseos de ver realizada la empresa que aun no habían 
acometido las de nuestro sexo. Hemos nombrado teso- 
rera de nuestra sociedad á la señora de Embil, muy entu- 
siasta y sobre todo rica y generosa compatriota nuestra. 

El lunes 10, después de celebrar la misa de réquiem por 
el alma de los mártires de la libertad de Cuba, en la igle- 
sia católica de San Esteban, una comisión de nuestra 
sociedad salió á recoger fondos en las casas de los compa- 
triotas y reunió una suma regular que puso por la tarde 
en manos de la tesorera. Por la noche "La Liga," en 
cuerpo asistió á la reunión en Irving Hall, donde se cele- 
bró el aniversario del nacimiento de la república, con elo- 
cuentes discursos en español é inglés. 

Por el último vapor de la Habana ha llegado aquí la 
madre y dos hermanas del general Quesada, y las dos úl- 
timas al momento se han inscrito en el número de las so- 
cias de " La Liga," y están dispuestas á volver á Cuba 
con la expedición que preparamos. Las tres fueron sor- 
prendidas en los campamentos de los patriotas, cayeron 



~102 — 

prisioneras y fueron desterradas á su llegada á la Habana. 
Por milagro escapó la presidenta, que estaba con ellas, 
criando un niño de tres meses. Pasó á los ojos de los 
captores por una mujer que sin parientes ni amigos en 
Puerto Príncipe no valía la pena de llevarla basta allá co- 
mo presentada ó prisionera de guerra. 

Me prometo que Vds. no desmayarán, sino que procu- 
rarán sacar todo el partido posible de los compatriotas ahí 
en favor de la patria. Y sin más por ahora las saluda con 
entusiasmo, su afectísima compañera y conciudadana, 

E. C. DE V. 

Mott Haven, Octubre 12 de 1870. 



Señora Teresa de Galvez. 

Apreciable Teresita: 

Acabo de recibir su carta sin fecha; pero por el oficio 
que la acompaña presumo fué escrita el 14, puesta en el 
correo el 15 y como estaba dirigida á Morrisania, de ahí 
la devolvieron á Mott Haven esta mañana. Esta dilación 
explicará á Vd. mi silencio. 

Mas aunque hubiera recibido el oficio citado en tiempo, 
no habría concurrido á la sesión, porque precisamnnte el 
14 supe por la señora de Colas, que Vd. como presidenta 



— 103 — 

de la sociedad "Hijas de la Libertad," había decidido el 
13 hacer fusión con la suya; cuyo reglamento y títulos 
había aceptado Vd. Desde luego la sesión á que Vd. me 
convocaba era inútil, pues no existía la sociedad, fueran 
las que fuesen las informalidades cometidas en su disolu- 
ción. 

Siento, sin embargo, que Vd. no hubiese contado con- 
migo para eso, no solo porque me parecía regular haber 
consultado la opinión de las socias antes de tomar medida 
tan decisiva, sino porque yo la había citado á Vd. misma 
el 10 por la mañana en su casa, luego por la noche en el 
" meeting," y después por oficio, precisamente para tratar 
de la fusión de la sociedad " Hijas de la Libertad," con la 
"Liga de las Hijas de Cuba," invocando, como invoqué, 
el recuerdo del día que celebrábamos. 

De la manera que cité á Vd. cité á otras varias, yendo 
de casa en casa personalmente y me expuse á más de un 
desaire, todo para que no se dijera en ningún tiempo con 
razón, como no ha faltado quien diga, que en mí consiste 
la unión ó desunión de las cubanas que en Nueva York se 
ocupan con más ó menos actividad en los negocios políti- 
cos de su patria. Sea Vd., pues, buen testigo que yo no 
he excusado pasos ni sacrificios de amor propio siempre 
que se ha tratado de algo que podía redundar en bien de 
nuestra querida Cuba. 

Además de esto me empeñaba más en la unión de to- 
das las cubanas, porque durante los dos meses de mi en- 
fermedad, nada hicieron Vds., que yo sepa, y porque uni- 
das todas ahora pudiéramos haber emprendido la campa- 
ña de invierno con mucho mayor provecho para la patria 
del que puede traerle nuestra separación y aislamiento en 
que estamos. 



— 104 — 

Pero ya lo hecho no tiene remedio y es inútil ocupar- 
nos de eso. 

Consérvese buena en unión dé la familia y disponga de 
su afectísima amiga, 

E. C. DE V. 

Mott Haven, Octubre 18 de 1870. 



Señoritas Filomena y Caridad Callejas. 

Charleston, S. C. 

Apreciables conciudadanas : 

Recibí hoy la carta de Vds. fecha 26 y me complace so- 
bre manera la prontitud y el entusiasmo con que han em- 
prendido los trabajos patrióticos. Por acá desplegamos 
también bastante actividad, no solo porque disuelta la 
Junta Central se puede trabajar con más libertad y am- 
plitud, sino porque Quesada ha podido salir sin tropiezo, y 
éste ha de abrirnos de par en par las puertas de la patria, 
estando casi seguras de que no se perderá nada que se 
envié ó que se lleve. 

Así es que nuestra sociedad se ha aumentado grande- 
mente de algunos días á esta parte, contribuyendo no so- 
lo las mujeres sino también los hombres, principalmente 



— 105^ 

los artesanos, que son los que nunca dicen que no cuando 
se trata de la patria. 

El 8 del entrante la " Liga de las Hijas de Cuba " cita 
a junta general para elegir la nueva mesa directiva. Creo 
que habrá gran concurrencia porque la animación es mu- 
cha. 

Respecto á los fondos que Vds. piensan remitir, me ale- 
graría que llegasen aquí en tiempo para dar cuenta á la 
junta ese día, lo que sin duda producirá un buen efecto. 
De todos modos, para mandar esos fondos con seguridad, 
lo mejor es por el correo en carta certificada a mi direc- 
ción ; y tendré el gusto de ponerlos en manos de la teso- 
rera. 

Pronto me parece que tendré que comunicarles noticias 
muy importantes de la patria. 

Mientras tanto, no hay que desmayar, sino tener pre- 
sente que todos podemos y debemos hacer algo, y contri- 
buir á nuestra independencia. 

Póngame á las órdenes de su familia, y las saluda con 
cariño su amiga y conciudadana, 

E. C. de V. 

Mott Haven, Octubre 31 de 1870. 



— 106 — 

Señora doña Concepción C. de López. 

Matamoros. 

Mi muy querida amiga: 

Há más de tres meses escribí á Vd., mejor dicho, hice 
que escribieran por mí, pues me hallaba en cama enfer- 
ma y no podía valerme. La convalecencia ha sido larga; 
mas ya me encuentro restablecida y vuelvo á campaña 
con dobles bríos. Y como Vd. guarda silencio después 
de tan largo tiempo, me temo que la mía anterior no lle- 
gó á sus manos, ó que ha aflojado Vd. en sus propósitos 
patrióticos. Dios querrá que no será esto último. Pero 
por si ocurrió lo primero, debo repetirle que se recibió e\ 
dinero que Vd. se sirvió remitirme para las necesidades 
de la patria; y parte en armas, parte en ropa y en medi- 
cinas, habrá cosa de un mes que están en camino de Cu- 
ba. Si no he publicado la lista de los contribuyentes se- 
gún me la remitió, fué, primero, porque " La Revolución" 
se negó; y luego no ha salido todavía en " El Demócra- 
ta," que es el periódico de mi partido, porque está muy 
sobrecargado de materiales. Es probable que se publique 
la semana entrante. Le remitiré un ejemplar. 

Desde mi última acá han ocurrido sucesos de buen 
agüero para la patria. En primer lugar, logró salir nues- 
tro invicto Quesada, que pronto esperamos caiga como el 
rayo sobre Cuba y destruya el poder español. Mucho ha 
sufrido en el tiempo que ha estado aquí, no solo por la 
envidia y los celos de sus paisanos, sino por las noticias 



— 107 — 

malas que á cada paso recibía de la patria, donde casi ha 
desaparecido la obra que tanto le costó crear, — la forma- 
ción y organización militar del país en revolución. De 
manera que ahora, con esa dolorosa experiencia, va arma- 
do de doble fuerza y resolución de vencer ó morir en la 
demanda. Y vencerá, no lo dude Vd. ; porque ahora 
marcha mejor preparado de lo que marchó en Diciembre 
de 1868, y porque su estrella le guía y los buenos deseos 
de todos los patriotas le alientan. 

Nuestra sociedad se extiende bastante en todos los Es- 
tados Unidos y últimamente se ha pasado aviso á todas 
las socias que la misma se propone enviar á Cuba una ex- 
pedición de armas y municiones, la cual llevarán cuatro ó 
cinco señoras de su seno, si no se presenta militar compe- 
tente. Las armas serán carabinas de Remington, y ya 
tenemos ofertas de muchas. Un caballero nos regaló 40 
habilitadas de un todo. Aquel que por la distancia no 
pueda regalar armas, se espera que remita el equivalente 
de tantas como quiera ó pueda regalar. 

Ocúpese en esto, mire que la necesidad es grande y que 
nosotras las mujeres debemos hacer el último esfuerzo 
para ver si somos más dichosas que los hombres y acaba- 
mos de arrojar de Cuba el déspota español, llevando la úl- 
tima expedición. 

Actividad y valor. Si viera mi vida desde que estalló 
la revolución, comprendería que no aconsejo una cosa y 
hago otra. Almuerzo á las 7, corro á Nueva York, y paso 
el día ocupada en algo de la patria. La distancia entre 
la quinta en que resido y la ciudad, es de nueve millas, y 
hay que ir á la estación en coche, tomar el tren á las 8 y 
los carros de los tranvías ó los ómnibus á las 9. Vuelvo 
á comer á la noche, para seguir la misma tarea el día si- 



— 108 — 

guíente. De suerte que el único tiempo que dedico a mis 
hijos es el de la noche, sin contar con que entre tanto ten- 
go que atender á una larga correspondencia. 

Pero es tarde y debo concluir, deseándole todo género 
de felicidades, con recuerdos de Villaverde para su espo- 
so me suscribo de Yd., afectísima compañera, 

E. C. DE V. 

Mott Haven, Noviembre 1 ? dé 1870. 



Señoritas Filomena y Caridad Callejas. 

Charleston, S. C. 

Mis queridas compatriotas: 

Su grata del 15 con los vales del correo por $53, la re- 
cibí á tiempo y cobrada la cantidad, se publicó en " Ej 
Demócrata/' del cual remití á Yds. dos ejemplares j^ara 
satisfacción de Yds. y de los contribuyentes. Ese primer 
esfuerzo y su resultado, merecen todo elogio, y bien se 
conoce que Yds. son patriotas decididas. " La Liga," por 
mi conducto, las colma de bendiciones. 

Mis muchas y apremiantes ocupaciones me han impe- 
dido hasta ahora contestar la carta, con que acompañan 
Yds. la remesa del dinero. Deseaba decirles algo, princi- 
palmente sobre nuestro querido y valiente general Quesa- 
da; pero resulta que su ausencia se ha prolongado fuera 



— 109 — 

de los cálculos del mismo y de nuestras patrióticas espe- 
ranzas. Desde el día 7 del pasado mes debió haber sali- 
do para su destino final en Cuba, con muchos hombres y 
un magnífico armamento, y esta es la hora que no ha de- 
sembarcado. Por el contrario, ayer se ha dicho en esta 
ciudad, que su primer ayudante el coronel Adolfo Varona, 
que le precedió en el viaje como portador de pliegos, pav 
ra el presidente Céspedes, ha muerto á manos de los es> 
pañoles en la jurisdicción de Manzanillo, donde. desem- 
barcó solo á fines del mes pasado. Esto me ha afectado 
y deseo tanto más la llegada de Quesada, para que vengue 
su muerte con la de todos sus asesinos. 

Me preguntan Vds. quién es Aldama, y yo les contesto 
únicamente que no es de los nuestros. Primeramente, 
por su caudal pertenece á la aristocracia del dinero, y en 
segunda lugar, por su educación, hábitos y roce al parti- 
do conservador, el cual acepta, no quiere la revolución, 
pues está seguro que con su triunfo entrará á gobernar á 
Cuba libre é independiente el pueblo, la democracia. Ade- 
más, Aldama, como miembro de la extinguida Junta Cen- 
tral, como agente general de la república, ni como indivi- 
duo particular, le ha prestado ningún servicio señalado á 
la causa de la libertad. 

Bien sé que por su dinero, ha sido y es tenido como un 
grande hombre y decidido patriota entre ciertos paisanos 
nuestros; pero me consta que hasta ahora no ha hecho 
más de lo que otros muchos de mucho menos caudal que 
él. Por lo que toca á la Junta ó cuerpo de que Aldama 
es y sigue siendo cabeza, solo se ha distinguido por su 
habilidad en las intrigas y en el despilfarro de los cauda- 
les de la patria confiados á su administración y empleo. 
Sea por torpeza, sea por malicia, en dos años de guerra 



— llO- 
no han provisto de armas ni pertrechos á los patriotas en 
Cuba. Francisco J. Cisneros ha sido el arriero obligado 
de sus expediciones, y Vds. saben que en vez de llevárse- 
las a nuestros hermanos se las ha entregado todas á los 
españoles en las playas de Cuba ó Punta Brava. 

Y la verdad de que Aldama y los suyos no han querido 
ni quieren el triunfo de la revolución, se prueba por e| 
hecho de que ahora mismo están en tratos secretos en es- 
ta ciudad con Azcárate, comisionado español, para ver si 
los patriotas deponen las armas y volvemos al yugo de 
la España moderna, la cual no sé yo que sea menos opre- 
sora que la antigua. Traidores ! Juro á Vds., hermanas 
mías, que no se saldrán con la suya y que llevarán su me- 
recido temprano ó tarde. Los autonomistas ó concesio- 
nistas se componen principalmente de Aldama, Fesser, 
Mestre, Echeverría, Piñeiro, Merchan, José María Céspe- 
des, Fernando Escobar, Feliciano Mayen, Pedro Martín 
Rivero, Néstor Ponce de León, Hilario Cisneros, Federi- 
co Galvez y otros varios que hacen parte de la Junta Cen- 
tral, y antes abogaron por las reformas en " El Siglo " de 
la Habana y luego en Diciembre de 1868 le pidieron á 
Lersundi, capitán general entonces, la autonomía de Cu- 
ba, haciendo traición en aquellos momentos á nuestros 
hermanos que con las armas en las manos peleaban por la 
absoluta independencia de España. Estos son los hechos 
históricos y nadie puede llevar á enojo que se recuer- 
den. 

Con el cariño acostumbrado les saluda su compañera, 

E. C. DE V. 

P, IX — A última hora tengo el gusto de decirles que es 



— 121 — 

falsa la muerte del bizarro Varona, fué bola española. 
Aunque gravemente herido en la frente y el costado se 
salvó. De esta manera pretenden nuestros enemigos ma- 
tar la revolución en el papel, 

Mott Haven, Octubre 12 de 1870. 



Ciudadano general Máximo Gómez. 
Distinguido general: 

Hace mucho tiempo, que al oir hablar de las proezas de 
Vd., en las líneas de Santiago de Cuba, donde ha reempla- 
zado al fin dignamente al heroico general Mármol, había 
pensado significarle de algún modo el aprecio y admira- 
ción que sienten por Vd. sus conciudadanas, sobre todas 
la que ahora tiene el gusto de dirigirle estos renglones. Y 
hubiera realizada antes este pensamiento, grato siempre á 
una patriota, si las comunicaciones con Vds. fuesen más 
fáciles y frecuentes. 

Aunque no sabemos de Vds., sino de cuando en cuan- 
do, y eso imperfectamente, basta el saber que viven y no 
sucumben, tras lucha tan recia y continua, para que suba 
de punto la admiración que Vds. nos inspiran. De Vd., par- 
ticularmente, siempre hemos oido hablar con distinción, 
aun en los órganos del salvaje enemigo, y para estimular- 
le á nuevos hechos de valor y alentarle en la obra traba- 
josa, larga y sangrienta de acabar con los feroces enemi- 
gos, — me atrevo á dedicarle la pistola que lleva el porta- 
dor de esta carta, 



— 112 — 

Dobla mi deseo de demostrarle mi gratitud el saber que 
salió Vd. herido en uno de los últimos encuentros con el 
enemigo, y que quizás por falta de un arma como la que 
le envío ahora, estuvo Vd. á pique de ser prisionero y des- 
pedazado por esas fieras de la España moderna. Siempre 
que tenga ocasión de usarla piense en la oscura y desco- 
nocida mujer que na hecho poner su nombre al lado del 
de Yd. en el cañón de la pistola, y cuando meta una bala 
en el corazón de un enemigo de nuestra patria, tenga por 
seguro que hará latir de gozo al saberlo, el de su concíu- 
dadana y admiradora, 

E. C. de V. 
Mott Haven, Diciembre 20 de 1870. 



P. D.— Mayo 13 de 1871. 

El portador de este duplicado (Julio Peralta) informará 
á Yd. de los esfuerzos é intenciones que animan á la " Li- 
ga de las Hijas de Cuba," de que soy secretaria, para so- 
correr á Yds. El núcleo del batallón de la Cruz, armado 
y equipado por " La Liga," espero que Yd. le complete y 
haga lucir, en caso que el C. mayor general Julio Peralta, 
tenga que volver pronto, y que hará que su bandera, bor- 
dada por mí, se defienda y sustente del modo que lo fué 
la primera que remití al ciudadano presidente, y éste en- 
tregó á los bayameses á las órdenes de Modesto Diaz, 



113 



OFICIO 



Ciudadano Carlos del Castillo. 

Nueva York. 

Apreciable señor: 

La sociedad " Liga de las Hijas de Cuba," en conside= 
ración de las altas prendas que concurren en Vd., ha 
acordado nombrarle su tesorero por el término que seña- 
la el artículo 8 ? de su reglamento, y esperando que Vd. 
acepte, tenemos la honra de comunicárselo á los efectos 
consiguientes. 

Dios, P. y L., Nueva York, á 18 de Diciembre de 1870, 
3° de nuestra independencia. — Firmado: 

Francisca Fernandez, Presidenta. 

Eimlia C. de Villaverde, Secretaria. 



AOTA CUARTA, 



A consecuencia de comunicaciones del general Quesada 
fechas en Caracas á 8 de Diciembre del año que espira, 
se reunió " La Liga " en sesión extraordinaria y acordó la 
redacción de las siguientes comunicaciones, la una dirigí- 



— 114 — 

da al presidente de la república de Venezuela, C. Antonio 
Guzmán Blanco, y la otra á las venezolanas. Kedactadas 
y leidas en junta por la secretaria, fueron aprobadas y re- 
mitidas á su destino inmediatamente. 

D.ly L., Nueva York, Diciembre 30 de 1870. 



COPIA DE LOS DOCUMENTOS. 

Señor Antonio Guzmán Blanco. 

Caracas. 
Señor: 

La sociedad " Liga de las Hijas de Cuba," de que soy 
humilde secretaria, en sesión extraordinaria celebrada es- 
ta mañana, por unanimidad acordó anticiparle las más fer- 
vientes gracias por los favores que ya lia dispensado y que 
está en vi as de dispensar á la causa de nuestra desgracia- 
da patria, representada ahora ahí dignamente por nuestro 
bravo general Manuel Quesada, y apadrinada por el noble 
y generoso general P. Arismendi, conciudadano de V. E 

La premura del tiempo nos priva al presente del placer 
de dar expresión más efectiva al sentimiento de profunda 
gratitud de que estamos poseidas. La acción de V. E. 
aparece tanto más oportuna y sublime cuanto la triste isla 
de Cuba, en su lucha sangrienta contra el feroz enemigo, 
hasta ahora solo había despertado estériles simpatías en 
los pueblos libres que la rodean. 

Estaba reservado á un hijo de Caracas, emular á los 
colombianos que libertaron el continente suramericano de 



— 115 — 

la dominación española y acabar en la Perla de las Anti- 
llas la obra que solo pudo principiar el más ilustre de los 
hijos de esa misma ciudad. De hoy en más el nombre de 
Guzmán Blanco correrá unido en nuestros corazones al 
de Narciso López, Céspedes, Quesada, Aurrecochea, Már- 
mol, Gómez, y demás defensores de la libertad é indepen- 
dencia de nuestra querida patria. 

Entretanto se presenta la oportunidad de mostrar á V. 
E. nuestra gratitud, la " Liga de las Hijas de Cuba," en 
nombre de todas las cubanas, aprovecha la ocasión para 
ofrecer á V. E. sus respetos y suscribirse de Y. E. con la 
más alta consideración, atentas servidoras. 

Dios, Patria y Libertad, número 309 Quinta Avenida, 
Nueva York, Diciembre 30 de 1870, 3 P de nuestra inde- 
pendencia. Firmado; 

F. Fernández, Presidenta. 

E. C. de Yillaverde, Secretaria. 



A LAS VENEZOLANAS. 

La sociedad " Liga de las Hijas de Cuba," ha sabido 
con profunda emoción que las nobles y entusiastas vene- 
zolanas, para responder al grito lanzado en Yara, anuncian 
el deseo de constituirse en sociedades políticas, y ponerse 
de acuerdo con las cubanas en el destierro y ver de ayu- 
darlas en la cruzada contra la dominación de España en 
las Antillas. 

No esperábamos menos de esas hijas de la América. En 



— 116 — 

el ejemplo y proezas de las patriotas venezolanas, nosotras 
las hijas de Cuba, hemos aprendido á amar la libertad y á 
odiar la tiranía, y no olvidamos que Bolívar, el más ilus- 
tre de los hijos de Venezuela, proyectó nuestra liberación 
del dominio español, ni que Paez y Sucre estuvieron á 
punto de repetir en los campos de Cuba y Puerto Rico, 
los hechos de armas con que inmortalizaron sus nombres 
en las Queseras del Medio y en Ayacucho. No en vano 
así mismo, el bravo López, hijo también de Venezuela, 
dio su vida por los cubanos y trazó el camino por donde 
marchan ahora unidos nuestros Céspedes, Quesada, Agra- 
monte, Mármol, Gómez, Cavada, García y demás heroicos 
campeones de la independencia cubana. 

Mucho nos halagan las muestras de simpatía de nues- 
tras hermanas de Venezuela, porque esto prueba que ellas 
son las mismas de siempre y que nuestra causa es justa. 
De lamentarse es, pues, que nos hayan mantenido separa- 
das j)or tanto tiempo los efectos de una política errada y 
quizás también maquiavélica. 

Los principios cuya defensa inunda hoy en sangre el 
suelo de nuestra querida Cuba, son los mismos por los 
cuales sufrieron tanto é hicieron todo género de sacrifi- 
cios las nobles suramericanas en el primer cuarto de este 
siglo. Ni ha cambiado tampoco el carácter feroz de los 
españoles; por eso á las Salavarrieta, Palacios, Montilla, 
Toro y Luisa Cáceres de Arismendi, ya la historia de 
nuestra revolución opone los nombres de María Guerra, 
de Mercedes Varona, de Margarita Spoturno, de A. 
Betancourt de Mora, y de otras patriotas cubanas que 
han padecido el martirio ó la persecución por causa de la 
patria. 

En nombre de nuestras conciudadanas, tanto de las que 



— 117 — 

con nosotras comen el amargo pan de la emigración, co- 
mo de las que en el suelo natal aun gimen bajo el yugo 
de la tiranía española, saludamos cordialmente á nuestras 
dignas hermanas de Venezuela, compañeras hoy en los es- 
fuerzos que hacemos todas en favor de la libertad é inde- 
pendencia de Cuba. Su cooperación al mismo tiempo que 
nos llena de regocijo y orgullo, nos anuncia que no está 
distante el día en que veamos brillar en nuestra oprimida 
patria, el sol de Carabobo, de Boyacá y de Ayacucho. En- 
tonces las hijas de Cuba independiente podrán alzar los 
ojos hasta las hijas de la soberana Venezuela, y estrechán- 
doles las manos les recordarán con efusión de gratitud 
que les deben en paite lo que al gran Bolívar debió casi 
por completo el continente Sur americano. 

Dios, P.yL, Nueva York, Diciembre 24 de 1870, 3? 
de nuestra independencia. Firmado: 

F. Fernández, Presidenta. 

E. C. de Villaverde, Secretaria. 



Ciudadano general Manuel Quesada. 

Caracas. 

Distinguido general: 

A última hora se presenta un portador para ese país y 
aprovecho la ocasión para escribir á Vd. estas líneas y ro- 
garle poner en manos del ilustre Guzmán Blanco la co- 
municación de la " Liga de las Hijas de Cuba," en caso 
que Vd. crea llena en parte siquiera sus deseos. Cubra 



— 118 — 

Vd. la direeción del oficio, pues que ignoro los títulos y el 
nombre del nuevo redentor de nuestra patria. También 
recibirá Vd. adjunto un manifiesto á las venezolanas, el 
cual hará Vd. publicar ó nó, según crea conveniente. 

Aun no he podido ver al Sr. Ruiz ó ignoro por consi- 
guiente la especie del encargo que dicen Vd. nos hacía en 
carta á él; por el próximo vapor y mejor enteradas proce- 
deremos. 

Está demás decirle que desde aquí le seguimos á todas 
partes con el pensamiento y que en el éxito de la empre- 
sa que á ese país le ha llevado, están fundadas nuestras 
esperanzas, pues de ella y de Vd. depende que tengamos 
patria 6 nó. 

Esta mañana he visto á sus dos hijos, á su señora madre 
y hermanas, todos buenos. Parece inútil que le repita 
que siempre que se trate de servir á Cuba, encontrará Vd. 
dispuesta á su atenta servidora y conciudadan, 

E. C. de V. 

Mott Haven, Diciembre 30 de 1870. 



Ciudadano general Manuel Quesada. 

Caracas. 

Distinguido general: 

A la carrera escribí á Vd. con fecha 30 de Diciembre 
próximo pasado, acompañándole una comunicación para 
el presidente de esa república, y un manifiesto á las seño- 
ras de Venezuela, todo bajo sobre á Vd., remitido por me- 



— 119 — 

dio del ciudadano Y. M. Varona. Hoy vuelvo á escribir á 
Vd. también de carrera, para enviarle duplicados de esos 
documentos, por si se adelanta algo por esta vía ó se pier- 
den los originales. Por mucho que yo desee que los tales 
papeles lleguen por manos de Vd. á las personas á quienes 
van dirigidos, bien sabe Dios que me alegraría cien veces 
más de que estas líneas no le encuentren en ese país hos- 
pitalario. 

La patria clama por Vd., y todos aquellos que fundan 
sus esperanzas en las proezas de Vd., aguardan por el día 
en que el telégrafo nos anuncie que Vd. ha caído como 
el rayo en medio de nuestros enemigos. 

Su familia de Vd., buena, aunque su señora madre algo 
triste, porque se ha sabido que Anita ha caído en manos 
de ^^spañoles con Juan Clemente Zenea que la acom- 
pañaba. 

Deseándole todo género de felicidades, es de Vd. aten- 
ta servidora y conciudadana, 



E. C. DE V. 



Mott Haven, Enero 10 de 1871. 



Señora doña Dolores de Urdaneta. 

Presente. 

Distinguida señora: 

Si el poseer un nombre histórico, un noble corazón, to- 
das la virtudes y una posición en la sociedad, que rodean 
á Vd. de toda clase de consideraciones, me dan derecho á 



— 120 — 

esperar de Vd. todo lo que sea grande y generoso, á na- 
die mejor que á Yd. pudiera dirigir la adjunta excitación 
patriótica que la sociedad de señoras instalada en Nueva 
York con el nombre de " Liga de las Hijas de Cuba," di- 
rige á las señoras venezolanas. 

Nada puede estar tan en armonía con los sentimientos 
generosos de las señoras venezolanas, que han guardado 
intacto en su seno el lieroismo de sus antepasados, que 
saben trasmitir á sus hijas, como el ayudar con su influen- 
cia y simpatías á los hijos de Cuba, que combaten hoy el 
mismo enemigo y las mismas causas contra que lucharon 
ayer los venezolanos. 

Dígnese Yd., señora, acoger con agrado y fervoroso 
empeño el escrito que la envío, que si así lo hiciere, segu- 
ro estoy de que las cubanas verán realizadas sus e/A^eran- 
zas. 

Sírvase Yd. también admitir las más expresivas y anti- 
cipadas gracias por este servicio y permítame el orgullo 
de suscribirme de Yd. con el mayor respeto, sn más afec- 
tísimo seguro servidor 

Q. B. S. P. 

M. QüESADA. 

Caracas, Marzo 12 de 1871. 



— 121 — 



Señor general Manuel Quesada. 

Presente. 
Distinguido general y amigo : 

Altamente satisfactoria y honrosa es para mí la comisión 
que Vd. se lia servido darme y que acepto con gusto, no 
solo por un deber de confraternidad hacia las generosas 
cubanas que alimentan el fuego sagrado de la indepen- 
dencia, sino porque Vd. ha sabido interesar para ello los 
sentimientos de patriotismo de quien ha visto ofrendar la 
sangre de casi toda su familia en aras de la libertad Sur- 
americana. 

En consecuencia he señalado el día de mañana para la 
instalación de la sociedad de señoras que tendrá por ob- 
jeto secundar las nobles miras de las ilustres hijas de Cu- 
ba que se han dirigido á nosotras pidiéndonos nuestra 
cooperación en la grande obra de la independencia de su 
patria. Allí será leida la nota de dichas señoras; y de se- 
guro que se conmoverán nuestros corazones, al considerar 
los esfuerzos de las patriotas cubanas en apoyo de los de 
un pueblo oprimido que lucha por la misma causa que el 
primer cuarto del siglo renovó el continente americano á 
la omnipotente voz del inmortal Bolívar. 

Tanto más honrosa es para mí la comisión de instalar la 
sociedad de señoras venezolanas, cuanto que la eleción 
que en mí se ha hecho es un acto de honor y considera- 
ción que me dispensa el ilustre caudillo de la revolución 
cubana, el caballeroso y cumplido general, de quien me 
suscribo atenta servidora, 

Dolores de Urdaneta. 

Caracas, Marzo 31 de 1871. 



— 122 — 



ACTA QUINTA. 



En la ciudad de Nueva York, á 4 de Febrero de 1871, 
reunidas las señoras que abajo se expresan en sesión ex- 
traordinaria, por convocación especial, para tratar de lo 
ocurrido en Cuba con motivo del viaje de D. Juan Cle- 
mente Zenea, y otros particulares ; se procedió en primer 
lugar á la elección de empleadas para el nuevo trienio del 
comente año, según previene el reglamento. Y resulta- 
ron electas la señora Angela Q. de Embil para presidenta; 
la señora Carmen Loynaz de Quesada para vice-presiden- 
ta; la señora Emilia C. de Villaverde fué reelecta secreta- 
ria; la señora F. Fernández elejida vice-secretaria, y el 
señor C. del Castillo confirmado tesorero. 

Después propuso la secretaria y se aprobó por unani- 
midad, que tomara bajo su cargo la sociedad á la familia 
del general Quesada, por ser esto más propio de señoras, 
además de estar de acuerdo con la índole de " La Liga," 
y con tal motivo se propuso hacer una suscrición entre al- 
gunas de las socias y otras señoras cubanas, que estimen 
oportuno concurrir á este objeto patriótico. 

En seguida, y oidas de boca de la señora de Céspedes 
la larga y triste historia de los sufrimientos, escaseces, 
penalidades y trabajo de los patriotas, sus mujeres é hijos 
en los campos de la patria, "La Liga," acordó nombrar 
una comisión de su seno, compuesta de tres señoras para 
que apelando á la caridad del pueblo americano, levanta- 
se fondos con la promoción de conciertos, rifas, ferias, lec- 
turas, y otros espectáculos, para acudir al remedio de ma- 



— 123 — 

les y necesidades no menos apremiantes que generales. 
La sesión terminó con las siguientes resoluciones que 
leyó la secretaria y que después de una breve discusión 
fueron aprobadas con muestras de entusiasmo. 

LA LIGA DE LAS HIJAS DE CUBA, 

en reunión extraordinaria, considerando : 

Que D. Juan Clemente Zenea, preso en el castillo de la 
Cabana en la Habana, según se ha probado plenamente, 
fué á la isla de Cuba en medio de los patriotas, comisio- 
nado por el agente español D. Nicolás Azcárate, con salvo- 
conducto del ministro de Ultramar, ó del ministro espa- 
ñol en Washington, y cartas amplias de recomendación 
del C. Miguel de Aldama, agente general de nuestra re- 
pública y del C. José Manuel Mestre, encargado diplomá- 
tico de la misma, con el dañado propósito de engañar al 
presidente Carlos Manuel de Céspedes, descorazonar á los 
patriotas de allá y desacreditar á los de acá, sin perdonar 
alas señoras, á fin de hacerles desistir del empeño de li- 
bertar á la patria por la fuerza de las armas y de reducir- 
nos á todos á la necesidad de transigir con España: 

Se resuelve, que esta sociedad mira la conducta de D* 
Juan Clemente Zenea en su reciente visita á Cuba, como 
aleve y traidora en alto grado, y espera que todos los cu- 
banos de recto corazón y acrisolado patriotismo, condenen 
el nombre del traidor á perpetua infamia y execración ge- 
neral. 

Se resuelve, que los C. C. Aldama y Mestre son de con- 
siderarse cómplices principales en la negra traición de 



— 124 — 

Zenea, por haberle proporcionado las cartas de recomen- 
dación, con las cuales pudo llegar hasta la presencia del 
presidente y engcñarle villanamente, pasando por comi- 
sionado de aquellos para dar informes verbales; y que co- 
mo tales cómplices, no merecen la confianza de los patrio- 
tas cubanos. 

Se resuelve, que nuestro digno presidente, Carlos Ma- 
nuel de Céspedes, no ha perdido por eso el amor ni el res- 
peto de sus conciudadanos, pues ignorante y todo del ca- 
rácter real de la comisión del traidor Zenea, declaró que 
fuera el que fuese el resultado de la lucha, estaba resuelto 
á no transigir con España. 

Se resuelve, que á costa de los fondos de la sociedad, 
se impriman, publiquen en varias lenguas y se circulen 
copias bastantes de las presentes resoluciones, á fin de que 
lleguen á conocimiento de todos los cubanos é interesados 
en que se castigue á los traidores y se haga justicia al 
pueblo, que, casi inerme y completamente solo, viene lu- 
chando hasta ganar su libertad é independencia. 

Un extracto de esta acta y resoluciones se comunicó á 
la Prensa Asociada de esta ciudad y apareció en varios 
periódicos el lunes. El domingo apareció por extenso en 
" El Demócrata,"y la secretaria ha remitido copia á los pe- 
riódicos franceses é italianos en esta ciudad, á varios pe- 
riódicos de Madrid y á otros en Alemania, cumpliendo así 
con el acuerdo de "La Liga." 

Terminada la sesión se procedió á rifar el cuadro al 
óleo alegórico de la revolución de Cuha, en cuya opera- 
ción ha venido trabajando la actual secretaria desde Ju- 
nio de 1869. Resultó agraciado con el cuadro el número 



— 125 — 

595, aunque no ha sido ese el de los billetes vendidos en 
conjunto. 

Angela Q. de Émbil. — María Josefa de Moya. — Fran- 
cisca Fernández. — Ana Q. de Céspedes. — C. Quesada. — 
Caridad Quesada. — Concepción de Orta. — Emila C. de 
Yillaverde. 



ACTA SEXTA. 



En la ciudad de Nueva York, á 23 de Febrero de 1871, 
reunidas las señoras abajo firmadas en la morada de su 
presidenta, por convocación de ésta, para tratar sobre el 
manifiesto de los comisionados y el agente general, inser- 
to en " La Revolución " del día 14 del mes que espira. 

Actuando como secretaria ad hoc la señora C. C. de 
Orta, leyó el acuerdo, que es como sigue: 

" La Liga de las Hijas de Cuba," ha leido con pena el 
manifiesto dirigido á los cubanos por los comisionados y 
el agente general, inserto en cc La Revolución " del día 14 
del presente mes. 

Con harta pena han leido las " Hijas de Cuba " ese pa- 
pel, porque temen que su publicidad pueda ser ocasión 
de que recaiga sobre el gobierno de la república, ó sobre 
el pueblo cubano, alguna parte del descrédito á que se 
han hecho acreedores el agente oficial y los representantes 
in partibus; y con dolor se resuelven á comparecer de 
nuevo ante sus compatriotas, no para sincerarse de las 



— 126 — 

gratuitas inculpaciones que les hacen, sino para ampliar, 
motivar y ratificar las resoluciones adoptadas en la sesión 
extraordinaria de 4 del mes que cursa. 

Dicen esos señores, "que la revolución ha levantado 
desde el cieno hasta la superficie de la sociedad cubana, 
algunos engendros perniciosos invadidos de hidrofobia, 
etc., etc., que para dar visos de verisimilitud á sus calum- 
nias, y para hacer más dolorosas las heridas, han puesto 
el puñal en manos de mujeres, las cuales nada más que 
por darse el gusto de andar mezcladas en algaradas 
políticas, se han prestado á ser instrumentos de manipu- 
lantes poco escrupulosos, han comprometido el respetable 
nombre de la esposa del presidente Céspedes y ofendien- 
do desapiadadamente á la verdad, al honor y á la patría, 
personificados en esos tres caballeros, les han clavado ale- 
vemente un puñal en el corazón, haciéndoles padecer 
amarguras peores que las del destierro, y más desgarra- 
doras que las del despotismo español." 

Dijeron las " Hijas de Cuba," que los C. C. Aldama y 
Mestre eran de considerarse cómplices en la trición de 
Zenea. — Al escuchar tan "procaz injuria," se espantaron 
los C.C. Aldama y Mestre, y fué tal su indignación, que 
la sangre se les paralizó en las venas. 

Percíbese fácilmente el gran enojo del autor del mani- 
fiesto de 10 de Febrero, en el tono destemplado conque 
dirige sus acusaciones; tono sin duda impropio del pues- 
to que ocupan los que suscriben ese papel. Pero esto, si 
bien se mira, merece disculpa, porque es natural irrite la 
oposición á quien no está acostumbrado á encontrarla, 
mayormente si ha desempeñado empleos del gobierno es- 
pañol en Cuba. 

"Las Hijas de Cuba," por lo tanto, sin darse por ofen- 



— 127 — 

elidas, declaran que no conocen á los referidos "engen- 
dros perniciosos,'' ni nunca han procedido á instigación 
de nadie, y que al adoptar las resoluciones del 4 de Fe- 
brero, no obedecieron á otros dictados que á los de su 
patriotismo. 

IC1 agente y los comisionados, para desvirtuar el efecto 
de las resoluciones de " La Liga," aseguran tener en su 
poder cartas de la esposa del presidente que niega haber 
asistido á la sesión. Asistir á una sesión y estar presente 
en la casa en que tiene lugar una reunión, son cosas muy 
diversas; y es claro, que sin tomar parte en las discusio- 
nes, ni en los acuerdos de una sociedad, por no ser vocal, 
es posible suministrar informes á los socios. Esto se " ha 
dicho que ha hecho'' esa señora, y "no cabe presumir" 
que lo haya negado en las cartas de 7 y 8 de Febrero, que 
el manifiesto menciona, pero que no reproducen sus fir- 
mantes. En cuanto á la señora madre del general Que- 
sada estuvo representada por una de las señoritas sus hi- 
jas, que en su nombre aceptó la vice-presidencia; y por lo 
que hace á la señora Fernández, allí aceptó gustosa la vi- 
ce-secretaría, y aun á la fecha no ha mandado su renun- 
cia, ni dicho nada sobre el particular. 

Estas pequeneces no atañen al público, ni le importan, 
ni son dignas de la atención que reclaman asuntos más 
graves. 

Los comisionados y el agente han publicado una labo- 
riosa relación y unos apéndices que lejos de desvirtuar, 
corroboran de la opinión que de ellos tiene formado un 
gran número de sus compatriotas. 

A mediados del año próximo pasado anunció " El De- 
mócrata" que pronto llegaría á Nueva York D. Nicolás 
Azcárate, autorizado por el ministro de Ultramar, para 



— 128 — 

proponer á la Junta Cubana un plan de arreglo, basado 
sobre concesiones análogas á las formuladas en la Habana 
en Enero de 1869. La mayor parte de los individuos que 
componían la Junta habían pertenecido con Azcárate á 
lo que entonces llamaban en la Habana partido concesio- 
nista; muchos eran sus íntimos amigos, otros estaban li- 
gados con él por estrechísimos vínculos de antiguo compa- 
ñerismo, algunos habían sido sus colegas cuando la mal- 
hadada comisión á Madrid, varios habían con él y como 
él empleos del gobierno español en la isla de Cuba, más 
de uno había figurado en la memorable presentación á 
Lersundi en Octubre de 1868, y casi todos se habían pro- 
nunciado por la autonomía en Enero del siguiente año, 
como antes habían proclamado en " El Siglo " que su pro- 
grama era '" todo con España y todo por España." 

Estas eran razones para que la venida de Azcárate des- 
pertase la atención general de los cubanos. Llegó, y á 
los pocos días desmintió bajo su fiema, y valiéndose de la 
prensa periódica, lo ya publicado respecto á él; pero lo 
hizo en términos tan estudiados y capciosos, que dejaron 
en pie las sospechas que inspiraba su presencia. 

En Agosto formuló una protesta la sociedad de Artesa- 
nos Cubanos contra los trabajos de Azcárate; desde el l 9 
de Setiembre empezó "El Demócrata" á dar el alerta. 
Todos veían el constante trabajo de Azcárate con los se- 
ñores de la Junta, y sus más inmediatos adeptos sabían 
lo que pasaba; pero guardaban el secreto. El periódico 
de la Junta callaba, y aunque había vehementes sospechas 
de lo que estaba sucediendo, los que las tenían, se veían 
en el caso de limitarse á vagas insinuaciones, porque ca- 
reciendo de pruebas, corrían riesgo de ser desmentidos y 
quedar por calumniadoi'es, 



— 129 — 

Ázcárate y el comisionado Mestre estaban ya en tratos, 
porque según ahora confieza este último el 6 de Setiem- 
bre de 1870, dirigió una comunicación al gobierno de Cu- 
ba participándole — " que una persona digna de crédito, 
que asegura estar completamente autorizada por el go- 
bierno español, pero que desea mantener por ahora reser- 
vado su nombre, se le ha presentado con ofertas, etc., etc." 
el motivo de la reserva del señor Mestre, que escondía á 
su gobierno un nombre conocido de tantos cubanos, sa- 
bránlo Dios y él; y hubiéranlo sabido desde entonces el 
ejército libertador y el presidente de la república de Cu- 
ba, si las comunicaciones con la patria no hubieran esta- 
do monopolizadas por los hombres de la Junta. 

Los rumores de negociaciones tomaban cada día más 
consistencia, porque se iban haciendo sentir los trabajos 
de los propagandistas; pero la Junta y su órgano conti- 
nuaban callados. 

" Mientras se recibía la respuesta del gobierno cubano 
(dice el manifiesto) "La Revolución," 'periódico que re- 
presenta las ideas de los funcionarios de Cuba en este 
país,' combatió la misión de Ázcárate y el pensamiento 
de transigir con España, y á fin de precaver á los emi- 
grados cubanos contra las persuasiones posibles del emi- 
sario español, atacó á este último por la propaganda que 
se le atribuía, obligándolo á negarla, y á declarar, etc., 

etc." 

Esto es, el comisionado que estaba en tratos con Ázcá- 
rate, que había enviado á Cuba sus proposiciones, lo ata- 
ca por medio de su órgano, y lo obliga á negar que hacía 
propaganda, para precaver de ese modo á los emigrados 
de las persuasiones del emisario; y esto lo hace el 20 de 
Setiembre, No parece sino que el comisionado trataba 



— 130 - 

más bien de adormecer la vigilancia de los emigrados, 
que de precaverlos de las persuasiones de su amigo, á 
quien todos sabían que trataba á pesar de hacerlo algu- 
nas veces á puerta cerrada. 

" El Demócrata," y la Sociedad de Artesanos, que vis- 
lumbraban algo, le gritaban á la emigración que estuvie- 
se sobre aviso, y el comisionado le decía á los emigrados 
que nada tenían que temer. Aquí, á juicio de las "Hi- 
jas de Cuba." ni el comisionado Mestre, ni los otros fun- 
cionarios que imitaban su conducta, cumplían con su de- 
ber; porque no contentos con guardar silencio, trabaja- 
ban por extraviar la opinión, escondiendo peligros que 
muy torpes tenían que ser para no percivirlos. 

Llegó Noviembre. Zenea salió para Cuba el día 3 con 
eficacísimas cartas de recomendación de Aldama y Mes- 
tre: el primero le decía al presidente Céspedes que Ze- 
nea iba á dar allí informes de lo que acá pasaba, y anti- 
cipadamente aseguraba que serían fidedignos; el segun- 
do decía que Zenea iba á estudiar allá para volver á in- 
formar acá, recomendaba que se le proporcionasen facili- 
dades—" para realizar su plan sin dificultades," — y para 
regresar cuanto antes. Y lo más singular es que ni en el 
agente, ni en el comisionado, ni en ninguno de sus com- 
pañeros despertase sospecha alguna lo que tan sospecho- 
so fué para los que no estaban, como ellos en incesante 
roce con Zenea y Azcárate, denunciado á la opinión pú- 
blica — " como enemigo político," y " como enemigo te- 
mible " de los cubanos. 

Fuera ya Zenea, se celebró una reunión el 5 de No- 
viembre en casa del comisionado Mestre. A ella fueron 
citados por indicación de Azcárate, varios cubanos resi- 
dentes en Nueva York y en otras ciudades de la Union, 



— 131 — 

para oir las proposiciones del gobierno español. Al otro 
día corrían de boca en boca los pormenores de la sesión; 
pero cuando á los que daban los informes se les pedía 
que autorizasen su publicación se negaban. 

El 22 dio " El Domócrata" un artículo alusivo ala reu- 
nión y tan vago como tenía que ser por Mta de pruebas;. 
el 23 dijo el mismo periódico que un individuo, que por 
falta de comprobantes no nombró, aunque tenía la certe- 
za de ser Zenea, estaba en Nassau para seguir á Cuba li- 
bre, con salvo conducto español; el 25 formuló y publicó* 
una protesta contra la trama la sociedad de Artesanos; el' 
28 amplió "El Demócrata" esa protesta; y en 1° de Diciem- 
bre dio un editorial el " periódico que representa las. 
ideas del comisionado/' ridiculizando los barullos de "El 
Demórata," y poniendo en duda lo que le constaba era 
positivo. 

Ya el 30 de Noviembre, 27 días después de la partida 
de Zenea, 7 días después de haberlo insinuado (< El De- 
mócrata, cuando era público que Zenea había desembar- 
cado en Nassau con salvo-conducto español, 6 días des- 
pués de la enérgica protesta de la sociedad de Artesanos, 
y cuando se había pedido ya repetidas veces una protes- 
ta cuyo eco llegase a Cuba libre para impedir que el emi- 
sario engañase á los patriotas: entonces dirigió una co- 
municación el comisionado Mestre al gobierno de Cuba, 
avisando que se dice aunque él no lo cree que Zenea ha 
ido á lo que fué, y repite que no lo puede creer, aunque 
e& bueno por si acaso prevenirse ; pero si la acusación que 
se le hace resultare ixcierta, y es solo producto (como 
presume el Sr. Mestre,) de la alevosía de algunos enemi- 
gos cobardes, recomienda le den certificados para que al 
volver aquí vindique su reputación» Pe modo que si no 



— 132 — 

da la la casualidad de tropezar con Zenea el brigadier 
Chinchilla, que no estaba en el secreto, vuelve aquí el 
emisario y anonada y anatematiza por calumniadores y 
perversos engendros rabiosos á todos los que habían di- 
cho la verdad y cumplido el deber de decirla. 

La Sociedad de Artesanos de Nueva Orleans secundó 
las protestas de Nueva York, y el comisionado Mestre, los 
reconvino duramente á fines de Diciembre, por medio de 
"La Eevolución." 

Hasta el 7 de Enero no se dio por entendido ese papel 
de que hubiese habido proposiciones, reuniones y todo 
lo que nadie ignoraba. Este periódico inspirado por el 
comisionado no vino á saber hasta Enero que había habi- 
do proposiciones, á pesar de que el comisionado las tras- 
mitió á Cuba en Setiembre; y no logró averiguar hasta 
Enero que había habido reuniones, á pesar de haberse ve- 
rificado éstas en Noviembre, en casa del comisionado y 
convocadas por él. 

Sucedió por fin, que Zenea fué preso y que para evitar 
que lo fusilasen, presentó el salvo-coducto á un oficial es- 
pañol que lo divulgó. Se levantó aquí un clamoreo uni- 
versal. " Las Hijas de Cuba " calificaron á Zenea é incul- 
paron al agente y comisionado, por ineptitud, cuando me- 
nos de haberle dado los medios de llevar a cabo su trai- 
ción. 

Zenea entró en Cuba libre con las cartas de Aldama v 
Mestre, engañó al presidente Céspedes, los funestos resul- 
tados son ya notorios, y si no está aquí á estas horas con- 
fundiendo á los calumniadores, es porque una casualidad 
providencial le impidió embarcarse y destruir el salvo- 
conducto que, dándole la vida, hizo pública su vergüenza. 

El manifiesto prodiga injurias á los engendros pernicio' 



— 133 — 

sos y no las escasea á las "Hijas de Cuba/' pero no presenta 
un solo dato, ni una sola razón que las convenza de que 
deben retirar ó anular sus resoluciones de 4 de Febrero: 
lejos de eso las corrobora en su opinión. 

Por lo tanto, teniendo presente la "Liga de las Hijas 
de Cuba, todo lo contenido en el manifiesto del agente y 
comisionados: 

Considerando todo lo ya mencionado con referencia á 
ese documento y sus antecedentes : 

Considerando que Zenea no hubiera podido llevar á ca- 
bo su traición sin las cartas, tan para el caso de Aldama y 
Mestre. 

Considerando que la ignorancia de lo que sabían los ex- 
traños en los asuntos de Azcárate y Zenea, demuestra ab- 
soluta ineptitud, y si es fingida revela mala fe . 

Considerando que hasta última hora han estado ocul- 
tando la verdad, y extraviando la opinión pública : 

Considerando que Azcárate y ellos, y el reducido núcleo 
de sus inmediatos servidores, son los que en Cuba predi- 
caban el "todo con España, y todo por España:" 

Recordando que la mayor parte de ese número ha de- 
sempeñado, mientras pudo, empleos del gobierno español 
en Cuba: 

Recordando el contenido de los papeles interceptados 
cuando la prisión del joven Luis Ayestarán: 

Recordando la especie de guerra que esos hombres hi- 
cieron al general Quesada y calumnias que propalo su pa- 
pel: 



— 134 — 

Recordando su conducta con la madre de ese general, 
que es al mismo tiempo madre política del presidente 
Céspedes: 

Considerando la enormidad de los caudales públicos 
que han derrochado y su inhabilidad patente para cuanto 
concierne á emisión de bonos, suscriciones patrióticas y 
cuanto tenga que hacer con dinero, cuentas y comproban- 
tes: 

Considerando que han convertido así en verdadera ca- 
ja de Pandora la caja de la agencia cubana. 

Considerando que ni como ministro, ni presidente, ni 
comisionado, ni agente, nada han conseguido con el go- 
bierno americano, sino el ridículo. 

Considerando que cuantas expediciones militares han 
mandado á Cuba, han sido provechosas solo para España, 
y debe esperarse que tengan igual resultado las que des- 
pachen en lo adelante : 

Considerando que están resistidos á declarar libre ante 
notario público, á todos los esclavos que poseen ó poseían, 
"estorbando con su resistencia," el reconocimiento de be- 
ligerancia de Cuba por los gabinetes de Washington y 
St. James; haciendo sospechosos con esto su liberalismo. 

Considerando que servidores mercenarios suyos acusa- 
ron en sus declaraciones el vapor "Florida," y que ellos 
sabiéndolo los conservan á su servicio : 

Considerando que el comisionado Mestre llamo malva- 
dos á excelentes patriotas, por no estar sometidos á su fé- 
rula. 

Considerando la contestación pública dada por el agen- 



— 135 — 

te al general Byan, en que sigue la antigua costumbre de 
aplaudir al que manda, y lo hace declarándose muy agra- 
decido á la hospitalidad que han recibido los cubanos que 
representa: 

Considerando la responsabilidad que voluntariamente 
ha asumido el otro comisionado Echeverría, que ha pues- 
to su firma al pié del manifiesto. 

Kesuelve la " Liga de las Hijas de Cuba " : 

I- Que los ciudadanos Aldama, Mestre y Echeverría, 
no reúnen las condiciones necesarias para el desempeño 
de los asuntos de Cuba: 

2 9 Que la ingerencia de esos tres señores en los asuntos 
públicos de Cuba es funesta para la causa de la libertad, 
y más funesta la de sus inmediatos servidores : 

3° Que ratifica las resoluciones adoptadas en la sesión 
de 4 de Febrero de 1871. 

Angela Q. de Émbil— C. C. de Orta — I. C. de Valdés. 
— M. de Izquierdo. — En representación de M. J. de Mo- 
ya, de Ana de Castillo de Callejas, la señora Concepción de 
Orta. A la señora Emila C. de Villaverde, se le remitió 
copia del acuerdo y lo aprobó. 

Es copia fiel de las actas de la sesión celebrada el 23 
del mes de la fecha. 

E. C. DE V. 



Nueva York, Febrero 27 de 1871. 



— 136 — 

Señora M. C. de Mayorga. 

Nueva York. 
Apreciable señora: 

Acabo de recibir 20 billetes para una función en el tea- 
tro de la "Unión League," que Yd. se sirve remitirme por 
conducto del Sr. Fernando Kodriguez. Aplaudo el buen 
desee de Yd. y quisiera complacerla en este encargo pa- 
triótico, ayudando en la venta de dichos billetes. Pero 
varias razones de gran peso me impiden tomar parte en 
este asunto. 

Pertenece Yd. á una sociedad que entrega sus fondos 
ó efectos, como por obligación, á la Junta Central, y si lie 
de ser franca, no quiero, ni puedo, ni debo contribuir a lo 
que entiendo es una verdadera iniquidad. 

Los hombres de esta Junta hasta ahora han estado tra- 
bajando más ó menos abiertamente contra la revolución 
de Cuba y acaban de hacerse cómplices de la traición de 
D. Juan Clemente Zenea, dándole carta de recomendación 
para engañar al presidente Céspedes, desacreditar á los 
patriotas de aquí y llenar de pavor á los de allá. 

La obra inicua é infame de Zenea en Cuba libre no hu- 
biera podido realizarse sin las cartas de Aldama y Mestre, 
y yo, aunque humilde patriota, me creeria la menos dig- 
na de las cubanas, si contribuyese en lo más mínimo á 
sostener en sus puestos á esos enemigos encubiertos de 
mi patria. 



— 137 — 

Siento que Vd me haya ocupado en un negocio en que 
se trata de dar dinero ó ser á la ominosa Junta Central, 
porque tendría gusto de servir á Vd. y aun desearía me 
ocupase en cualquiera otra cosa. 

Sin más soy de Vd. muy afecta y atenta servidora, 

E. C. DE V. 

Mott Haven, Febrero I o de 1871. 



Señora Angela Q. de Émbil. 

Nueva York. 
Querida Angelita: 

Después que me separé de Vd. hoy, pensé que no de- 
bía perderse tiempo en formar el batallón de la Cruz, y 
para ello nombré á Beraza capitán abanderado, pues tie- 
ne algún conocimiento de táctica, para que lo reclute y 
organice cuanto antes, siendo muy conveniente que apren- 
dan á lo menos el manejo del arma y se ejercite y disci- 
pline. 

Tan pronto como vaya 4 la ciudad buscaré el salón de 
armas donde hagan ejercicio los reclutas. Le he dicho á 
Beraza que á lo menos debe reunir cien hombres y le he 
prometido que nosotras los equiparemos y armaremos. 

Este proyecto lo someteremos á la consideración de 
" La Liga " en la primera reunión, si Vd. lo aprueba y lo 
cree conveniente. 

Adiós ! Su compañera, 

E. C. de V. 

Mott Haven, Marzo 31 de 1871. 



— 138 



Señoritas Filomena 7 Oaridad Callejas. 

Charleston, S. C. 
Apreciables eonciudadanas: 

Supe ayer por Anita Castillo que Yds. habían tenido á 
su papá enfermo de alguna gravedad; pero me dijo al 
mismo tiempo que ya estaba mejor. Siento infinito lo 
primero y me alegro de lo segundo. Díganle de mi parte 
que se cuide, que se acerca á todo trapo el tiempo de vol- 
ver á Cuba libre. Sí, á Cuba libre ! 

Sepan Vds. que ya estamos reclutando los cubanos que 
formarán el batallón de la Cruz. Quiero que bagan ejerci- 
cio y que se adiestren en el manejo del arma, porque éste 
será el que decida la cuestión, y es preciso que haga ho- 
nor á la "Liga de las Hijas de Cuba." 

Desde que no les escribo, he trabajado más que nunca 
y con buen éxito. 

Kecojan Yds. por allá hilas, vendas y dinero. 

Las noticias de Venezuela son inmejorables; en pocos 
días sabrán Vds. en que me fundo para expresarme así. 
Cuba está perdida para España. 

Les participo que he puesto pleito al gallito de Ferrer 
de Couto. Yo siempre creí que debía despreciar todo lo 
que dijese un español de mí, porque solo le movía la ra- 
bia; pero veo hoy la ocasión de arrancarle un buen pico 
que dedicaré todo á la causa de mi Cuba. 

No puedo escribirles tan amenudo como quisiera, pues 
las aprecio como á hermanas, del mismo modo que apre- 



— 139 — 

ráo á todas las buenas patriotas; pero no tienen Vds. una 
idea de mis ocupaciones, me falta el tiempo para mis obli- 
gaciones domésticas, todo lo tengo abandonado, por dedi- 
carme á Cuba. 

Ya habrán visto Vds. todo lo ocurrido aquí : le hemos 
quitado la máscara a los traidores: ya era tiempo: Cuba 
se perdía para los cubanos con el manejo que se traían 
esos picaros. Ahora, su oposición y sus intrigas, espera- 
mos todos, no podrán privarnos de la libertad de traba- 
jar con independencia y salvar la patria. Pocos son los 
que hoy no ven claro su idea: todo aquel que no estaba so- 
metido á la Junta Central era un rebelde, no debía hacér- 
sele caso, se le juzgaba como ladrón, revoltoso, díscolo. 
Siendo el objeto final y fijo de los junteros dejar á Cuba 
española, cuantos no decían amén á sus propósitos y em- 
presas, eran declarados enemigos de la patria, desunionis- 
tas. Triste cosa es que haya gentes que nos crean sin ca- 
beza para pensar por nosotros mismos; pero tal es lo cier- 
to, caras amigas. Pero si es difícil privarle del libre al- 
bedrío á un ser de razón, es imposible privarle de dicha 
facultad á un patriota. 

Dispensen Vds. que les escriba de estas miserias nues- 
tras, pero no acierto á moderarme cuando se trata de trai- 
ciones á la patria. Ya seríamos libres si los hombres de 
la Junta Central, en hora menguada para Cuba, no se 
apoderan de la dirección de los negocios en este país. Los 
Morales Lemus, los Aldama, los Cisneros, los Mestres, los 
Fesser, los Martín Rivero, entraron en revolución para, 
encarrilarla, no para impulsar su vuelo y apoyar su 
triunfo. 

Basta por hoy. Me despido encargándoles valor, reso- 
lución y constancia; el tiempo vuela y nuestros hermanos- 



— 140 — 

desde los campos de batalla piden auxilio a grito herido. 
Ya Vds. habrán oido hablar de sus ultimas hazañas; no 
tienen igual en la historia. 

En fin, de cualquier modo estaremos Ja noche buena en 
Cuba libre : ya es seguro. 

Recuérdenos a su familia, animen á los patriotas de esa 
y escriban á su amiga y compañera, 

e. c. de y. 

Mott Haven, Abril 1? de 1871. 



Ciudadano Leopoldo Turla. 

Nueva Orleans. 
Estimado conciudadano : 

No sé si me contraiga á su apreciable carta del 23 de 
Febrero último en que me incluía otra del 26 de Octubre 
pasado, porque ambas son muy atrazadas. Mejor dirigi- 
gida la primera, la recibí á tiempo; pero yo enfermé á 
poco, aunque no de gravedad, y después mi señor padre. 
Mejor será que le hable de otras cosas. 

Debo, sin embargo, contraerme á lo que me dice Vd. 
de Qusada. No le angustiaría á Vd. por cierto más que 
á mí la demora de Quesada en Venezuela. Se me figura 
que á él mismo le devora la impaciencia, porque sé que es 
un gran patriota; pero la apatía de mis paisanos, tiene la 
principal culpa de esta fatal demora. 



— 141 — 

Ellos se enojan conmigo porque les acuso de falta de 
patriotismo, siendo así que cuando se necesitan veinte mil 
pesos, en vez de aprontarlos, tratan de ver primero si bas- 
tan diez mil; y dados estos pico á pico, al fin reúnen y 
dan el total; pero sucede que entonces ni con treinta mil 
se puede realizar la empresa. Esto poco le explicará por 
qué no está ya Quesada en Cuba. 

Cada día su presencia allí es más necesaria, no pasa 
mes sin que llegue un mensajero en su busca desde Cuba 
libre; y de esta manera se ha pasado la mitad del año. 
Ayer esperábamos cartas de Venezuela ó á mi hermano, y 
ni una cosa ni otra; porque el correo de la Guayra no al- 
canzó en San Thomas al vapor del Brasil. Figúrese Vd. 
nuestra impaciencia y disgusto; pues según la última carta 
de mi dicho hermano, la salvación de Cuba está en Vene- 
zuela. Ay ! Si ya hubiera desembarcado aquel afortu- 
nado jefe en nuestra ensangrentada patria ! No cabe du- 
da sino que no hubiera tenido resultado la traición de 
Zenea. 

Pero según las noticias recientes recibidas aquí del 
campo patriota, nuestros hermanoe se mantenían firmes y 
triunfantes en los tres Estados en revolución. De allá 
hace poco que llegó el mayor general Julio Peralta con 
nuevas muy satisfactorias, trayendo unos cien mil pesos 
en oro y prendas, contribución de los mismos que están 
con las armas en las manos. Hombre hubo que puso en 
las de Peralta el real que le quedaba en el bolsillo. En- 
tre la gente de Máximo Gómez se reunió la mayor suma. 
Esto es lo que yo llamo patriotismo y lo que deseo en va- 
no imiten los cubanos fuera de la isla. 

Cuando llegó aquí Peralta entregó los fondos á la Jun- 
ta, prometiéndole ésta que el 23, es decir, ayer, saldría 



— 142 — 

despachado para Cuba. Estamos a 24 y no se sabe aún 
cuando saldrá. Desde el principio le predije lo que le es- 
tá pasando. Esta mañana le vi y está desesperado, por- 
que habiéndose puesto en manos de los de la Junta, los 
amigos de Quesada se retraen y no le ayudan. 

Antes de ayer ha llegado á esta ciudad un ayudante de 
Bembeta con el duplicado de la correspondencia que de- 
bió traer el traidor Zenea. Por supuesto que en esa co- 
rrespondencia se aprueba la conducta de Aldama, Mestre 
y Cisneros, respecto de Quesada y de los amigos de éste, 
y se declara al primero benemérito de la patria. Los clien- 
tes y paniaguados de dicho señor están que revientan de 
orgullo, sin comprender los pobrecitos, que nosotros ve- 
mos que muy otra cosa harán el gobierno y la cámara,, 
cuando se enteren de la traición de Zenea y de la compli- 
cidad que resulta contra los que apoyaron su viaje á Cu- 
ba y le armaron con cartas de recomendación muy satis- 
factorias. 

Porque Yd. comprenderá fácilmente, que sin las cartas: 
de Aldama y Mestre, la comisión de Zenea, como secreta,, 
aunque produjo gran alarma en la emigración cubana de: 
los Estados Unidos, no hubiera podido ser causa inmedia- 
ta de la misma alarma en Cuba; ni nuestro gobierno, ni 
los patriotas habrían hecho gran caso del traidor. Pero 
las cartas, como que procedían de los únicos representan- 
tes de la república en el extranjero, le dieron al portador 
toda la importancia de un comisionado diplomático y todo 
lo que dijo sobre el general Quesada, sus amigos y ami- 
gas, que fué mucho y muy malo, lo creyeron implícita- 
mente de Céspedes abajo cuantos tropezaron con Zenea, 
ú oyeron las fatales nuevas de que se hizo propagador, y 
p carecían de datos en contrario ( ó no estaban en antece- 



— 143 — 

dentes de lo que había pasado en Nueva York entre Az- 
cárate y los representantes de Cuba libre. 

Pero en vez de una carta escribo una disertación, que 
espero Vd. reciba con agrado y me perdone su extensión, 
en gracia del asunto, el cual no puede menos de interesar 
á todo patriota. 

De Yd. atenta servidora, 

E. C. de V. 
Mott Haven, Abrü 24 de 1871. 



Señora doña. . . . 
Amiga mía: 

Considérese Yd. debidamente autorizada para acudir á 
las personas caritativas, levantar y remitir fondos con que: 
costear la educación de y sostenimiento de la niña. Auro- 
ra Palma, cuyos padres perecieron desastrozamente en el 
naufragio de la barca americana ÍC Kevolt," habrá, tres, 
años. 

Suya afectísima amiga, 

E. C. de Y. 



Nota. — Esta carta la pidió una española, casada con un 
sastre catalán de la Habana, que se hacían los franceses 
y amigos de los revolucionarios cubanos y que desearon 
conocer á Emilia. El objeto secreto de ambos parece fué 
averiguar lo que se hacía aquí por los cubanos en favor 
de sus ^compatriotas allá, y ganar albricias ó premio con 
la revelaciones al gobierno español. Pero Emilia no les 



— 144 — 

dio prenda, antes hizo que el catalán contribuyera con 
20 pesos á los fondos de "La Liga," lo que enojó gran- 
demente á la mujer. 

Nueva York, Abril 25 de 1871. 



Señora Ana Quesada de Céspedes. 

Nueva York. 
Apreciable Anita: 

Su carta del 5 no la recibí hasta hoy. En contestación 
debo decirle que me ha causado tanta mayor sorpresa, 
cuanto hacía días estaba alejada, con estudio, de los cu- 
banos y creía verme libre de los enredos que se traen en- 
tre manos. ¿ Quién, pues, ha podido decirle á Vd. que yo 
pensaba defenderla en un periódico en proyecto de los 
ataques del cómplice de Zenea, D. Miguel ? Eso, a 
quien corresponde es á su esjDOSo de usted, aunque 
si D. Miguel se atrevió á llamarla á Yd. chismosa en carta 
á él mismo, es porque cree que le tolerará el insulto, y 
cuando más, al redactor del periódico, en caso que juzgue 
conveniente á la causa pública. En mi particular puedo 
complacer á Yd. muy fácilmente, pues no me había pasa- 
do por la mente hacer uso de su nombre para nada de es- 
te mundo. 

Esperando que con esto quede Yd. satisfecha y tran- 
quila, tengo el gusto de suscribirme suya atenta servidora, 

E, C. de Y, 
Mott Haven, Mayo 9 de 1871, 



— 145 — 

C. coronel Manuel Suarez. 

Cuba libre. 
Apreciable amigo: 

Aunque solo por los periódicos españoles hemos tenido 
noticias de Vd., sabemos que vive y da mucho que hacer 
al enemigo. 

Ahora le escribo solo para recomendarle el C. Francis- 
co Porraspita, joven entusiasta que desea servir á su pa- 
tria. El le dirá los motivos que tengo para recomendár- 
selo altamente como lo hago. Deseo que Vd. lo emplee, 
guie y proteja, si es necesario. 

Por él mismo se informará Vd. de lo que aquí pasa y 
de que estoy cada vez más decidida en el propósito de 
servir á la patria hasta que logremos arrojar de ella á los 
enemigos. 

Es probable que cuando reciba esta Quesada esté en- 
tre Vds. con grandes refuerzos. Así habrá logrado ese 
firme patriota su deseo y ayudará á sus hermanos á pesar 
de la tenaz é injusta oposición que le han hecho los hom- 
bres de la Junta y sus secuaces. 

Supongo que ya habrán oido hablar Vds. de la obra del 
traidor Juan Clemente Zenea, en complicidad con Alcla- 
ma, Mestre, Echeverría y su tentador Azcárate. 

Esos, que nunca han querido ni trabajado por la revo- 
lución, sino por la venta de la isla de Cuba, mandaron á 
Zenea con salvo-conducto español y buenas cartas de re- 
comendación para Céspedes, á quien según parece consi- 



— 146 — 

guió engañar completamente, aunque sin hacerle desistir 
de continuar la lucha por la independencia. 

Sobre este punto salió fallido en parte el cálculo de Ze- 
nea y de sus cómplices. Aunque se han pasado al enemi- 
go muchos de los que vieron y oyeron al emisario en los 
pocos días que estuvo en Cuba, tales como Porro, Manuel 
R Silva y Machado, — cuanto dijo en contra de Quesada, 
de sus amigos, y de lo que pasa en este país entre los cu- 
banos, no ha sido bastante para desorganizar la revolu- 
ción, y obligarlos á Yds. á deponer las armas, que era á lo 
que tendían el emisario y sus cómplices, — como que ta] 
era la condición " sine qua non " España concedería la 
autonomía á que aspiran los " junteros." Pues que Yds. 
han salido airosos de esta otra }:>rueba terrible á que les 
han sometido los autonomistas de la Habana y el Cama- 
güey, ya se puede dar por seguro y feliz el éxito de la re- 
volución. 

La bandera que lleva el batallón de la Cruz ha sido bor- 
dada por mi mano, espero que la defiendan mejor de lo 
que defendieron la que tuve el gusto de presentar á los 
Rifleros de la Libertad. Este batallón ha sido armado y 
equipado por la c , Liga de las Hijas de Cuba," de que soy 
secretaria. Ya hemos dado el primer paso y prometo á 
Yd. que no descansaremos hasta que Yds. nos digan que 
no necesitan armas para acabar con los enemigos. 

Le recomiendo de nuevo al joven Porraspita y con re- 
cuerdos de Yillaverde me suscribo de Yd. atenta servidora, 

E. C. de Y. 
Mott Haven, Mayo 12 de 1871. 



— 147 



C. Carlos Manuel de Céspedes, presidente de la Repúbli- 
ca de Cuba. 

Cuba libre. 
Apreciable señor: 

Me veo en la necesidad de distraer la atención de Yd. 
con mi humilde persona. Por una parte la agitación de 
los tiempos, por otra la indiscreción de ciertos hombres 
(cubanos y españoles) han sacado mi nombre del tranqui- 
lo hogar con más frecuencia y menos respeto de lo que 
conviene á mi dignidad y á mis principios. 

El deseo de servir á la patria y de contribuir á su li- 
bertad es innato en mí. Era yo niña todavía, cuando en 
lina mañana de Mayo, el bravo Narciso López plantó de- 
lante de la ventana de mi casa en Cárdenas la bandera 
que había ideado para simbolizar la libertad é indepen- 
dencia de Cuba. Me pareció tan bella y grande el hom- 
bre que la enarbolaba, que desde ese momento juré en mi 
interior consagrar mi vida á ese fin sagrado y noble. Así, 
hasta hoy apenas he hecho otra cosa que trabajar y soñar 
con la redención de mi patria. 

No extrañará Vd. pues ahora que yo fuese la primera 
cubana que en este j>aís respondió al grito de Yara, dado 
por Yd., ni que fuese así mismo la primera que enarboló 
en las calles de Nueva York, una copia de la bandera que 
tanto admiré cuando niña; aunque me dijeron entonces 
que no era esa la que Yds. habían levantado en Bayamo. 

A toda otra afección ha superado en mí siempre el 
amor de -la patria, A veces raya en delirio mi entusiasmo 



— 148 — 

y me siento capaz de cualquier sacrificio con tal que tras 
él vislumbre yo el sol de libertad. 

Entro en estos pormenores personales para que se for- 
me Vd. una idea aproximada de la pobre mujer que aho- 
ra le escribe y espera que Yd. no la juzgue sin conocerla. 

En su loco frenesí los españoles no han sabido cómo 
ridiculizarme y desprestigiarme á los ojos de mis compa- 
triotas, dándome, sin quererlo, una importancia, dentro y 
fuera de Cuba, que estoy muy lejos de poseer. Pero pa- 
rece que este empeño, de consuno con mi carácter inde- 
pendiente y resuelto, ha influido mucho en el modo con- 
que me juzgan y tratan algunos paisanos en este país. 

Precisamente aquellos que desde el principio tomaron 
aquí la dirección de los negocios públicos de la patria, 
han estado siempre en desacuerdo conmigo, no solo en 
opiniones políticas, sino en el modo y medios de llevar la 
revolución a feliz término. ¿ Ni cómo era posible que es- 
tuviésemos alguna vez de acuerdo, si ellos han sido ya 
concesionistas, ya reformistas, ya autonomistas, y yo no 
he cesado jamás de ser independiente ? Nada de parti- 
cular, sin embargo, tendría tan completo desacuerdo, si 
me hubieran dejado seguir mi camino y mis propias ins- 
piraciones. Pero no ha sido así, por más que esto parez- 
ca á Yd. inaudito é improbable. 

Tales reflexiones me sugiere una carta del Sr. Miguel 
de Aldama á Yd., que ha aparecido en los periódicos es- 
pañoles de la Habana. Según ella, en la conducta de 
Anita y mía respecto á la traición de Zenea, ha creído ha- 
llar el agente de la república motivo poderoso para renun- 
ciar el cargo. Una ligera exposición de los hechos creo 
que bastará á dar á Yd. una idea de la verdad en este 
asunto. 



— 149 — 

Meses antes de la venida aquí de su esposa de Vd., es- 
to es, desde que Zenea salió para Cuba, empezó á susu- 
rrarse entre los cubanos el objeto verdadero é infame de 
su viaje. Todos los clubs políticos, menos el de los Labo- 
rantes, lo mismo que " El Demócrata," protestaron una y 
otra vez del envío de ese hombre fatídico á Cuba, lucie- 
ron más, exigieron que los representantes del gobierno 
de Vd., explicasen la comisión de Zonea y calmasen la an- 
siedad general. Pero los corifeos y sus numerosos clien- 
tes, lo mismo que su órgano oficial, " La Revolución," ca- 
llaron ó de un modo ambiguo hicieron alarde de una ig- 
norancia siniestra. 

No obstante, hacia fines del año sabíamos á no quedar 
duda — que Zenea había ido á ver á Vd. y tratar de paz, 
comisionado por Azcárate con conocimiento y aprobación 
de Mestre (J. M.), Echeverría (J. A.), Aldama y hasta ca- 
torce otros cubanos autonomistas. De que había ido ar- 
mado de cartas de recomendación muy satisfactorias de 
los representantes cubanos y de salvo-conducto español, 
solo teníamos fuertes sospechas. Por eso, cuando por la 
primera vez nos dijo el telégrafo de la Habana que el 
emisario había caido en poder de las tropas españolas 
cerca de la Guanaja, lo que nos sorprendió fué que no lo 
hubiesen fusilado sobre la marcha. En seguida, sin em- 
bargo, (el 4 de enero), en confirmación de nuestras sos- 
pechas, el mismo telégrafo nos informó que Zenea había 
sido enviado con vida á Puerto Príncipe por el salvo-con- 
ducto que portaba. Entonces nuestra sorpresa fué de dis- 
tinto género, pues el tercer telegrama añadía que Vd. 
le había fiado el cuidado de su esposa y la corres- 
pondencia oficial á quien ya no debía aparecer á los 
ojos del mundo sino como traidor. La prueba más pa- 



— 150 — 

tente de que éste había logrado, aunque en parte, el ob- 
jeto secreto y fijo de su viaje, estaba en el hecho significa- 
tivo de haber creido Vd. conveniente poner á salvo su es- 
posa querida, separándose de ella y enviándola fuera de 
Cuba. ¿ Entraba Vd. también en la traición de los auto- 
nomistas ó tenía tan poca cuenta con su gloria y digni- 
dad, que' se había hecho de la vista gorda con Zenea ? Tal 
empezaban á pensar las gentes que no tenían motivos para 
conocer el temple del alma de Yd. 

Llegó al fin Anita á Nueva York a pesar de las suges- 
tiones de Zenea para alejarla y desorientarla haciéndola ir 
á Nassau. Por varios días seguidos nosotros le instamos 
a que explicase la conducta de Yd. en el asunto Zenea, 
pues á todos los independientes nos importaba saber si 
Yd. había cedido ó no á los ardides de los autonomistas; 
pero ella, con una palabra nos sacó al cabo del mar de du- 
das y de angustias en que nos veíamos envueltos. No sa- 
bía Yd. nada del salvo-conducto con que iba armado Ze- 
nea, de modo que pudo llegar hasta Yd. y pasar á sus ojos 
como un buen patriota, merced á las cartas de recomenda- 
ción que le habían dado Mestre y Aldama; las cuales la 
misma Anita leyó á Yd., por la enfermedad de la vista 
qce entonces padecía. Tampoco supo Anita lo del salvo- 
conducto hasta que capturados ambos, el jefe español le 
dijo que no fusilaba á su compañero, como había fusilado 
á los otros, por el documento de su gobierno que porta- 
ba. Así quedó desvanecido el misterio para nosotros en 
la emigración. Zenea, con el carácter de emisario espa- 
ñol, como sospechábamos, partió de aquí y se dirigió á 
Cuba libre, á fin de verle á Yd. y trasmitirle las proposi- 
ciones de paz, que por medio de Azcárate, hacía á los cu- 
banos en armas, el ministerio Moret, entonces en el po- 



— 151 — 

der en Madrid. Sucede, sin embargo, que Zenea no se 
dio á conocer como tal emisario en toda forma, quiero 
decir, que no le presentó á Vd. el documento que debía 
protegerle en caso que los españoles le capturaran al en- 
trar en Cuba libre ó al salir de ella. Zenea, según parece, 
solo presentó á Vd. las cartas de recomendación tan efi- 
caces y explícitas que le proporcionaron los representan- 
tes del gobierno de Cuba en el extranjero. Le recibió 
Vd. amablemente, le oyó hablar de la proposición Azcára- 
te, de su odio á la dominación española, de su sueño de 
libertad é independencia y quizás también de sus espe- 
ranzas que Vds. persistieran y se mantuvieran firmes en 
la lucha no menos desigual que gloriosa. Zenea era pues 
un traidor, había engañado á Vd., y á este engaño habían 
contribuido nuestros representantes. 

Nuestra indignación no conoció límites; y el estado de 
nuestro ánimo lo explican suficientemente las resoluciones 
que sometió la " Liga de las Hijas de Cuba," y que fue- 
ron aprobadas en presencia de su esposa de Vd. y de sus 
cuñadas, las cuales concurrieron á invitación de la socie- 
dad, aunque no votaron. Dichas resoluciones, de que en- 
vío á Vd. copia, las adoptaron y apoyaron otras socieda 
des políticas, y todavía un mes después recibía ye de Cu 
ba y estos Estados Unidos los parabienes por haberme 
atrevido a publicar la traición de Zenea y la complicidad 
de Mestre y Aldama. 

Con estos datos ya podrá Vd. entender mejor el mani- 
fiesto de esos señores y de Echeverría, é igualmente la 
carta de Aldama á Vd., su fecha del 8 de Marzo, que sin 
duda ha hecho publicar él mismo en los diarios de la Ha- 
bana, para edificación de nosotros los "Quesadistas.'' 
Compare Vd. esos documentos, con los motivos de núes- 



— 152 — 

tra conducta, recuerde que por donde quiera que pasó 
Zenea, dejó sembrados el desaliento y la desesperación 
entre los patriotas, y si todavía juzga Yd. que procedió de 
ligero la "Liga de las Hijas de Cuba," desde ahora apelo 
a la conciencia de mis conciudadanos y al juicio de la his- 
toria. Y de todos modos, si " La Liga " en vez de pre- 
mio, solo obtiene reprobación del gobierno de la repúbli- 
ca, sea yo la única castigada, porque como autora de las 
resoluciones, estoy dispuesta á aceptar la responsabilidad 
del acto. 

Debo decirle, sin embargo, que Yds. ó no conocen, ó 
están muy engañados respecto de los hombres de la anti- 
gua Junta. Ellos son la causa del estado actual de la re- 
volución. Pues que los conozco desde antes, no he espe- 
rado nada bueno de sus actos, ni he querido nunca hacer- 
me cómplice de su ambiguo proceder ni de sus desacier- 
tos. Los que están hoy con ellos son únicamente aque- 
llos que esperan alguna migaja de su mesa, ó no tienen 
principios fijos políticos; pero los hombres de dignidad, 
los patriotas puros y revolucionarios, esos desconfían de 
los " juntistas," como de verdaderos enemigos de la pa- 
tria. 

Hoy ( cuando le piden dinero á un patriota cubano, es 
muy corriente que conteste : — " Para la Junta, ni un cen- 
tavo." Y con la palabra Junta se quiere significar no solo 
los comisionados Mestre y Echeverría, sino Aldama, el 
agente general, los hermanos Cisneros, Pedro Martín Ri- 
vero, Piñeyro, los Izaguirre y demás que hacían parte de 
la antigua Central y que en el día forman el consejo se- 
creto; el cual se arroga la dirección y manejo de los ne- 
gocios de la patria. Los autonomistas de Enero de 1869, 
no han sido nunca ardientes revolucionarios. Zenea en 



— 153 — 

sus manos fué un instrumento ciego que emplearon con 
marcada habilidad, á fin de precipitar un arreglo con Es- 
paña, que es á lo que aspiran desde el comienzo de la re- 
revolución. Al mismo fin aspiraron Augusto Arango y 
Napoleón su hermano, si bien recuerda, con esta diferen- 
cia esencial, que estos dos expusieron el pellejo, y los de 
la Junta Central se valieron de un visionario, débil de ca- 
rácter y muy vano, para rebajar hasta el suelo á los que 
no le rendían parias, desacreditar á Quesada, y pintar co- 
mo perdida la causa de la libertad en el exterior, por la 
desunión y rencillas de los cubanos emigrados en los Es- 
tados Unidos. ¿ Quién tuvo la culpa inmediata de la de- 
fección de Porro, M. II. Silva, Perdomo, Machado, en fin, 
de la desorganización del Camagüey ? Claro que Zenea> 
mejor dicho, los que le enviaren a Cuba libre, á guisa de 
mensajero de desventuras. 

Pero, para que vea Vd. la malicia de los "junteros" ; 
Juan Manuel Macías está hoy en Londres, enviado por 
Mestre, predicando la autonomía para Cuba; según se 
prueba por un folleto que acaba de publicar allá. Le in- 
cluyo un ejemplar j)ara que Vd. se desengañe por sus 
propios ojos. Figúrese Vd. el ridículo en qne aparecen 
Vds., que han sacrificado cuanto hay de más caro en el 
mundo á fin de obtener la independencia, cuando los re- 
presentantes de nuestra patria en el extranjero se conten- 
tan con la autonomía y mueven cielo y tierra para alcan- 
zarla, un arreglo cualquiera con España ! 

¿ Cómo puede esperarse pues, que los autonomistas mi- 
ren con buenos ojos ó siquiera hagan justicia á los que no 
piensan como ellos, ni secundan sus planes y propósitos ? 
Cómo no han de hacer por desacreditar y vilipendiar á los 
que les niegan su confianza y su dinero ? Cómo no han 



— 154 — 

de tratar de destruir los planes y proyectos de Quesada y 
sus amigos, si estos no quieren autonomía ni se contenta- 
rán jamás con arreglo alguno que no tenga por base la 
independencia absoluta de España? 

Hé aquí, á los ojos de Mestre, Aldama y comparsa la 
gran falta de los cc quesadistas," en cuyas filas tengo el ho- 
nor de contarme. 

Creyendo nosotras que en todas partes se puede servir 
á la patria y convencidas de que no hay forma de que lle- 
guen á Cuba los recursos que se ponen en manos de la 
Junta Central ó de su equivalente en el día, desde mucho 
antes de la venida de Quesada de ese país no hemos queri- 
do dárselos de ninguna clase. Con el último mandábamos 
algunos en la expedición que debió llevar el "Florida," la 
cual fracasó, como Vd. sabrá, por la oposición y viles ma- 
nejos de la Junta y sus paniaguados. Últimamente he- 
mos puesto en manos del general Julio Peralta nuevos y 
valiosos recursos, como informará á Vd. de palabra él mis- 
mo, habiéndole prometido mayores para el otoño próxi- 
mo como lleve esos con felicidad á Cuba y haga un se- 
gundo viaje, si no él cualquier otro militar que nos inspi- 
re confianza. 

Por esto poco comprenderá Vd. que no es espíritu de 
desunión, ni mucho menos de ambición personal, como 
asegura Aldama en su citada carta, lo que nos mueve á 
separarnos de los cómplices de Zenea, y á negarles nues- 
tro apoyo y consideración. Espero por lo tanto que no 
sea Vd. también de los que opinan que no se puede ser 
buen patriota ni servir eficazmente á la patria sin rendir 
homenaje á unos hombres que vemos nosotros chiquitos y 
muy ineptos, si es que no son otra cosa peor. 

No he creído necesario defenderme públicamente de 



— 155 — 

las inculpaciones de Aldama, porque sin duda no merece 
más que desprecio el agente de la repúblca que en comu- 
nicación oficial á su gobierno, no halla asunto más impor- 
tante de que hablar sino de la oposición que le hace una 
mujer, y de chismear de la esposa del mismo presidente. 
Si es verdad, como creo y él no niega, que Aid ama escri- 
bió semejante carta, está refutada por sí misma. 

Cuando mi hermano Manuel salió de aquí j>ara Vene- 
zuela á llevar fondos á Quesada, le entregué una pistola 
para Vd., otra para el heroico Boza, y poco antes había 
entregado al coronel R. Quesada otra para el invicto mayor 
general Máximo Gómez. Ninguna de las tres ha llegado 
á su destino por la demora inevitable y fatal de los her- 
manos Quesada en Venezuela. 

Me prometo que antes que vea estas líneas, ha recibido 
Vd., la pistola que tengo el gusto de dedicarle. Acéptela 
como la mejor expresión del afecto y consideración de su 
atenta servidora, 

Q. B. S. M. 



E. C. DE V. 



Mott Haven, Mayo 13 de 1871. 



Ciudadano general Julio Peralta. 

Nueva York. 
Amigo Peralta: 
Incluyo á Vd. el adjunto pliego para nuestro presiden- 
te, el cual espero que Vd. como caballero me cumpla el 
ofrecimiento que me hizo de hacer que llegue á sus ma- 
nos. 



— 156 — 

Supongo que a esta hora ya habrá Vd. recibido el so- 
bretodo de goma. Espero que esté de su gusto y que le 
preserve de enfermedades á fin de que pueda llevar á ca- 
bo el propósito que ha hecho de ayudar á la redención de 
la patria. 

Está demás repetirle lo que tantas veces le he encargado, 
sobre que recomiende y defienda mi bandera, poniéndola 
en manos de los bravos que sepan pasearla triunfante de 
un extremo á otro de la isla. Sobre ella se cernirá mi es- 
píritu y siempre que cubra con su sombra á los vencedo- 
res de mis odiados enemigos, no dude Vd. que el eco de 
las montañas vecinas les repetirá en los oidos la voz de 
mis aplausos. 

Si no nos volviésemos á ver antes de su partida, buen 
viaje y ánimo, soldado de la patria, que delante de Yd. es- 
tán la gloria y él reconocimiento de sus conciudadanos, 
entre los cuales tiene la honra de contarse como la prime- 
ra admiradora, q. b. s. m. 



E. C. DE V. 



Mott Haven, Mayo 14 de 1871. 



THE CUBAN STRUGGLE. 



Editor "Daily Telegraph." 

Dear Sir: 

You write in your issue of this morning that " the re- 
volution going on in Cuba is one of the most disgraceful 
events in the annals of civilization." I neither intend to 



— 157 — 

contradirá you or assert that the patriot " has the best 
cause " ; but allow me to say that it appears you are not 
altogether acquainted with the real f acts in the case. 

Since the uprising at Yara in 1868, against the most 
unprincipled and despotic of Governments, the Cubans 
have vainly tried to have the war waged according to the 
usage of civilized nations. Till a year after the struggle 
commenced, the Cubans used to spare the lives of all pri- 
soners. When Bayarao, Jiguaní, Cobre, Yara, Tunas, and 
various other towns and post were taken by the insurgents, 
several hundred Spanish oñicers and men fell into their 
hands. No prisoner was shot, the greater part ef the 
common soldiers joined the patriot rahks, and the balance 
were released on parole, among the latter the Governor 
of Bayamo himself. Every one of these soon after took 
up arms against the Cubans. 

Now, tell me, when and where the Spaniards have 
spared the life of a Cuban that has had the misfortune of 
f alling into their cruel hands ? None. They are intent 
upon killing one way or other, every born Cuban, no 
matter his age or his political opinions. But you must 
not wonder at that. If you have read the history of the 
Spanish wars in Europe as well as in America, in ancient 
as well as as in modern times, you will have notice that 
Spain has never given quarter to the rebellious subjects. 
Even in her last dinastic war of 1833-37, England had to 
interfere in order to prevent the buchering of prisoners 
by both parties. 

Well, then, if the Spaniard kills every man that falls 
in his power, while the neutral Christian nations stand 
still mere lookers on at the fight, do you think that the 
Cuban should fold his arms and let himself be killed, so 



— 158 — 

that you, civilized people, may not be scandalized ? It is 
not possible. "We Cubans, allow me to state once more, 
having failed to obtaine from Spain every sort of conces- 
sions, even the autonomy England has readily granted 
you long ago, are fighting for dear liberty f or ourselves 
and for thousands of poor African slaves, as well as for 
entire independence. This we will achieve sooner or later, 
aided or unaided by f oreigners, or perisli we must in the 
noble attempt. 

A Cuban Lady. 
Saint Catharine, Canadá, July 25th., 1871. 



Señor Ramón Céspedes. 

Presente. 
Apreciable señor: 

Inclusas bailará Yd. cartas de recomendación para el 
capitán, y pasaje gratis á Cayo Hueso para los tres hijos 
del ilustre mártir Figueredo, á bordo del vapor " City of 
Houston," que sale el 25 del corriente. 

Como Yd. advertirá, el billete de pasaje, aunque no se- 
ñala camarote, es de primera cámara, y el consignatario 
que es dueño de la línea, me ha prometido esta mañana, 
bajo palabra de caballero, que las señoritas tendrán cuar- 
to decente para ellas solas, como los pasajeros que pagan, 
y el niño, si no cabe en el mismo, se le acomodará de la 
mejor manera posible. Debo confiar que en nada de esto 
habrá engaño. 



— 159 — 

Sin duda Vd. se olvidó de la advertencia que le hice la 
noche en que fui á comunicarle la buena nueva de haber 
conseguido el pasaje gratis que Vd. me había encargado. 
Yo le dije que tenía la promesa escrita del consignatario 
del vapor, y que me avisara en tiempo cuando estaban las 
señoritas listas para partir, á fin de ir yo misma y sacar el 
billete. Encargó Vd. á un tercero y como era natural, 
éste pasó un rato de <c mortificación," y yo quedé mal á 
los ojos de Vd. Por fortuna creo haberlo arreglado todo 
ahora, que no dormirán en el suelo, que no se confundi- 
rán con la gente de proa, y que haciendo un favor á esas 
señoritas, deje á Vd. satisfecho y complacido, su atenta 
servidora, q. b. s. m., 

E. C. DE V. 

Nueva York, Noviembre 22 de 1871. 



Señor general Manuel Quesada. 

Presente. 
Distinguido general y amigo : 

En junta de este día acordó "La Liga" poner en ma- 
nes de Vd. una suma de dinero, y mañana el tesorero C. 
Castillo recibirá la orden al efecto. 

Soy con toda consideración de Vd. atenta servidora y 
amiga, 

E. C. DE V 

Nueva York, Noviembre 25 de 1871. 



160 



C. Carlos Manuel de Céspedes, presidente de la Repúbli- 
ca de Cuba. 

Cuba libre. 
Señor: 

Sin tiempo para mucho escribo á Vd. estas líneas. 

Como explicará á Vd. el portador, estamos preparando 
á la carrera un buen repuesto de medicinas y ropa para 
los patriotas en campaña. Trabajo nos cuesta más que 
nunca, porque el terreno aridice y los hombres que pu- 
dieran animarnos, si ya no ayudarnos, en vez de consuelo 
nos envían amonestaciones. Por ejemplo, la que contie- 
ne la carta que últimamente ha dirigido á "La Liga," el 
C. general Francisco V. Aguilera, vice-presidente de la 
república, y su agente general en este país, en la cual nos 
pide la autorización que tengamos para trabajar por la 
patria. A consecuencia de las malversaciones y despilfa- 
rros de los dineros de Cuba, de que ha dado repetidas 
pruebas la famosa Junta Cubana, desde Morales Lémus 
hasta ^ama, nosotras las señoras de "La Liga," entre 
otras sociedades de carácter independiente, resolvimos no 
entregar fondos á nadie, sino efectos, y así lo consigna- 
mos en el artículo 18 de nuestro reglamento. Prescindi- 
mos de dicho artículo en favor del C. agente general en 
vista de la penuria de fondos que nos representó experi- 
mentaba, y en vez de las gracias recibimos su comunica- 
ción inquisitorial para saber si teníamos ó no licencia pa- 
ra servir á nuestra patria, de la manera que creamos con- 



- 161 — 

veniente como señoras en país extranjero, como patriotas 
y como cubanas. Pero si á pesar de nuestras ideas sobre 
este asunto, se decidiere que nuestra independencia es 
rebelión, como lo da a entender el C. Aguilera, tendremos 
por mejor acuerdo el mantenernos impasibles espectado- 
ras de los desastres de la patria, según hacen otros mu- 
chos. 

Nos apresuramos á decir á Vd. esto, por los resultados 
que puede tener todavía, pues que "La Liga" está deci- 
dida á cumplir con el deber del patriotismo, mientras du- 
re la guerra en Cuba, por encima de las miserias y estre- 
chez de miras de algunos de sus conciudadanos. 

Dentro de dos días marchará una comisión de " La Li- 
ga " á "Washington, haciendo de cabeza la que suscribe, 
para agitar la cuestión de Cuba en el Congreso, y al mis- 
mo tiempo pedir que se aminore, si no se levanta, la pena 
de los estudiantes de medicina condenados á presidio en 
la Habana. Mucho se promete de este viaje, la que se sus- 
cribe con la más alta consideración, de Vd. atenta servi- 
dora, q. b. s. m., 

E. C. de V. 

Nueva York, Diciembre 15 de 1871. 



C. coronel Ricardo Esteban. 

Puerto Plata. 
Muy señor mío y amigo: 

Es en mi poder desde el 15 su grata del 4, que trajo á 
mis manos el portugués D' Acunha Reis : Aunque el va- 



— 162 — 

por no sale hasta el 21, anticipo la contestación, porque 
debo salir mañana para Washington, a la cabeza de una 
diputación de cubanas, con el fin de ver si el gobierno 
americano intercede por los jóvenes estudiantes condena- 
dos á presidio recientemente en la Habana. 

Ante todo debo decirle, que sea cual fuere la confianza 
que á Vd. inspire el portugués mencionado, es preciso de- 
sorientarlo completamente, no solo porque no le necesita- 
mos para nada, sino porque Villaverde tiene fuertes razo- 
nes para dudar de su buena f é. 

El plan de las íslitas que Yd. propone, no parece el más 
hacedero, porque habría que trasportarse la gente de un 
punto á otro, antes de partir para el definitivo; lo cual 
aunque pudiera efectuarse con economía y sigilo, siempre 
se correría el riesgo de no llegar á tiempo al punto de ci- 
ta los hombres y el trasporte. El portador de la presente 
carta está enterado de la modificación del plan, y dará á 
Vd. explicaciones detalladas y razonadas. 

Yo estoy convencida de que no hay que contar con ese 
puerto para otra cosa que para reunir la mayor parte de 
la gente y para las vituallas. Por decontado la remesa dé 
fondos y la movilización no es conveniente hacerlas desdé 
ahora, se harán cuando haya partido el trasporte ó con- 
temporáneamente. A Yd. y al compañero que ahora ten- 
drá me prometo no les faltará nada entretanto. 

El presupuesto habrá que reducirlo mucho á fin de po- 
der hacer el ensayo de movimiento, que es lo que impor- 
ta y con la esperanza de aumentarlo en la segunda bar- 
queta, si Yd., como lo espero, repite la vuelta á este país 
ó á Jamayca. 

Los efectos irán bajo la custodia de 8 ó 10 cubanos, á 
las inmediatas órdenes de un joven que ya ha servido é, 



— 163 — 

su patria con distinción y que tiene carácter suficiente 
para hacerse respetar á bordo hasta avistarse con Vd. y 
entregarle el mando y cargamento. Parte de este habría 
ido el 21, si Yd. no me dijese que todo elemento de gue- 
rra se considera como contrabando. Hay que renunciar 
pues, al envío de los efectos ahí, y en tal virtud Villaver- 
de ajustará el trasporte, ya sea comprado ó fletado, como 
sea más conveniente. Pero no podrá ser ya hasta nuestra 
vuelta de Washington. Del resultado definitivo no ten- 
drá Vd., pues, noticia cierta sino á la vuelta del vapor de 
Enero. 

Por más astucia que empleé no pude quitarle mi ban- 
dera á Peralta. No sabe Vd. cuanto siento este percance, 
porque preferiría cien veces que la llevase á Cuba el ba- 
tallón vivo y efectivo de la Cruz, á que vaya, como irá, 
confundida entre los efectos de una expedición de armas 
y municiones y no de hombres, como sin duda será la que 
aquel proyecta. 

De Vd. atenta servidora, 

E. C. DE V. 

Nueva York, Diciembre 17 de 1871. 



Mi querido hijo: 



Señoras hay aquí, que me ruegan las lleve conmigo, á 
fin de penetrar en ciertos sitios, cuya entrada está prohi- 



— 164 — 

bida al común de las gentes. Y no obstante ser america- 
nas, se sorprenden, como la señora aquella de Montreal, 
cuando fuimos á ver el " Victoria Bridge," de la facilidad 
conque se me abren las puertas y todo el mundo me rinde 
homenaje. 

Tanto me agasajan aquí que me molestan, en vez de 
halagar mi orgullo. Me trato, por supuesto, sin necesidad 
de jxresentación formal, con las señoras de los senadores, 
los ministros y demás personajes de "Washingten. En es- 
to tiene mucha parte Enrique, sobre todo en el hotel, 
pues él que es tan gracioso y vivo, llama la atención gene- 
ral y se acercan á mí para acariciarle y oirle hablar en es- 
pañol é inglés con igual facilidad. Cuando bajo al come- 
der, señoras y caballeros me saludan, y los criados a cual 
primero, todos quieren servirme. Por la mañana se dis- 
putan el placer de traerme el periódico, y si contiene 
noticias de Cuba, como saben que soy cubana, me lo 
anuncian desde luego. 

Todo esto está bien, magnífico, halagador; pero para 
otra no para mí." Mi " casita del Oeste," no la cambio 
ni por la sala azul de Mrs. Grant en la Casa Blanca. No 
ni mi comedor, que vale más que los comedores de todos 
los palacios de Washington. Una taza de cafó allí sabe 
mejor que cuantos platos exquisitos y costosos me sirven 
en Arlington. 

Le incluyo á tu padre copia de la carta que dirigiré 
mañana al representante Voorhees. Espero que me la 
guarde y me diga lo que le parece. Por ese tenor debe 
redactarse la petición que debo presentar al Congreso en 
nombre de la "Liga de las Hijas de Cuba," por medio de 
dicho representante, pidiendo la concesión de derechos 
de beligerantes á nuestros conciudadanos, sublevados con- 



— 165 — 

tra la dominación española. Debe darse una idea gene- 
ral del principio y progreso de la revolución, de los recur- 
sos conque la hemos principiado y mantenemos: de aque- 
llos con que contaba el enemigo y después ha acumulado; 
de la ferocidad que desplega en la lucha; de las atrocida- 
des que comete en mujeres, en niños y en ancianos iner- 
mes; procurando aducir nombres y fechas; del principio 
político que anima á los cubanos y les da fuerza y valor, 
y de las miras salvajes y atentatorias contra la humanidad 
y la civilización, que impelen á los españoles. 

Para pedir derechos de beligerantes á los Estados Uni- 
dos debe fundarse la petición en que ellos tienen la culpa 
de la opresión de los cubanos, porque se opusieron á los 
planes libertadores de Bolívar, y por que han ayudado 
siempre á España y le ayudan más aún hoy día, siendo 
así que ha cesado el pretexto de semejante aberración y 
contra sentido, — el temor de que la abolición de la esclavi- 
tud en Cuba, pusiese en peligro la tranquilidad en los Es- 
tados del Sur. Debe fundarse también, en que habrá es- 
clavos en nuestra querida patria, mientras los españoles 
ocupen en ella un palmo de terreno ; en que la ruina y 
desolación de esa hermosa y riquísima isla serán seguras 
y completas, por poco que se prolongue la contienda; en 
que no habiendo cedido nosotros después de cuatro años 
de guerra salvaje, y hecho inmensos sacrificios, el extermi- 
nio total de los cubanos, si semejante crimen fuese posi- 
ble que ocurriese, solo devolvería á España su perdida 
autoridad en la Perla de las Antillas; en que otras nacio- 
nes del continente americano, nos han concedido ya la 
beligerancia y el Perú ha reconocido nuestra independen- 
cia; y en que la riqueza y la prosperidad de la isla de Cu- 
ba interesan tanto al comercio, á la navegación, á la in~ 



— 166 — 

dustria y a la agricultura de este país como la de cual- 
quiera otro Estado de la Unión. 

Adviértele á tu padre que no quiero más que esto, no 
quiero una novela. Y basta, que ya es tarde y me duelen 
los ojos y el brazo. 

Adiós ! querido hijo de mis entrañas. No olvides los 
consejos que te da tu madre, para que seas querido y res- 
petado de todos. 

Recibe el cariño y bendición de tu madre, 

Emilia. 



Washington, Febrero 26 de 1872 



Memorial presentado al Congreso de los Estados Uni- 
dos PIDIENDO DERECHOS DE BELIGERANTES PARA LOS CU- 
BANOS, por Emilia C. de Yillaverde, en nombre de 
la sociedad " Liga de las Hijas de Cuba." 

La " Liga de las Hijas de Cuba " pide al Congreso de 
los Estados Unidos que reconozca la beligerancia de los 
cubanos sublevados contra la dominación de España; y 
espera que su petición tenga éxito porque se apoya en ra- 
zones de justicia, de decoro y de conveniencia. 

Los partidarios de la esclavitud y los enemigos de las 
instituciones republicanas han propalado calumnias y fal- 



- 167 — 

sedades para oscurecer la ^rdad y engañar al pueblo 
de los Estados Unidos, inspiráüole equivocados concep- 
tos acerca de la índole, la naturana y las tendencias de 
la revolución cubana. "La Liga deis Hijas de Cuba," no 
pretende fatigar la atención del Correso con la exten- 
sa y enojosa refutación que sería necesda para ir contra- 
diciendo una por una esas calumnias, sé^mitará á recor- 
dar hechos de tanta notoriedad que no requran compro- 
bantes, y deja las deducciones al buen criten del parla- 
mento americano. 

Lo que en Cuba existe no es una sedición pasaje» , pro- 
vocada por causa fortuita y sostenida por intereseoer- 
sonales, ni mucho menos es un alzamiento de populáuxi^, 
movido por malas pasiones y dirigido por agentes extran- 
jeros, como dicen los partidarios de España. Lo que hay 
en Cuba es una revolución popular, política y social, pre- 
parada muy de antemano, que ha pasado y está pasando 
por todos los trámites porque han pasado y pasan, y pre- 
cisamente tienen que pasar semejantes revoluciones. 

Todo el mundo sabe lo que significa la dominación de 
España, pues las páginas más negras de la historia de la 
humanidad, son las que refieren las atrocidades de que se 
han hecho reos los españoles donde quiera que han teni- 
do poderío. Los Países Bajos, Italia, Portugal, México, 
Chile, el Perú y la mayor parte del continente americano 
han gemido bajo su intolerable yugo, y todos esos países 
lo han sacudido y se han hecho independientes. Cuba y 
Puerto Kico, entre todas las colonias españolas del Nuevo 
Mundo, son las únicas que aun no tienen existencia pro- 
pia; pero por lo que hace á Cuba, no ha sido por culpa 
suya, sino por causas agenas á su voluntad, y sobre todo 



— 168 — 

porque el gebierno de los Estaos Unido ha ayudado á 
España á mantenerla esclavizda. 

Hace más de 50 añc que los cubanos trabajan por 
emanciparse. En 1818 jmenzaron los preparativos de la 
guerra de independena que principió en los campos de 
Yara en Octubre drl868. Durante más de cincuenta 
años puede decirsepie no ha habido en Cuba un solo día 
de sosiego, porqv las conspiraciones.se han ido sucedien- 
do unas tras o&s sin interrupción; y desde 1818 empe- 
zaron las irisantes proscripciones que han mantenido 
expatriadea los cubanos más notables por su talento, su 
saber y i patriotismo. 

Dése 1818 hasta 1825 hubo Juntas Eevolucionarias de 
c.'cmttxos emigados en Nueva York, en Filadelfia, en Méxi- 
co y en Jamaica. En 1823 y en 1826 fueron comisiones 
á Venezuela y al Perú en busca de ayuda material para 
principiar la guerra de independencia. En 1826 subie- 
ron al patíbulo en Puerto Príncipe las primeras víctimas 
de la libertad de Cuba. Por ese tiempo se alistaron en 
Cartagena, en Kingston y en Tampico, expediciones mili- 
tares costeadas por cubanos. Antes y después fracasaron 
en la Habana las asociaciones llamadas de "Los Soles de 
Bolívar" y del "Águila Negra," y otros proyectos de al- 
zamiento que llevaron á las cárceles, á los presidios y al 
destierro, á lo mejor de la población cubana. Otra tenta- 
tiva se malogó en 1843, otra en 1848, otra en 1855, y mu- 
chos fueron los condenados a muerte en todas ellas. En 
1850 ocurrió la invasión de Cárdenas, por el general Nar- 
ciso López, en 1851 las sublevaciones de Puerto Príncipe 
y de Trinidad, y el mismo año tuvo lugar la corta y de- 
sastroza campaña que finalizó con la muerte del heroico 
López. Y los comprometidos en todos estos acontecimien- 



— 169 — 

tos han sido siempre hombres de buena posición social: 
lo cual prueba que la mayor y la mejor parte de la pobla- 
ción cubana desea, hace mucho tiempo, emarciparse de 
la dominación española. Cuba, como todos los pueblos 
que conquistan su libertad, ha tenido que pasar por dos 
períodos: el de educación y el de acción: el primero de 
propaganda y de martirio, el segundo de combate y de 
triunfo. La propaganda y el martirio principiaron en 
1818, y la acción la inauguró Carlos Manuel de Céspedes 
en Octubre de 1868, cuando proclamó la guerra de inde- 
pendencia en Demajagua, y cuando él y sus compañeros 
empezaron por dar libertad á sus esclavos. 

Se sabe que Céspedes y Aguilera dieron libertad á sus 
esclavos antes de ponerse al frente de la insurrección, y es 
notorio que la primera ley promulgada por la asamblea 
republicana, reunida en Guáimaro declaró absolutamente 
Ubres á todos los habitantes de Cuba, sin distinción; pero 
hay quien sostenga que en uno y en otro caso influyeron 
más las necesidades perentorias del momento que los prin- 
cipios liberales contrarios á la institución de la esclavitud. 
Es falso. Los cubanos han sido siempre opuestos al trá- 
fico de esclavos y partidarios de la abolición de la esclavi- 
tud; y el gobierno español ha propendido siempre y en 
todos tienrpos á aumentar el número de los esclavos y á 
perpetuar la institución servil. De ambos asertos hay 
pruebas fehacientes en multitud de documentos oficiales 
publicados en Madrid desde 1799 hasta la fecha; eso cons- 
ta en escritos dados á luz hace más de tkeinta años, por 
Mr. Turnbull, Lord Carlisle, el Dr. Madden, el Kev. Mr 
King y otros abolicionistas ingleses que han residido en 
Cuba largo tiempo; y lo mismo aparece atestiguado en 
repetidos informes presentados al Parlamento de Inglate- 



— 170 — 

rra por comisiones especiales encargadas de investigar es- 
te asunto. 

Desde 1837 datan las persecuciones del gobierno espa- 
ñol contra el Sr. Saco y otros abolicionistas cubanos; en 
1843 fueron encausados y penados en la Habana muchos 
individuos, por hostiles á la esclavitud; en 1853 y 1854 se 
imprimieron en Nueva York numerosos papeles escritos 
por cubanos, que abiertamente se declararon partidarios 
de la abolición; y si alguna duda pudiera caber no hay 
más que traer á la memoria las explícitas manifestaciones 
que más de una vez ha hecho el gobierno de los Estados 
Unidos desde 1822 hasta 1855. Ahí están los papeles de 
Estado americanos para demostrar que el gobierno de es- 
ta república ha creído siempre que los cubanos habrían 
de abolir la esclavitud tan luego como lograran hacerse in 
dependientes, y por eso han ayudado á España, directa- 
mente, para que prolongue su dominación en Cuba. Por 
eso impidió que Simón Bolívar llevase á la Habana una 
expedición libertadora en 1826; y hay dos despachos me- 
morables de Mr. Forsyth y de Daniel Wester, fechados 
en 1822 y en 1842, que terminantemente expresan que los 
Estados Unidos se oponían á la abolición de la esclavitud 
en Cuba porque haría peligrosa la tranquilidad y la pros- 
peridad de los Estados del Sur, y porque la abolición 
de la esclavitud en Cuba — sería un golpe mortal para 

LA EXISTENCIA DE LA ESCLAVITUD EN LOS ESTADOS UNIDOS; 

razón por la cual ofrecieron y volvieron á ofrecer á Espa- 
ña su poderoso auxilio para que pudiese mantener escla- 
vos á los negros y subyugados á los cubanos; y no hace tan- 
to tiempo de cuando Jefferson Davis fué ministro, bajo la 
presidencia Franklin Pierce, para que falte en Washing- 
ton quien se acuerde de lo que entonces ocurrió, y de có- 



— 171 — 

mo y por qué fracasó la proyectada expedición del gene- 
ral Quitman. Es verdad innegable que el gobierno de 
los Estados Unidos estaba convencido, desde hace más de 
cincuenta años, de que la independencia de Cuba sería 
precursora inmediata de la abolición de la esclavitud en 
esa isla, y lia impedido la independencia para prevenir la 
abolición; y también es innegable y evidente que mien- 
tras España domine habrá esclavitud en Cuba, y que esta 
lepra social irá desapareciendo á medida que vaya avan- 
zando el ejército cubano, como ya ha desaparecido de to- 
das las comarcas de donde han sido expulsados los espa- 
ñoles. 

El gobierno español ha publicado de oficio un libro vo- 
luminoso en que constan los nombres y profesiones de los 
condenados á pena de confiscación de bienes por haber 
tomado parte en la insurrección, ó por simpatizar con 
ella; en ese libro se ven los millones de pesos á que as- 
ciende el valor de las fincas y demás propiedades confis- 
cadas, y no pudiera invocarse mejor testimonio para com- 
probar no solo que la parte más ilustrada y la más rica de 
la población cubana es acérrima enemiga de la domina- 
ción española, sino que una porción considerable de los 
hacendados, cuya riqueza estriba en la posesión de escla- 
vos, ha tomado parte en el movimiento revolucionario, ó 
simpatizan con él, no obstante que lo primero que procla- 
maron los jefes de la insurrección fué la emancipación 
inmediata de los esclavos, sin remuneración para los due- 
ños. 

Otro hecho palpable y evidente es que la guerra de in- 
dependencia lleva ya muy cerca de tres años y medio de 
duración; que los patriotas han demostrado su incontras- 
table resolución de triunfar ó perecer en la demanda; y 



— 172 — 

que España, á pesar de los desesperados esfuerzos que ha 
estado haciendo durante todo este tiempo, después de ha- 
ber consumido enormes sumas de dinero, después de ha- 
ber contraido deudas que nunca podrá pagar, y después 
de haber sacrificado más de 40,000 de sus hijos, no cuen- 
ta ni con la más remota probabilidad de sofocar la rebe- 
lión. 

Doscientos hombres mal armados se arrojaron á desa- 
fiar el poder de España, proclamando la independencia y 
la abolición de la esclavitud, el 10 de Octubre de 1868. 
La guarnición española de Cuba pasaba entonces de diez 
y nueve mil soldados perfectamente armados y equipados, 
apoyados en fortalezas y plazas fortificadas, y auxiliados 
por una numerosa escuadra de buques de vapor. Poste- 
riormente se han alistado en Cuba al pié de 50,000 volun- 
tarios peninsulares, han salido á campaña sobre 12,000 
hombres de fuerzas irregulares, y han ido de España más 
de 60,000 soldados de línea, que entre todos hacen un to- 
tal de más de 140,000 hombres destinados á impedir la 
insurrección en las poblaciones, y á combatirla en los 
campos; y esto sería increíble si no estuviera atestiguado 
por documentos oficiales publicados en ]a Habana y en 
Madrid por el mismo gobierno español. También dicen 
esos documentos que de solo el puerto de Nueva York, 
además de lo que ha ido de España, se han importado 
desde que empezó la guerra, más de 52,000 fusiles, sin 
contar cañones y pertrechos de todas clases, que la maes- 
tranza de artillería ha puesto en manos de los voluntarios 
más de 80,000 armas de fuego, amén de las que ellos por 
su cuenta han llevado de España y de los Estados Unidos; 
que la marina española en las aguas cubanas contaba 52 
buques de guerra antes de agregarle 30 cañoneros cons. 



— 173 — 

truidos en los arsenales americanos, y que después lo han 
reforzado con varias fragatas blindadas y otros buques 
menores. 

Los patriotas cubanos mientras tanto, sin plazas fuer- 
tes, sin artillería, sin puertos de mar, sin marina y sin 
previa organización militar, no han recibido más que es- 
casas y tardías remesas de armamento debidas á sacrifi- 
cios pecuniarios de los empobrecidos emigrados, y a la 
incansable perseverancia del general Manuel Quesada. 

Con malas escopetas y con instrumentos de labranza 
han tenido que hacer frente en más de una ocasión á los 
mejores Kemingtons y Peabodies que se construyen en 
los Estados Unidos; con cañones de cuero y de madera, 
cargados con piedras muchas veces, han respondido á j a 
metralla y á las granadas lanzadas por excelentes piezas 
de artillería americana; para defenderse del inmejorable 
parque sacado por los españoles de Broadway y de Maid- 
en-Lane, — han tenido que apurar la inventiva hasta en- 
contrar en los bosques y en las cavernas de sus montañas, 
materiales conque fabricar pólvora de inferior calidad; y 
sin embargo, descalzos, casi desnudos, desprovistos de to- 
do, hace ya más de tres años que están peleando, y han 
jurado pelear hasta vencer ó morir. Las mujeres, los an- 
cianos y los niños, comparten con los hombres las penali- 
dades de la campaña y los rigores de esa guerra sin cuar- 
tel han reducido á cenizas sus hogares y sus valiosas fin- 
cas; y los 200 compañeros inexpertos que se agruparon al 
lado de Carlos Manuel de Céspedes en Octubre de 1868, 
son en la actualidad 12,000 soldados aguerridos que toda- 
vía ocupan los' mismos campos en que primero levantaron 
el estandarte de la rebelión, y hoy empuñan buenas ar- 
mas arrebatadas á sus enemigos. Los que han hecho tales 



— 174 — 

sacrificios, y luchan con tanto denuedo, no se han de ren- 
dir; no cabe lo posible que España pueda prolongar in- 
definidamente la desastrosa contienda que está acabando 
de aniquilar su apurado erario; y todavía no se ha dado 
ejemplo de sublevarse una colonia española que al cabo 
no se haya hecho independiente. Y son muchas las colo- 
nias que España ha tenido y ha perdido. 

Es principio inconcuso de derecho de Gentes que los 
gobiernos constituidos son arbitros de reconocer la beli- 
gerancia de las colonias levantadas contra su metrópoli, 
siempre y cuando á los dichos gobiernos les convenga, da- 
do caso que las tales colonias tengan probabilidades, ó si- 
quiera posibilidad de alcanzar su independencia. — Cuba 
no sólo es posible, y es probable, sino que es seguro que 
la alcanzará. — Si la poderosa España de los monarcas aus- 
tríacos no tuvo fuerza para retener sus posesiones de Eu- 
ropa; si á la España de los Borbones, en cuyos dominios 
nunca se ponía el sol, se le fueron emancipando uno á 
uno todos los virreinatos del continente americano, ¿ podrá 
subyugar á Cuba sublevada, la pobre España de Amadeo 
de Saboya, que ha llegado á tal punto de abatimiento que 
acaba de pasar por la vergüenza de tener que andar dos 
años de corte en corte mendigando un príncipe que qui- 
siera sentarse en su trono desocupado ? ¿ Podrá recobrar 
su autoridad perdida la nación que jamás ha podido re- 
cuperar lo que le han quitado (ni siquiera á Gibraltar) y 
que el otro día salió huyendo de Santo Domingo ? 

Cincuenta años de tentativas desgraciadas, tres años de 
una guerra emprendida bajo los auspicios más desfavora- 
bles y sostenida con valor heroico, la resistencia opuesta á 
fuerzas incomparablemente superiores, las ventajas obte- 
nidas en lucha tan desigual, la aliolición de la esclavitud, 



— 175 — 

y los sacrificios espontáneos que han hecho los cubanos, 
son otras tantas prendas de que pelearán sin descanso 
hasta haber asegurado la independencia, aunque para ello 
sea forzoso aniquilar por completo la riqueza de su patria; 
y son otros tantos títulos que tienen para que los Estados 
Unidos los consideren como beligerantes ya que no reco- 
nocen la existencia de su gobierno republicano como 
lo han reconocido varías repúblicas de la América meri- 
dional. 

Se comprende, por más que no se aplauda?, que los Es- 
tados Unidos prestaran su poderosa cooperación para 
mantener á Cuba esclavizada mientras hubo por qué te- 
mer que el ejemplo de ta emancipación de los esclavos de 
Cuba pudiera anticipar la libertad de los negros en los 
Estados del Sur, y comprendiéndolo no parece extraño 
que en Diciembre de 1822 quisieran aliarse con Francia 
para garantizarle á España " por tiempo ilimitado," la 
tranquila posesión de su colonia, ni que en Julio de 1823 
quisieran contraer igual compromiso con Inglaterra, ni 
mucho menos que en 1852 se resistieran á tomar parte 
en la alianza triple, cuyo proyecto iniciaron de común 
acuerdo Ingleterra y Francia; pero, ahora, que no hay 
tales temores, es incomprensible qne el gobierno de 
Washington haga causa común con España contra un 
pueblo vecino que aspira á constituirse en república y á 
elevar á la categoría de hombres libres á medio millón de 
seres humanos, reducidos á la abyecta condición de escla- 
vos; y sin embargo, á eso equivale el negarse á reconocer 
la beligerancia de los cubanos y permitir que los españo- 
les se provean en Nueva York de buques, de armas y de 
municiones, para llevar adelante la bárbara guerra de ex- 
terminio que están haciendo ha más de tres años, á las 



— 176 — 

puertas mismas de la Unión americana. El mercado cu 
baño es uno de los que más productos rinde á la agri- 
cultura, á la industria y al comercio americano, la pros- 
peridad de Cuba interesa á esta nación tanto como la de- 
cualquiera de sus propios Estados, la ruina absoluta de la 
isla es inevitable si la presente lucha se prolonga por mu- 
cho tiempo, y el mero reconocimiento de be ligerancia por 
parte de los Estados Unidos bastaría para precipitar su 
terminación definitiva. 

La " Liga^de las Hijas de Cuba" no pide para sus com- 
patriotas más que estricta neutralidad, está íntimamente 
convencida de que si el Cuerpo legislador se ha abstenido 
hasta ahora de adoptar una resolución relativa á este 
asunto es porque no está al cabo de lo que sucede, y rue- 
ga al Congreso de los Estados Unidos que, tomando en 
cuenta esta manifestación, indague la verdad de lo ex- 
puesto y resuelva reconocer derechos de beligerantes en 
los cubanos que se han sublevado contra la dominación 
de España y han proclamado la abolición inmediata, ab- 
soluta é incondicional de la esclavitud. 

Firmado : 

Kosalía Hernández, presidenta. 

E. C. de Villaverde, Secretaria. 

Washington, Marzo 4 de 1872. 



177 



Ciudadano general Máximo Gómez. 
Cuba libre. 
Distinguido general: 

Su favorecida de Julio pasado la recibí con poco retar- 
do, pues tuve el gusto de ver y oir al general Rafael Que- 
sada, que me refirió la escena del acto de la entrega á Vd. 
de la pistola que me atreví á dedicarle ; confirmándola la 
carta que anteriormente había recibido del bizarro gene- 
ral Calixto García Iñiguez. 

He tenido el presentimiento y abrigo la esperanza de 
que se le lia presentado á Vd. más de una ocasión de usar 
dicha arma con provecho. Al menos según refieren los 
periódicos españoles, desde entonces se ha encontrado en 
varias y muy reñidas refriegas con los enemigos de nues- 
tra patria. De todos modos, mi corazón ha latido de go- 
zo más de una vez, al oir la relación de las proezas de 
Veis., y esta es señal evidente, que Vd. no ha perdonado 
ocasión de distinguirse, haciéndose si cabe, más acreedor 
al título de invicto que antes que yo, le ha dado la mayo- 
ría de sus conciudadanos. 

Permita Vd. pues que le remita el duplicado de la car- 
ta con que acompañó la pistola, que entiendo Vd. nunca 
la recibió, y que al mismo tiempo le dé las gracias por el 
buen concepto en que me tienen Vd. y demás compañeros 
de armas; lo cual se debe principalmente al entusiasmo 
y generosidad de Vd. Antes de concluir también me per- 
mitirá que le anime y le encarezca la necesidad de que 
Veis, laagan un Último y heroico esfuerzo, á fin de mante^ 



— 178 — 

ner alto y firme el glorioso y bello pabellón de la estrella 
y los listones, hasta tanto que libre el camino de los estor- 
bos que aquí retardan nuestros movimientos fuera de Cu- 
ba, — pueda hacerse algo comparable con lo que Vds., 
dentro de ella han venido ejecutando desde el glorioso 
grito de Yara. 

La " Liga de las Hijas de Cuba," de cuya sociedad ten- 
go la honra de ser secretaria, compuesta de verdaderas 
patriotas, que sólo se ocupan de la patria y de los medios 
de socorrer á Vds., saluda á Vd. cordialmente y le empe- 
ña á seguir con el mismo tesón y bríos con que principió 
la obra de gigantes, de dar libertad ó independencia al 
pueblo más oprimido y vejado de la tierra. Y pues en se- 
mejante gloriosa obra, parece ser Yd. uno de sus más in- 
trépidos y hábiles obreros, esperamos nosotras las cuba- 
nas que no podemos tomar parte activa en la lucha, que 
no desmayará Yd. un punto hasta dejar plantada en las al- 
menas de la Habana, la bandera de Cuba libre é indepen- 
diente. 

Entre tanto Yd. realiza este vehemente deseo, con sen- 
timientos de admiración y respeto, — se suscribe de Yd. 
atenta servidora y conciudadana, 

\ E. C. de Y. 

Nueva York, Mayo 13 de 1872. 



Ciudadano general Yicente García. 
Distinguido general: 
Con esta misma fecha he tenido el gusto de poner en 
manos del general Rafael Quesada una pistola revólver 



— 179 — 

que me promete llevar pronto y espero Vd. la acepte, co- 
mo una débil muestra del sentimiento de admiración que 
me inspiran los hechos de armas de Vd. desde el mismo 
comienzo de la revolución. Yo he hecho grabar mi nom- 
bre desconocido al lado del ya célebre de Yd. y aunque 
supongo que Yd. no necesite de estímulos de esta clase, 
para mantener vivo el entusiasmo patriótico, que induce 
á Yd. á sacrificar por la patria cuanto tiene de más caro 
en la tierra, — el regalo servirá para recordarle que no hay 
que desesperar de la gratitud de sus conciudadanos. 

Hace poco más de un mes que supe de su señora de 
Yd.. la cual se halla con los niños en Puerto Plata. To- 
dos están buenos aunque escasos de recursos. Su esposa 
me escribió contestando una mía que le hice en Diciem- 
bre pasado. Deseo socorrerla y lo haré como se pueda 
así que la " Liga de las Hijas de Cuba" salga de los com- 
promisos en que se ve empeñada con la patria. Trataré 
de que se le asigne una mesada por corta que sea á fin de 
que cuente con algo seguro y no perezca la esposa de un 
tan buen patriota como Yd. Aunque no la conocía, me 
bastó esta circunstancia y el saber su paradero para escri- 
birle como le ascribí, enviándole de paso una friolera pa- 
ra los niños. 

Las señoras de la "Liga de las Hijas de Cuba," de cu- 
ya sociedad soy secretaria, por mi conducto saludan á Yd, 
cordialmente y á los demás bravos que le acompañan y es- 
peran que tanto valor, abnegación y constancia, como los 
que Vds. han desplegado en esos cuatro años de guerra 
'atroz y sangrienta, tendrán pronto el premio merecido. 

Con sentimientos del mayor respeto y consideración, 
queda de Y. s. s., 

E. C; de Y. 



— 180 — 



Ciudadano general Manuel Quesada. 

Caracas. 

Distinguido general y amigo : 

Me hallaba fuera de Nueva York en asuntos de la pa- 
tria, cuando llegó aquí la estimable de Vd. fecha 4 de 
Marzo. En ella me da Vd. las gracias por el pequeño 
servicio que le presté á la patria por medio de Yd. No es 
modestia la que me hace callar á veces, sino la firme con- 
vicción que en lo poco que me es dado hacer por Cuba, 
sólo cumplo con el deber de toda cubana. Resulta, sin 
embargo, que á medida que el tiempo pasa, se van desa- 
nimando muchos que en tiempos de bonanza parecían fir- 
mes servidores, y por eso, lo que hacemos los que perma- 
necemos en nuestros puestos, brilla y suena más. 

Esta caila creo que la llevará su hermano Rafael. El 
mejor que yo, pues no tengo tiempo para ello, entrará con 
Vd. en pormenores de todo lo que aquí ha ocurrido últi- 
mamente, y en que él, como yo y todos los amigos leales 
de Vd. hemos tomado parte más ó menos activa. Muchas 
dificultades hemos logrado vencer; pero á Vd. le toca 
vencer la mayor y más intrincada, — sacar de Venezuela, ó 
de los abismos del mar, el socorro de armas y pertrechos 
que piden á grito herido nuestros hermanos en la ensan- 
grentada Cuba. 

Vd. que ha sido otras veces el Alejandro de ella, es pre- 
ciso que lo sea esta también y que, con la espada que le 
regalamos nosotras las cubanas de la emigración, corte es-* 



— 181 — 

te nuevo nudo Gordiano, y conquiste la libertad é inde- 
pendencia de la patria y se corone Vd. de gloria. 
Desde ahora le saluda como el salvador de ella, 

E. C. DE V. 

Nueva York, Marzo 4 de 1872. 



C. Carlos Manuel de Céspedes, presidente de la Kepúbli- 
ca de Cuba. 

Cuba libre. 
Señor: 

Adjunto copia de la carta que remití á Vd. por vía de 
Jamaica hace hoy cinco meses. 

Dos razones me mueven á mandarle dicha copia esta 
vez, — una que el conducto no era seguro y temo no haya 
llegado á sus manos la corta original; otra que algunos 
de los resultados anunciados en ella, empezaron á verifi- 
carse desde luego, hasta culminar en lo ocurrido ayei 
mismo. Seré breve porque el tiempo es corto, y sobre 
todo por no molestar la atención de Vd., que debe estar 
sobrecargado de cuidados y de afanes. 

Ahora incluyo en copia mi carta correspondencia con 
los encargados de los negocios de la república en este 
país. Esta ha tenido lugar con motivo de proponerles yo 
una entrevista en esta casa con dos extranjeros, de quie- 
nes tenía buenos antecedentes, los cuales estaban en ap- 
titud de prestarle un gran servicio á la patria en Inglate- 
rra. El asunto se reducía á lo siguiente: — A condición 



— 182 — 

de que se les entregasen con las seguridades del caso, 20 
mil libras esterlinas en bonos de la república de Cuba, 
se comprometían ellos á echar á la mar un corsario arma- 
do y equipado de un todo. 

El C. Pedro Céspedes, que intervino, espero informe á 
Vd. acerca de la entidad del caso y de sus resultas. Por 
lo demás, me cabe la satisfacción de anunciar á Vd., que 
no obstante los disgustos que naturalmente ocasionan los 
partidos, tenemos la firme esperanza de que en estos días 
algo se haga en alivio de Vds. Si no Peralta, serán con 
toda seguridad los inmortales Quesada, cuyos trabajosos 
trabajos Dios y la estrella de Cuba querrán coronar esta 
vez, como otras, con un completo triunfo. 

Así será sin duda, y entre tanto me suscribo, etc. 

E. C. de V. 
Nueva York, Mayo 15 de 1872. 



Señora S. P. 

Nueva York. 

Amiga mía: 

Hacía mucho calor ayer, y después de la comida, sali- 
mos á dar un paseo con una amiga que vino á buscarnos 
en un coche. Este era amplio y cabíamos todos dentro: 
Cirilo, los dos niños, la criada, la amiga y yo. Tomamos 
por un costado del Common, los jardines públicos que le 
siguen y la calle de Beacon, á salir á una calzada larga» 
que une la ciudad central con la tierra alta y firme, hacia 



— 183 — 

el Oeste. Dimos vuelta á los dos grandes estanques de 
agua en Chesnut Hill y de seguida retrocedimos por ca- 
mino diferente y una nueva calzada paralela á la anterior, 
hasta el punto en que tres de ellas se juntan para desem- 
bocar en la antes dicha calle de Beacon. 

A la ida sentimos calor y el sol picaba, pero á la vuelta 
ya habia refrescado bastante. El paseo duró dos horas 
por lo menos. Narciso desde por la mañana se había em- 
peñado en que su padre ó yo le acompañásemos al lago 
de los jardines públicos á fin de dar un i:>aseo en bote y él 
pudiese remar. Aunque ya oscurecía, por darle gusto, 
después del té, los cuatro á pié nos dirigimos al Common 
a pocas cuadras de la casa donde nos hospedamos. 

Por la avenida principal de los Jardines, nos encami- 
nábamos al puente sobre el lago, Enrique delante triscan- 
do y charlando. Allí de vuelta encontrada nos encontra- 
mos con dos cubanos, uno de ellos mujer y casada, el otro 
un tal Zaldivar, que conoció Villaverde, ambos residentes 
en Providence y de paso en Boston para asistir al famoso 
jubileo musical. 

Por una escalinata de granito bajamos al muellecito á 
orillas del lago. Allí había un farol, á cuya luz un hom- 
bre alquilaba los botes y apuntaba los nombres de los in- 
quilinos en una pizarra. Ya oscurecía y no había bote 
privado vacante, ni lo habría sino hasta las nueve menos 
cuarto. Se quería uno grande, en que cupiéramos los 
cuatro desahogadamente, Narciso al remo, Cirilo á proa, 
yo á popa dirigiendo la embarcación y Enrique delante 
de mí en un banco. Con eso, si zozobrábamos pe- 
recería toda la sacra familia ó se salvaba. Había entonces 
en el lago hasta diez, unos mayores, en que por 5 centa- 
vos entran cuantos caben, otros menores ó privados, en 



— 184 — 

que por 25 centavos una familia tiene derecho á pasearse 
media hora, y tres ó cuatro velocípedos, casi todos con 
farolillos de papel, surcando las aguas del lago en dife- 
rentes direcciones. 

Mientras aguardábamos nuestro turno llegaron al mué- 
llecito dos hombres, uno grueso, otro delgado, ambos de 
mediana estatura, bastante trigueños, fumando buenos 
habanos. Acompañaban á una mujer alta, pelirubia, blan- 
ca, elegantemente vestida de negro y sombrerito de paja. 
Conocidamente eran de origen meridional. Yo dije, son 
cubanos, porque se me figuran paisanos cuantos hablan 
español ó tienen la apariencia de tal. Cirilo replicó : No, 
son españoles. En efecto, apenas entraron en el bote pú- 
blico y empezaron á hablar, me convencí que los tres eran 
españoles y muy rancios. Sentados en el bote, entabla- 
ron una disputa sobre quién pagaba el pasaje, diciendo la 
mujer que lo pagaría de los hombres el más delgado, por 
haberle dado ella dinero al salir de la oficina. La c de 
esta palabra, la delató al punto. 

Su paseo duraría de 10 á 15 minutos, y á la vuelta es- 
tábamos nosotros cuatro agrupados todavía al pié del fa- 
rolito cerca del muelle. El hombre delgado fué el prime- 
ro que saltó á tierra, luego la mujer y después el hombre 
grueso. Ella al pasar junto á mí dijo en alta voz : — Esta 
como que no quiere pagar, sino que se está ahí mirando 
Yo la oí claro y repliqué en el mismo tono : Justamente, 
esperaba por Vd. para que me pagase, pues no tengo los 
cinco centavos del pasaje. Ella hizo una exclamación de 
sorpresa y el hombre mas grueso se volvió para mí con el 
sombrero en la mano y dijo : Señora, Vd. dispense. No 
esperábamos encontrar aquí quien entendiera nuestra 
lengua. En efecto, repuse, por eso se tienen ciertas fran- 



— 185 — 

quezas en estos sitios. — Ha sido una debilidad de mi se- 
ñora. Dispense Vd.,no tenemos el gusto de conocer á 
Vds. — Yo, agregué, aguardaba por un bote privado, por- 
que mi hijo quiere remar y además no me gusta confun- 
dirme con toda clase de gentes en los botes públicos. — 
Hace Vd. bien, continuó el gueso, no siempre tropieza 
uno con la mejor gente en esos botes. Me alegraría sa- 
ber quienes son Vds.: yo soy el vice-cónsul español. — 
Ah ! exclamé, ya había oido hablar de Vd. y de su señora. 
Me han dicho que ella es muy caritativa y Vd. muy bue- 
no. La mujer dijo: Sí? Eh! y el hombre: — Bueno, bue- 
no. En qué sentido ? — Toma, en el sentido de bondadoso. 
Pues en la calle de Tremont, núm. tantos, vivo yo y ahí 
nos tienen Vds. á su disposición. Me alegraría conocer 
Vds. Villaverde dijo: — Será en otra ocasión, y yo agre- 
gué : — Yo soy Emilia Villaverde. A cuyo nombre el vice- 
cónsul exclamó: Ah! Ya había oido hablar de Vd. y la 
conozco mucho de nombre. 

Con esto saludaron y se marcharon, cenocidamente co- 
rridos él y ella, pues no acertaron á echar á la broma un 
incidente sin importancia ninguna. Pero es cosa singu- 
lar, que de todas las cubanas en los Estados Unidos, solo 
conmigo, su antagonista, vengan á tropezar en un paraje 
público de Boston, el vice-cónsul español y su esposa 
Por largo tiempo, me prometo, recordarán ellos la escena 
de las orillas del lago en los Jardines públicos de Boston, 
en que tuvieron ocasión de ver cara á cara á la famosa 
Doña Emilia, que es de Vd. afecta. 



Boston, Junio 30 de 1872. 



I8g — 



Señor Pedro de Céspedes. 

Jamaica. 
Apreciable señor: 

Me apresuro a contestar la grata de Yd., fecha 6 de Ju- 
nio, que recibí anteayer. 

Me lamento con Yd. de las molestias que le han hecho 
experimentar las demasiado celosas y preocupadas auto- 
ridades inglesas de esa isla. Aparte del quebranto de los 
intereses y de la salud que ha debido traerle una reclu- 
sión involuntaria y prolongada, ya comprendo cuánto ha- 
brá sufrido su espíritu, á vista de tierra, sin poder correr 
á los brazos de su familia, ni llenar en tiempo la elevada 
comisión que se sirvió encargarle la patria, por boca de su 
ilustre director en jefe. 

Me prometo, sin embargo, que á poco de escrita la 
amable de Yd., que contesto, han cesado su reclusión y sus 
disgustos, que ha encontrado Yd. su familia buena y que 
en su seno ha olvidado Yd. todo lo pasado, quedando ex- 
pedito para cumplir con la comisión antes referida. 

Por lo que toca á la parte que tomé en su embarque 
para Kingston, en Mayo pasado, diré á Yd. con cuanta 
claridad me sea dado, lo ocurrido desde el principio has- 
ta el fin. En la segunda visita que Yd. me hizo, com- 
prendiendo que carecía de recursos y sabiendo que tenía 
que volverse, le manifesté con franqueza que podía acu- 
dir á mí en cualquier tiempo, seguro de que le sacaría 
pasaje por muy poco ó de balde; pues esto mismo había 
hecho por muchos compatriotas, menos acreedores que 



— 187 — 

Vd. á este favor, bajo todos conceptos. Kecordará Vcl. 
que entonces le dije que deseaba ser rica para hacerle el 
ofrecimiento de otra manera, porque estimaba como di- 
cha poder ser útil á un tan buen patriota como Vd., her- 
mano además de eso, de aquel que ha dado patria á los 
cubanos. 

Dos ó tres días antes del embarque vino Vd. á mi casa, 
y en presencia de mi marido, me entregó ochenta pesos, 
($80) en moneda corriente de los E. Unidos, para que sa- 
cara el pasaje de Vd. y el de la señora Blanca de Céspe- 
des hasta Kingston, Jamaica, en el vapor " Chauncey," 
Aquel mismo día tomé un coche y recogí de paso a la se- 
ñora Ana Q. de Céspedes, á quien rogué me acompañara 
en aquella excursión, porque en cuanto hago por Cuba y 
para Cuba, siempre solicito testigo, á fin de que haya en 
todo tiempo quien dé testimonio de mi leal proceder. Se 
querían dos pasajes en primera cámara, los cuales costa- 
ban de ciento cuarenta á ciento cincuenta en oro, según 
la tarifa pública y había que sacarlos en ochenta papel ó 
menos: este era mi objeto y mi trabajo. 

La compañía, á quien había acudido otras veces en so- 
licitud de favores de la misma clase, no estaba dispuesta 
á conceder éste; pero la presencia de Anita y mis vehe- 
mentes representaciones, de tal modo influyeron en el 
ánimo del tenedor de libros, que no solo se prestó á con- 
sultar por el telégrafo al director de la compañía, que se 
hallaba en otra parte distante de la ciudad, sino que re- 
bajados los dos pasajes á setenta pesos papel ($70), como 
yo insistiese en que solo tenía sesenta ($60), él puso diez 
de su bolsillo, y así pude devolver á Vd. $20 de los $80 
que me había entregado. Yo misma separé los camaro- 
tes, con presencia del plano del buque, y aseguré uno en 



— 188 — 

la toldüla para la señora Blanca de Céspedes y otro para 
Vd. en la Cámara á popa, no pudiendo asegurar los dos 
juntos, por estar tornados los restantes en uno y otro de- 
partamento. Repito, pues, que Vd. me entregó $80, que 
le devolví $20, que los dos pasajes fueron de primera cla- 
se, y que de todo esto es buen testigo nuestra común 
amiga la señora Ana Q. de Céspedes. 

De noticias, las que paso á darle en breves palabras, 
quizás sean frescas para Vd. Melchor Agüero ha fraca- 
sado al fin completamente en Aspinwall, donde se refugió 
después de su última infructuosa tentativa para aligerar 
en Cuba el 5 ó 6 de Junio. A queja del capitán, el co- 
mandante americano del " Wyoming," tomó posesión del 
" Edgar Stewart," no obstante la oposición de las autori- 
dades colombianas. Julio Peralta salió el 6 ó 7 del mismo 
Junio de Baltimore, á bordo del vapor íc Fannie," con una 
regular expedición de armas y pertrechos, escoltada por 
unos 80 hombres. Entiendo que hizo el alijo del 22 al 
23, en la costa Norte, al Este de Ságua de Tánamo, el bu- 
que, sin embargo, encalló y le puso fuego para evitar su 
captura por los españoles, salvándose en los botes el capi- 
tán con la tripulación; Brown, agente de la Junta, el bri- 
gadier Ryan y otros, por todos 23 hombres, que una vez 
en el Banco, pudieron pasar á Nassau. Con fecha 25 da 
parte desde la Herradura un coronel Valera, de la captu- 
ra de una porción de las armas y pertrechos enterrados 
por Peralta, de la muerte de éste y de otros expedicio- 
narios, cogiendo correspondencia muy importante, ban- 
deras, etc., etc., en fin, de la derrota y dispersión de los 
56 hombres de que según los españoles constaba la ex- 
pedición. 

Probablemente en esto último los españoles se acerca- 



— 189 — 
ron á la verdad; porque hay quien sostenga que los expe- 
dicionarios no pasaron de 60 nunca y de ellos 4 se deser- 
taron o quedaron abandonados en un cayo donde el va- 
por fué á hacer agua. Los españoles últimamente han 
perdido un convoy á manos de Gómez y de Diaz y es creí- 
ble que quieran neutralizar los efectos de este descalabro 
exajerando su triunfo sobre Peralta. 

La última noticia es la más triste, por cuanto no deja 
lugar á dudas. El americano F. L. Norton, con $250,000 
en bonos de la república, había logrado comprar y armar 
en guerra, en las costas de Haytí, el antiguo guarda cos- 
ta de vela"Resolute," bautizándole con el nombre del 
<< Pioneer," es decir, "El Precursor." Después de un mes 
o más de ausencia, de repente se presentó delante de 
Charleston y puso en tierra el segundo teniente del mis- 
mo, Augusto Chauveau, que tal vez Vd. conoce. Éste vi- 
no á New York, anunciando su llegada, su procedencia é 
intenciones, á son de trompeta. Y ayer mismo, cerca de 
aquí, vemos que infundiendo sospechas su presencia en 
las aguas de Ehode Island, tropezó con -'El Pioneer," el 
guarda costa americano " Mocasín," el cual le apresó y le 
llevó á Newport, donde se halla á disposición de las auto- 
ridades de Washington. Yo le considero perdido para 
Cuba y espero visitarlo á mi vuelta para Nueva York el 
día 14. 

Celebro la nueva ocasión que se me ofrece de mostrar- 
le mis simpatías, y con recuerdos finos de mi esposo, ten- 
go el gusto de suscribirme de Vd., con la mayor conside- 
ración amiga y compatriota, 

E. C. de V. 

Boston, Julio JO de 1872, 



— 190 — 



Señor José G. del Castillo. 

E. S., London, England. 

Amigo mió: 

Como sé que Vd. es persona curiosa y se ocupa de re- 
coger datos para servir á la historia política de nuestra 
patria, le envió los siguientes que creo tan importantes 
como son auténticos. Los he recogido por casualidad, y 
se los paso a Vd. por los motivos expresados, y porque los 
personajes á que se refieren se hallan hoy de esa parte del 
charco, y ó mucho me engaño ó es con el mismo propósi- 
to con que se han ingerido siempre en los negocios pú- 
blicos de Cuba. Tal vez tenga Vd. ocasión de hacer uso 
de dichos datos para desbaratar sus planes presentes, co- 
mo la tuve yo para desenmascararlos en 1871. 

Recientemente se ha tratado aquí en público de la mi- 
sión de Zenea á Cuba á fines de 1870, queriendo probar- 
se que lejos de vituperio merecerá galardón de la poste- 
ridad. Esta obra meritoria la emprendió el Júpiter to- 
nante de marras, E. Piñeyro, en el famoso Club de los 
Laborantes. En prueba de sus asertos citó párrafos de 
una carta del presidente, que quizás Vd. conoce, es decir, 
del 14 de Enero de 1871. Vea Vd. ahora algunos porme* 
ñores de la historia de la traición Zenea, aun no Conocidos 
de la generalidad. Los he oido de boca de uno que asis- 
tió á la sesión secreta del consejo de ministros, celebrada 
para oir la embajada de aquél. 

Este desembarcó en la península del Sabinal, á fines de 
Noviembre de 1870, conducido en el balandro fletado por 



— 191 — 

el agente de la Junta de Nueva York en Nassau. La pre- 
sidencia residía entonces en Sevilla, un punto al Sur de 
Guáimaro y no muy distante de ese pueblo; y allí se en- 
caminó Zenea, guiado y escoltado por fuerzas pertene- 
cientes al mando del después tristemente célebre C* Po- 
rro. Desde luego solicitó y obtuvo una audiencia del 
presidente, con quien tuvo una larga conversación ente- 
ramente privada, aunque por estar enfermo de los ojos, 
Anita leyó á su marido las cartas de recomendación de 
Aldama y Mestre, las cuales Vd. ha visto publicadas y ex- 
plicadas por sus autores. Dichas cartas, aunque de una 
significancia trascendental, pues revestían á Zenea de un 
carácter oficial, se escribieron para publicarse algún día 
y cubrir designios conocidos de muy jdocos. 

Zenea comunicó al presidente verbalmente la proposi- 
ción que el gobierno español hacía á los patriotas cubanos 
por medio de Azcárate y con anuencia de Mestre, en nom- 
bre de los dos, — aun cuando el último hizo un misterio 
del de aquél en el despacho del 17 de Setiembre de 1870. 
También le hizo todas las reflexiones que creyó del caso 
para inducirlo á aceptar la autonomía, objeto principal de 
la comisión de Zenea. 

Cuando digo reflexiones, no creo emplear la palabra 
más exacta. El emisario hizo cuanto pudo en privado 
para que el presidente recibiera su misión del modo más 
favorable posible y para mejor convencerle le presentó 
una carta secreta de su agente general en los Estados 
Unidos, Miguel de Aldama, después benemérito de la pa- 
tria. En ella el escritor se atrevía á aconsejar al presi- 
dente de la república de Cuba, tratase de entrar en algún 
arreglo con España que pusiese término á la lucha, fun- 
dado en la buena disposición del actual gabinete de Ma- 



— 192 — 

drid hacia los cubanos, y las seguridades que daba Azcá- 
rate; en las discordias intestinas que dividían á la emi- 
gración y hacían infructuosos, cuando no inútiles los 
esfuerzos de unos cuantos patriotas; en la suma escasez 
de recursos, que cada vez iban á menos hasta que llega- 
rían á faltar del todo; en la hostilidad, en fin, á la inde- 
pendencia de Cuba que mostraba en todos sus actos la 
administración, lo cual era un obstáculo insuperable. 

Para dar mayor fuerza á esta carta insidiosa y traidora, 
Zenea en público y en privado había anticipadamente al- 
zado hasta los cuernos de la luna el patriotismo y genero- 
so desprendimiento de su autor. Pues había asegurado 
que Aldama estaba dispuesto á gastar parte de su inmen- 
sa fortuna en la revolución de Cuba, habiendo empleado 
ya sumas considerables en la empresa del " Hornet," ó 
"Cuba," y en el equipo de las varias expediciones despa- 
chadas por la Junta. 

El presidente, dicen, escuchó á Zenea en profundo si- 
lencio, sin descubrir emoción ninguna de enfado, asenti- 
miento ni desaprobación. Al otro día se reunió el conse- 
jo de ministros compuesto de Rafael Morales, del interior; 
de Carlos Mola, de Hacienda; de Ramón Céspedes, de 
relaciones exteriores y de Ricardo Estovan, subsecretario 
de guerra, por ausencia de Maceo. Precidíó Carlos Ma- 
nuel de Céspedes. Ante él compareció Zenea. El pri- 
mero de los ministros nombrados, el más joven de todos 
los presentes, pidió al emisario que hablase, y él hizo uso 
de la palabra con entusiasmo y calor, no para explicar la 
verdadera comisión que le llevaba á Cuba libre, sino para 
animarlos á perseverar en la lucha, y repetirles de palabra 
casi lo mismo que ya había intentado decir al presidente 
por escrito en aquella carta célebre que llevó Ayestarán y 



— 193 — 

publicaron los periódicos de la Habana. Concluyó Zenea 
ponderando las ventajas para trabajar por Cuba que ofre- 
cía México, mediante á que se hallaba al frente del go- 
bierno Juárez, bien conocido por sus principios democrá- 
tico republicanos, le inspiraban fuertes simpatías los he- 
chos heroicos de los cubanos y tenía á su lado á su yerno 
P. Santacilia, amigo íntimo del orador. Sobre el último 
punto, afirma mi informante, fué todavía más explícito 
Zenea, pues esperaba, según dio á entender claramente, 
que le nombrasen encargado de negocios en México, 
cuando menos, en premio, sin duda, de sus buenos servi- 
cios á la patria y antecedentes políticos. 

Despedido Zenea del consejo, entró éste en sesión se- 
creta. Entonces el presidente reventó, por decirlo así, 
siu más dilación ni rodeos. Sacó y dio á leer la carta re- 
servada de Aldama, observando, que si bien de carácter 
puramente privado y confidencial, ni como jefe, ni como 
patriota, ni como simple ciudadano, debía mantener ocul- 
to de los representantes de la república un asunto en que 
se jugaba la muerte ó la vida de ella. Y de seguida, con 
la exactitud y lucidez que le son habituales, refirió punto 
por punto, la conversación que acababa de tener con Ze- 
nea y el verdadero carácter de la misión que le había traí- 
do al campo de la insurrección. Yo no conozco, dijo, ni 
á Aldama ni á Mestre. Esos son hombres que, cual Mo- 
rales Lémus, me los ha impuesto la emigración de Nueva 
York, como los mejores y más idóneos, para enviarnos 
auxilios desde los Estados Unidos. Pero si en vez de ayu- 
dar la revolución no tienen fé en ella y lo que pretenden 
es detenerla y hacerla torcer su curso, bueno es que 
los reconozcamos en tiempo y sepamos á qué atenernos. 
Así la carta de Aldama, como las proposiciones de Es- 



— 194 — 



paila y las explicaciones privadas de Zenea, dejaron estu- 
pefacto al consejo. Por largo rato nadie hablo. En efec- 
to no podía menos de causar sorpresa mezclada de pavor, 
el saber que el mismo nombre de quien se prometían los 
elementos para triunfar de España, aconsejaba transigir 
con ella, como el único medio de salvarse todos de la ca- 
tástrofe. Morales, que fué el primero á romper el Silen- 
cio, opinó que debía juzgarse sumariamente a Zenea y 
ahorcarle como espía y como traidor. Otros fueron de 
parecer que se suspendieran las funciones del agente y 
comisionado diplomático de la república en los Estados 
Unidos, ordenando á Quesada que asumiese el encargo 
de los dos. Se temió, sin embargo, la venganza de Alda- 
ma, á quien suponían mucho poder é influencia entre la 
emigración cubana, y prevaleció el parecer de los pruden- 
tes, los cuales resolvieron no darse por entendidos déla 
trama urdida en Nueva York, negarse al arreglo propues- 
to indirectamente con España y archivar la carta de Al- 

dama. . , 

Apesar de lo odioso y feo del papel representado por 
Zenea en Cuba libre, visto que era el instrumento de 
otros, y juzgando que si se echaba un velo sobre lo pasa- 
do allí, se evitaría por lo menos el escándalo y el descré- 
dito de la causa, se le dejó ir libre, el presidente le llamo 
amigo y patriota en la primera carta á su esposa, y con- 
sintió en que ésta y otros varios se aprovechasen de la 
vuelta del balandro de Nassau para salir de Cuba Zenea, 
pues, en compañía de Ana Qusada, de Manuel Silva y de 
otros, salió de la presidencia á mediados de Diciemln* y 
se dirigió derecho á la costa. No encontró allí el barco 
y retrocedió al bosque, dando parte al presidente del per- 
cance, Éste se aprovechó de la demora para mandar un 



— 195 — 

comisionado especial con el duplicado de los despachos 
de que era portador Zenea. Dicho comisionado con el 
guía Yazquez y dos ayudantes, pues es coronel del ejér- 
cito republicano, corrió á alcanzar á Zenea, el cual ya ha- 
bía caido en manos de los españoles en Santa Kosa, cerca 
de la Guanaja, y debió su salvación á una mera casuali- 
dad. 

Hay ahora más actividad en los círculos políticos de 
esta ciudad, algo se hace. Han devuelto el " Edgard 
Stewart" á Melchor Agüero en Colón, y éste ha llegado á 
esta ciudad anteayer, ostensiblemente en busca de capi- 
tán, pero se me figura que en demanda de los $10,000 que 
últimamente pidió desde allá y que supongo no le envia- 
ron ni en parte, como acostumbran sus patronos. 

El general G. Villegas llegó de Cuba por vía de Jamai- 
ca antes de ayer. Hace un mes que se separó de Jesús 
Pérez en las líneas de Santiago de Cuba y trajo pliegos 
del gobierno, que alcauzan hasta mediados de Julio poco 
más ó menos. Jesús del Sol también está aquí y José 
Boitel, el héroe de Morón. Pero ya esta carta va larga y 
me canso y lo canso. Kecuerdos á la familia y es de Vd. 
servidora y amiga, 

E. C. de V. 

P. S. — Ya " El Cronista " se encargó de anunciar lo que 
están haciendo en Europa, Macías y Aguilera; esto es, 
negociar la autonomía. También se corre que los volun- 
tarios piensan dar el grito de independencia y que ha 
salido de Cádiz una comisión para aplicar el decreto de 
•amnistía y devolver los bienes embargados, excepto los 
de aquellos que han sido condenados á muerte. 

^ueva York, Agosto 14 de 1872, 



— 196 — 

Señora Ana Quesada de Céspedes. 

Nueva York. 
Amiga mía: 

Ayer tarde estuvieron acá sus hermanas para hablarme 
del hospedaje de Eafael en casa de Mrs. Arnold, á cargo 
de la "Liga de las Hijas de Cuba." 

Desde que se marchó Rafael no han cesado Vds. de re- 
comendarme esa deuda de "La Liga." Vd. misma des- 
de el campo me escribió para decirme que hiciera un es- 
fuerzo y la pagara. " La Liga" no tenía fondos, busqué 
el dinero del modo que pude y ordené á Yillaverde paga- 
ra el importe; pagó y me trajo el recibo que debo conser- 
var como comprobante de mis cuentas con la Sociedad. 

Nada pues pudo sorprenderme más, sino que vinieran á 
regañarme sus hermanas por haber cumplido, aunque tar- 
de, con los deseos de Vd. ¿ Podía yo haber adivinado 
que la cuenta estaba pagada, cuando Vds. me apuraban 
por ella tan amenudo? Podía yo adivinar que los $40 
eran para Vd. y no para Mrs. Arnold ? Podía imaginar 
por un momento que Vds. querían engañarme ? Si Vd. 
quería los $40 por qué me ha sostenido siempre que la 
acreedora la apuraba ? Por qué ni una vez siquiera me 
dijo Vd. con franqueza que eran para Vd ? 

De manera, que después de todos los sacrificios que he 
hecho, saco por recompensa que Caridad me diga que yo 
la había insultado á Vd., cuando la verdad es que yo soy 
la que debo darme por ofendida, pues se ha querido que 
sirva de instrumento ridículo. 



— 197 — 

El asunto es de por sí enojoso, pero por mil motivos 
tengo que ser franca, y lo soy con Vd. por lo mismo que 
la aprecio. Nada de esto hubiera sucedido y todo se hu- 
biera remediado tiempo hace, si Vds. hubieran usado con- 
migo la mitad de la franqueza que ha usado en todos sus 
actos con Vds., su afecta amiga, 

E. C. de Y. 

Nueva York, Agosto 22 de 1872. 



Ciudadano mayor general Calixto García Iñiguez. 

Cuba libre. 
General: 

Deseosa de expresarle la gratitud que todos sentimos 
por los grandes servicios que le viene Yd. prestando á la 
patria en la lucha tan desigual como sangrienta por su li- 
bertad é independencia, me apresuro á dedicarle la pis- 
tola que recibirá Yd. junto con ésta. Kuégole la acepte 
como ínfima recompensa de lo que merece Yd. por su va- 
lor, su abnegación y constancia. 

De Yd., admiradora y conciudadana, 
* 

E. C. DE V- 



Nueva York, Abril 5 de 1873. 



— 198 



C. Carlos del Castillo, agente confidencial de la república 
de Cuba. 

Presente. 

Apreciable amigo: 

Ha acudido á mí en secreto, una persona en solicitud 
de bonos de Cuba, por valor de treinta ó cuarenta mil 
pesos efectivos. Y como tengo que contestar definitiva- 
mente esta noche, deseo saber si Vd. puede disponer de 
algunos y á qué precio, teniendo en cuenta que el com- 
prador es extranjero. 

Sería uno de mis más gratos placeres el que por mi 
conducto se hiciera la agencia confidencial, tan honora- 
blemente representada hoy, de esa buena suma de pesos. 

De Vd., atenta servidora y compañera, 

E. C. de V. 

Nueva York, Julio I o de 1873. 



Ciudadano general Manuel Quesada. 

Presente. 

Distinguido general y amigo : 

Ayer estuve á ver, según convenio, á los señores Ke- 
mington & Sons, y tuve el gusto de oír de boca de Mr. 
Pond, su agente principal, que estaba en tratos con Yd. 
sobre los pertrechos y armamento, y que esperaba termi- 



— 199 — 

aasen satisfactoriamente. Yo también lo espero por Vd., 
por mí y por la patria. 

Los señores Schuyler, Hartley y Graham, á quienes 
también vi, me dijeron que en cualquier compra ele armas y 
municiones que se hiciera — tomarían en pago la cuarta 
parte del valor total en bonos de la república a razón del 
10%. 

Tal es el resultado de los pasos que he dado cerca de 
entrambas casas de armas en esta ciudad. Disponga Vd. 
entretanto de mí, seguro de que siempre me encontrará 
lista á coadyuvar á sus esfuerzos en favor de Cuba. 

E. C. DE V. 

Nueva York, Agosto 8 de 1873. 



Señor general Manuel Quesada. 

Presente. 
Distinguido general: 

Inclusa hallará Vd. la cuenta del pasaje de los 23 indi- 
viduos embarcados por orden de Vd. á bordo del vapor 
inglés " Atlas," con destino á Kingston, Ja. 

En esta ocasión dije á Vd. que el vapor de pasado ma- 
ñana tocaría en el mismo puerto y conduciría el resto de 
los pasajeros cubanos. Mejor informada hoy en la casa 
consignataria, digo á Vd. que no puede ser y que la com 
pañía se presta á trasportar hasta 100 pasajeros, si es pre- 
ciso, al mismo Kingston en el viaje de fines del corriente 
mes. á razón de $35 por cabeza. 



— 200 — 

A. Port-au-Prince puede, sin embargo, llevar unos 40 á 
razón de $40 papel uno, en su viaje del martes. 
De Vd. atenta servidora, 

E. C. DE V. 

Nueva York, Septiembre 11 de 1873. 



C. Carlos Manuel de Céspedes, presidente de la Repúbli- 
ca de Cuba. 

Cuba libre. 
Señor: 

Escribo á Yd. bajo las más agradables impresiones, lle- 
na de orgullo y animada de las más halagüeñas esperan- 
zas, porque Yd. ha realizado el ideal que yo me había for- 
mado del primer presidente de la república. En efecto, 
Yd. ha herido la dificultad, ha hecho más, ha tocado la 
roca de donde ha de manar la fuente de nuestras liberta- 
des é independencia, — separando del manejo y dirección 
de la cosa pública á los que bajo la capa de amigos, po- 
nían estorbos á la marcha de la revolución. 

Ahora sí creo que Yd. ha perdonado la impertinencia 
conque en alguna de mis comunicaciones he censurado 
la política anterior del gobierno. Fuerza es que se haya 
Yd. penetrado de la pureza y rectitud de nuestros moti- 
vos, cuando con tanto vigor como sagacidad y prudencia, 
ha llevado á cabo un cambio radical, que de seguro, será 
el golpe de muerte de toda suerte de enemigos nuestros 
y salvador de la patria común. 



— 201 — 

Permítame Vd. que le dé por ello mis más sinceros pa- 
rabienes y que me atreva, como me atrevo, á reclamar 
para mí, un rayo, tan solo un rayo del sol de gloria con 
que acaba Vd. de coronar su frente. De abatidos y dis- 
persos que andaban los leales amigos de Vd., en el día 
son los más animados y unidos de la emigración, su nú- 
mero y entusiasmo aumenta que es un prodijio, y me pro- 
meto que antes de mucho los resultados anuncien á Vd. y 
al mundo entero la oportunidad y sabiduría del cambio. 

Mis esfuerzos aquí y en Puerto Plata para ver de ayu- 
dar á Vd., no han dado sino resultados negativos, siendo 
lo peor, que consumiendo gran parte de mis propios re- 
cursos lian puesto á dura prueba mis fuerzas físicas. Aun- 
que algo tarde Ja reparación por lo que á mí personal- 
, mente toca, no tema Vd. que me flaquee el espíritu, ni se 
entibie el entusiasmo patriótico. Apenas si puedo conte- 
nerme y no corro al lado de Vds. Pero si por ahora no 
voy, ahí remito la guardia de Bembkta, cuerpo compues- 
to de 26 jóvenes escogidos, los cuales he armado y equipa- 
do y acabo de poner á la disposición del general M. Que- 
sada. Ellos vuelan á cumplir con su deber como cubanos 
y como patriotas y no dudo que, mediante Dios, y la bue- 
na estrella del jefe á cuyas órdenes inmediatas parten, 
darán todavía días de gloria á su patria y que honrarán 
la memoria de la triste mujer que los ha puesto en el 
buen camino y solo siente no poder partir con ellos los 
trabajos y peligros de la campaña. 

Mi esposo se une en las felicitaciones que ahora le en- 
vío y me ruega le salude respetuosamente. Páselo Vd. 
bien y se ofrece, etc., 

E. C. DE V. 

Nueva York, Septiembre 17 1873. 



— 202 — 



Ciudadano general Bernabé Varona. 

Presente. 
Apreciable amigo: 

Con las instrucciones de Vd. me presenté en la casa 
consignataria de la compañía de vapores " Atlas," y tuve 
con los agentes una batalla campal. Por más esfuerzos 
que hice no pude conseguir que hicieran escala en Kings- 
ton para dejar los pasajeros de Vd., lo más que alcancé 
fué que conducirían 40 á Port-au-Prince por $1,600 pa- 
pel, á recibir $800 de contado y el resto á 30 días plazo, 
con la firma, según Vd. mismo me indicó, de los agentes 
Quesada y Castillo. Puedo embarcar uno ó dos más sin 
pagar nada, y si es necesario llevar uno ó dos ocultos, la 
casa me ha prometido hacerlo así. 

Incluyo á Vd. veinte y cinco pesos ($25) que arranqué 
al Sr. Garrison para ayudar al embarque. 

Sin más. disponga, etc., 

E. C. de V. 

Nueva York, Septiembre 12 de 1873. 



Sr. Cornelio García. 

Sancti Spíritus. 
Muy señor mío: 
Cábeme la honra de encaminar á esa la inclusa carta de 



— 203 — 

su hijo Marcos. Cualquier cosa que desee Vd. mandarle 
ó bien cartas, puede Vd. remitírmelas á esta su casa con 
la dirección siguiente: 

Miss Fany Kinsey. 

59 W. 24th. Street. 

New York. 

Esté Vd. seguro que por mi conducto hay facilidad de 
comunicarse con su hijo de Vd. Déme pues el gusto de 
cumplir con lo que yo creo un deber. Y disponga como 
guste de su atenta, 



E. C. DE V. 



Nueva York, Septiembre 14 de 1873. 



Ciudadano general Bernabé Varona. 

Presente. 
Estimado amigo: 

El portador le entregará un bulto que contieue las 17 
fundas de cuero para los revólvers Remingtón que fueron 
sin ellas en la caja entregada á Quesada el 6 del corriente. 

No sé si habrá enterado á Vd. Quesada, que armó y 
equipé por completo, no solo los 26 hombres que ofrecí 
para la Guardia de Vd., sino 4 más que se me presenta- 
ron á última hora. 

Su armamento y equipo consisten en carabina Reming- 
tón con correa, revólver del mismo fabricante con su f un- 



— 204 — 

da, machete con vaina y cinturón, cuchillo con vaina, sa- 
co para municiones de boca y guerra, 1,300 cápsulas para 
los revólvers, 500 idem para carabinas, 76 varas de dril 
crudo para chamarretas, y 30 mudas de ropa, fuera de la 
usada para los hospitales. 

Todo lo cual supongo que se embarcó en tiempo y es- 
pero que Yd. reclamará como suyo cuando llegue la hora; 
teniendo presente que los bultos son seis y se distinguen 
por esta marca: V, dentro de la cual va el correspondien- 
te número. 

Perdone la minuciosidad; pero quiero enterarlo de to- 
do, porque me intereso sobre manera en que esos efectos, 
cuya adquisición me ha costado tantos afanes, no vayan á 
manos de otros, sino á las de los jóvenes que componen 
la Guardia de Bembeta. Ellos al saber que Vd. debía 
mandarlos en Cuba volaron á inscribirse en mi lista y 
desde el principio hasta el fin se mantuvieron firmes en el 
propósito de pertenecer á ella. 

Porras Pita y Rubiera darán á Vd. la lista de sus nom- 
bres, para que Yd. sepa quienes son los fundadores, y no 
me los abandone, que yo prometo atenderlos desde aquí 
en lo sucesivo. 

Sé que á las' órdenes de tan digno jefe, ellos, que son 
valientes y entusiastas, no podrán menos de distinguirse; 
y de esta manera habrá un lazo más que me una á la pa- 
tria querida y que me haga palpitar de orgullo y alegría 
al oir la relación de sus hazañas. De Yd., etc., 

E. C. de Y. 

Nueva York, Septiembre 17 de 1873. 



— 205 — 

Señor J. D. Poyo. 

Cayo Hueso. 
Apreciable compatriota: 

Recibí la suya á tiempo, pero ocupadísima con una con- 
ferencia para los cubanos, no he tenido un minuto de que 
disponer, y hoy mismo si no fuera porque deseo compla- 
cerle en la pregunta que Vd. me hace, no podría escri- 
birle. 

Desea Vd. saber si puedo hacer llegar á manos de Sta 
Lucía una carta ? Lo que es á Cuba libre, sí, ahora no 
respondo que se la entreguen al presidente actual, aunque 
creo que no habrá dificultad. Mándela cuanto antes, 
pues voy creyendo que Aguilera irá ó mandará la expedi- 
ción. Esto es, si no logran con el escándalo, que la de- 
tenga el gobierno americano. 

Uno de los que han de ir en esa expedición está hospe- 
dado en mi casa, así es que cuento con enviar á Cuba li- 
bre lo que desee. 

Doy á Vd. las gracias por la molestia que se tomó ave- 
riguando el paradero del Sr. Cepeda, y ahora solo me fal- 
ta saber si ese señor es hijo del Dr. Cepeda, que está en 
Sancti Espíritu, pues hay aquí quien se interesa por él y 
se vale de mí para este fin. 

Remito á Vd. dos ejemplares de una carta " maestra," 
que estoy segura le agradará mucho. Hágala circular. 

Ya sabrá como Pacheco volvió de Cuba, después de ha- 
ber estado allí cuatro días, y de haber entregado al coro- 



— 206 — 

nel Duran y su pequeña fuerza, las nueve armas de fuego 
que llevaba, 900 cápsulas y una sucia correspondencia. 

Vergüenza da que hubiese llevado tan pocas armas. Si 
tenían la seguridad de llegar á Cuba, ¿ por qué no lleva- 
ron más ? Parece que cuando lo desean pueden ir á Cu- 
ba, luego el no mandar auxilio á nuestros hermanos es 
porque no qmieren. 

Recuerda Vd. la algazara que armaron cuando el " He- 
rald" dijo que un comisionado de Concha había ido á tra- 
tar con Santa Lucía ? Pues bien, ahora Pacheco lo ase- 
gura. 

Se corre (secretamente) que Jesús Pérez, Cintra, Ra- 
mírez, etc., están en armas y separados del gobierno. Ya 
yo esperaba esto, desde que tan ignominiosamente depu- 
sieron á Céspedes. 

Ojalá salga la tan cacareada expedición; pues necesito 
verlo para creerlo. 

De Quesada tenemos muy buenas noticias. Trabaja 
con la constancia acostumbrada. 

Manda Aldama ahora á Piñeiro al Perú para agenciar 
empréstito. Sin duda será para poner estorbos á Quesa- 
da, que parece ser la única misión del señor benemé- 
rito. 

No sé si Yd. sabrá que Yicente Mestre le dio de bofe- 
tadas á Queralta por causa de Aldama, que en seguida 
Aldama sacó orden de arresto contra Mestre, pero que 
apenas supo que éste vino á pedirme la fianza en caso de 
que lo prendieran, mandó á Villegas á llamarlo, y no solo 
le satisfizo, sino que le facilitó el modo de hacer un viaje 
á Chile por cuenta de la república. Dios quiera no vaya 
en comisión contra Quesada. Temo mucho tales infa- 
mias porque, repito, el Sr, Aldama se ocupa más de da- 



— 207 — 

fiar a los buenos patriotas, que de mandar armas á Cuba. 

Es tarde y no quiero cansarle. Si he dicho tantas ton- 
terías es porque Vd. me pidió le enviase noticias. 

De Vd., atenta servidora y compatriota, 

E. C. DE V. 

Nueva York, Diciembre 19 de 1874 



Sr. J. Gk del Castillo. 

Londres. 
Apreciable amigo: 

Contesto la suya del 10. Conviene Yd. en que las cu- 
banas valen más que los cubanos ? Me alegro que alguien 
ya lo conozca. 

Pasado mañana voy yo misma á la Sociedad Histórica 
de Nueva York, en la 2- Avenida, y allí sin duda podré 
copiar lo que Vd. pide. Descanse Vd. por ahora, que la 
semana que viene irá si lo consigo. 

Mañana, Año Nuevo, estará Cirilo en casa y me ayuda- 
rá á revisar papeles para enviarle también lo referente al 
" Consejo Cubano," etc. 

No sé lo que significa el silencio de Leopoldo Tuiia, 
también yo le he escrito y no me contesta. Será miedo ó 
respeto á la gente que está en el poder ? Cirilo dice que 
es apatía. 



— 208 — 

El mensaje de Grant ha sido lo que siempre, que ni los 
españoles ya le temen. No parece ser más que una ame- 
naza á España para que les pague el reclamo del " Virgi- 
nius." 

El presupuesto irá también en estos días. Mucho, mu- 
chísimo me alegro de la mejoría de D. Carlos. 

La carta de Carlos á Luna ha gustado mucho, y siento 
que toda no me veniese á mí, porque mis veinte ejempla- 
res fueron repartidos en el momento. Mandé á Chile, al 
Perú, á Puerto Plata, á Jamaica y aquí la hice leer en las 
manufacturas. Ha gustado mucho. Ojalá se repitan esas 
cartas. 

El Cadalzo de " El Correo " es uno que redactó un pe- 
riódico en Ságua. Pero el verdadero comprador es Ra- 
món Martínez que fué el que facilitó los 300 pesos que 
costó. Por cierto que me han dicho que al prestarlos di- 
jo que ponía la condición de que Pepe de Armas fuese el 
redactor principal; y que CTBürke y Cadalzo fueron á ver- 
le para comprometerle á acej^tar la dirección. Como era 
natural Pej>e aceptó, mediante la condición de ser él úni- 
co director. Esta semana han tomado al " célebre '' José 
I. Beyes como uno de los redactores. A Pepe, que co- 
mió con nosotros el día de pascua, le dije que izara 
bandera, que yo le tenía varios suscritores, pero que es- 
peraba ver antes si era carne ó pescado, esto es, retróga- 
do ó radical. Me dijo que bastaba se supiese que él estaba 
al frente. Yo le dije, que hasta ahora lo tenía por Al- 
damista. La semana que viene trataré de que publique 
la sumaria sobre la muerte de Céspedes y la carta de Je- 
sús Rodríguez á Villegas. Creo que publicadas las dos á 
un tiempo no necesitan notas, además, no hay quien las 
haga y sería un folleto y no una carta la última, 



— 209 — 

Hostos fué juntero en tiempos en que el rey rabió ; pero 
creo que hoy es de quien le paga, más y mejor. Sé que 
marcha con Aguilera á Cuba, á hacer " speeches." 

Escribiré á la condesa de Paula, sobre lo que Td. me 
indica, y haré cuanto esté en mis manos porque se logre 
lo que se desea. 

No crea que nadie más que yo hago oposición á la 
gente juntera. Los más fuertes amigos se han entibiado. 
El pueblo todo está trinando, solo que los buenos patrio- 
tas y los que son, por desgracia, algo escasos de seso, te- 
men declarar su opinión, porque dudan si van ó nó y te- 
men hacer daño á la patria. Así es que esperan devora- 
dos por la duda. Es falso que se hayan ganado á los de 
Nueva Orleans. A los de Cayo Hueso .... no todos. Lo 
que hay es que ellos trabajan bien y envían emisarios á 
todas partes. En Cayo Hueso tienen á Eederico de Ar- 
mas publicando un periódico " El Bepublicano." Al hijo 
de Carlos Manuel, no dudo que lo hayan conquistado, si 
es que cabe conquista. No será materia de pan ? El po- 
bre llegó aquí sin recursos, y Aldama prometió enviarlo 
antes de tres semanas, y parece que él es algo inocente y 
lo creyó, aunque yo le dije que á Peralta, á Barnett y á 
todos los que habían venido de Cuba, le habían hecho la 
misma oferta. 

De Miguel Bravo y Sentí es nada se dice, aunque si he 
de creer en los espíritus, uno me dijo antes de anoche en 
la sobremesa en que estaban Cisneros, Vicente García, 
etc., Bravo tomó la palabra y dijo, que mientras " esta 
gente " estuviese en el poder no iria auxilio á Cuba, y 
que él, que estaba en Nueva York cuando la cuestión de 
Zenea, los conoció bien, que no eran sino conservadores 
y que solo Quesada podía y quería llevar recursos á Cu- 



— 210 — 

ba y que si no fuera por la oposición que esos mismos 
hombres le hacen, él haría mucho más. 

Mande lo que quiera para Cuba libre, que el capitán 
Rodríguez está hospedado en mi casa y no dudo que lle- 
ve lo que yo le dé. El es uno de los prácticos á quien le 
dan $15 por semana. 

Ayer se corría ya que los yankees se habían apoderado 
del vapor de Aldama. Por supuesto que es lo que desea 
y está dando lugar Aldama, porque no de otra manera me 
explico la demora y el haber reunido aquí la gente, vapor 
y demás. 

El sábado tuvo López Queralta una reunión con los ta- 
baqueros, para pedirles mil pesos, con que enviar comes- 
tibles á los cubanos que se hallan en cierto lugar esperan- 
do que vayan los de aquí á reunirse con ellos y marcha- 
á Cuba. Allí le prometieron proporcionarle los mil pesos 
dentro de una semana. Lo dudo. 

Basta, no se quejará, he contestado párrafo á párrafo 
su carta de Vd. Recuerdos á Teresa. 

E. C. de V. 

Nueva York, Diciembre 31 1874. 



Sr. D. Benjamín V. McKenna. 

Santiago de Chile. 

Muy señor mío y amigo: 

Por los periódicos chilenos he visto la parte que Vd. 
ha tomado en el movimiento iniciado en ese país en favor 



— 211 — 

de la revolución de mi patria, con motivo de la presencia 
del general Quesada y del Sr. Zambrana. No esperaba 
menos de Vd., á quien los cubanos deben muy buenos 
servicios y generosas simpatías. 

A la llegada de Quesada á ese país habrá recordado 
Vd. la carta en que le hablaba de él, de sus dotes milita- 
res, de sus esfuerzos en favor de la guerra por la indepen- 
dencia y de los estorbos que ponen á su marcha Aldama 
y sus paniaguados, que no quieren el triunfo de la revo- 
lución en Cuba. 

Esos estorbos, esa tenaz oposición, habrá tenido Vd. 
ocasión de observar, si ha leido la carta que Aldama hace 
á un Sr. Tanco en Curicó, en que tiene la avilantez de ca- 
lificar de aventureros á Quesada y Zambrana, dos cubanos 
que han prestado grandes servicios á su patria y que en 
todos sentidos valen cien veces más que aquel mentecato. 
Viendo lo que pasa entre ciertos cubanos y Quesada, no 
puedo olvidar lo que Vd. refiere con gran elocuencia res- 
pecto de chilenos con Carrera, en 1815 y 1816. Pero me 
prometo que para Vd. y para la gente ilustrada de Chile, 
conocedora de nuestra historia contemporánea, no les ha- 
brán cogido desapercibidos esos improperios de Aldama, 
ni verán en Piñeiro (que estuvo con los españoles y por 
España, hasta la hora nona), como el representante del 
gobierno libre de Cuba, sino del bando de que es cabeza 
de chorlito Aldama. 

Pero de todos modos, veo que ahí se le ha hecho ya 
una fiera oposición á Quesada, lo mismo que la que se le 
hizo antes en el Peni, antes en París, y antes en esta ciu- 
dad, y que cual en todas esas partes habrá tan firme pa- 
triota tenido que fallar y ver desbaratados sus trabajos 
cuando más razón tenía de esperar que le dieran fruto. 



— 212 — 

Para que conozca Vd. mejor la clase de gentes que le 
causan tantos males á la patria, le envío con el amigo, Sr. 
A. Yillaroel, varios ejemplares de un folleto que acaba de 
publicar en Londres un firme patriota, defensor constan- 
te y amigo íntimo de Quesada, el venerable Sr. Carlos del 
Castillo. 

La Ristori no ha podido representar en la Habana y ya 
la tenemos aquí. 

Olvidábaseme anunciarle que también lleva para Vd. 
el Sr. de Villaroel, la copia fotográfica de un cuadro al 
óleo original que conservo, el cual representa, si bien lo 
observa, el carro de la revolución de Cuba, regido por 
una indiana que sale de las tinieblas de la tiranía, pasa 
por los fuegos de la guerra y despedaza los signos de la 
monarquía. Iluminado con los colores apropiados no de- 
ja de producir efecto. Acéptelo Vd. como una expresión 
débil de la oonsideración con que se suscribe de Vd., etc. 

E. C. DE V. 

Nueva York, Febrero 28 de 1875. 



Ciudadano Miguel Bravo y Sentí es. 

Cuba libre. 

Distinguido señor: 

Desde la ida de Pepe Castillo á Londres, habrá tres ó 
cuatro años, no he sabido de Vd. El asesinato de Céspe- 
des, primero á mano de los suyos y por último, á la de 



— 213 — 

nuestros feroces enemigos, ha causado una dispersión ge- 
neral entre los hombres de la revolución, porque apode- 
rados del mando y de todos los negocios los que desde 
aquí ordenaron su muerte, se nos cerraron las puertas 
para comunicarnos con Vds. y enviarles recursos. Indi- 
directamente me parece haber oido hablar de Vd., siendo 
así que los de la Junta le atribuyen á Yd. la sumaria ave- 
riguación sobre el crimen cometido con nuestro padre 
Céspedes, y más recientemente todavía la redacción y su- 
gestión del manifiesto de las Lagunas de Varona, que re- 
mitió aquí en copia Spoturno con encargo de que no se 
publicase, pero que apenas llegó á mis manos lo planté 
en " La Revolución " de Lanza. Esto poco le dará á Vd. 
una idea de cómo estamos aquí desde el desastre del 
"Virginius." 

Nuestra situación, pues, no puede ser peor. Los revo- 
lucionarios, los hombres de acción, los que despachaban 
recursos para Vds., con Agüero, con Codina, los que pu- 
sieron en manos de Quesada cuantiosos fondos para sus 
emjDresas expedicionarias, dos de ellas felices, todos esos 
están muy desanimados, poco menos que muertos, por 
una razón muy sencilla, cual es la de que á pesar de los he- 
chos tan elocuentes como notorios que anuncian — quie- 
nes quieren ayudarlos á Vds., quienes los que á brazo 
partido se oponen al progreso de la revolución, — Vds. 
allá parece que no ven, que no oyen ni entienden. Impo- 
sible se hace por tanto que aun después de la caída del 
bueno de Santa Lucía, mantengan Vds. de agente en este 
país al inepto de Aldama; al que les envió á Zenea como 
aguinaldo para desorganizar el Camagüey, y que en toda 
su larga administración, con abundantes recursos siempre, 
no los ha remitido ni un fusil ni un cartucho, — ha hecho 



— 214 — 

y está haciendo cuanto está en su mano para impedir que 
otros se los suministren. Este mismo Aldama, que Vd. 
debe conocer, fué el que en momentos de salir Quesada 
para el Perú, en compañía de Zambrana, valiéndose de 
Aguilera, le arrebató 20,000 pesos y después temeroso de 
que con su influencia levantara fondos allá como los le- 
vantó en Colombia, hizo j^ublicar en Chile una carta infa- 
me, en la cual lo menos que dijo de Quesada y de Zam- 
brana fué que eran unos aventureros, y no contento con 
eso despachó tras ellos á E. Piñeiro con el encargo de de- 
sacreditarlos en todas esas repúblicas del Pacífico. De 
esta manera fué como Aldama se apoderó del producto 
de los tres millones de bonos que compró el Perú y que 
se consumió en despachar un cargamento de armas y mu- 
niciones que entregó á los españoles por vía de Haití en 
el "Laura Pride," (entienda Vd. que esas armas no se 
compraron con los 20,000 pesos birlados a Quesada, ni 
con los 60,000 que vinieron del Perú, sino que se costearon 
con s-Jiscriciones populares fuera de la agencia), y en el 
desjoacho del vapor "Octa\ia" ó " Uruguay," que les dejó 
en las playas de Cuba un saco de chismes, se refugió en 
Jamaica y últimamente se ha vendido á los revoluciona- 
rios de Haití. 

Esto que es la verdad histórica es una contestación de 
Spoturno á la agencia de Aldama y publicada confidencial- 
mente por éste en un periodiquín de Cayo Hueso, en la 
cual se lamenta de que no les proporcionan más recursos 
y acusa de " inercia á la emigración que no facilita la su- 
ma para mover los materiales ya adquiridos," como si ella 
no hubiese estado desde el principio de la revolución de- 
rramando á manos llenas el dinero en las cajas de aque- 
llos que no quieren convertirlo en pertrechos para Vds. 



— 215 — 

De seguro que no nos tocan las increpaciones del presi 
dente, cuando desconociendo la incapacidad de Aldama. 
Echeverría y secuaces echa a la emigración la culpa de los 
males que prevee le sobrevengan al ejército de las villas 
si no llegan á tiempo los materiales de guerra, que sin 
duda no llegarán nunca mientras Aldama gaste el dinero 
de la patria, con autorización de Vds., en solicitar la au- 
tonomía bajo España para Cuba y en perseguir á los bue- 
nos patriotas. 

Esta carta que hubiera dirigido á Vd. hace mucho 
tiempo, no me ocurre de momento, sino que me ha sido 
imposible encaminarla, interceptadas como están para no- 
sotros todas las comunicaciones con Vds. Pero se pre- 
senta un portador á ocultas de la agencia y sus satélites, 
y apovecho la oportunidad para expresar á Vd. (que me 
conoce) estos lamentos, más bien que acusaciones, los 
cuales ya no me cabían en el pecho, aunque antes de aho- 
ra, en protestas, cartas, y comunicaciones, en inglés, fran- 
cés, español y alemán repetidas veces, he estampado en la 
prensa pública, no solamente, para ver si por este medio 
lograba convencer á Vds. de la verdad de lo que pasaba 
aquí entre nosotros, más también para que en ningún 
táempD se me achacara, como lo ha hecho Spoturno ahora, 
participio en los desastres y tal vez en la ruina de la pa- 
tria. 

Me han asegurado últimamente que de allá viene Ma- 
chado y otro para relevar á Aldama y Echeverría. Por 
supuesto esos enviados son ó hijastros de la Junta ó vie- 
nen tan ciegos, que les sucede lo que á Ramón Céspedes 
y Aguilera; los cuales halagados por las convites y aga- 
sajos de Aldama y secuaces, á pesar de nuestros avisos se 
les entregaron maniatados y cuando los usaron á su gus- 



— 216 — 

to le volvieron las espaldas con que cayendo fueron á dar 
con el célebre Mayorga. Aquí preciso es que Vds. se de- 
sengañen, fracasan todos los que vengan de allá á menos 
que sean enemigos probados de Aldama, Echeverría, Ville- 
gas, Cisneros, en una palabra, de la Junta que aun existe. 
No hay necesidad de enviar agentes, basta y sobra y es 
más barato y acertado nombrar para agente á los jefes 
del único grupo de cubanos que ha sabido mandarles á 
Vds. recursos desde el principio de la ravolución; Bamón 
Martínez, y José F. Lamadriz. 

Y tienen Vds. que apresurarse. Acaba de concluirse 
la guerra carlista y le sobrarán a España recursos y hom- 
bres para ocupar la isla militarmente. Inútil es que es- 
peren Vds. mediación ó intervención. Esta úllima es una 
idea vertida por la administración actual de este país, pa- 
ra hacer caudal político en las próximas elecciones pre- 
sidenciales. La primera no es más que el sueño dorado 
de los que como Aldama creen todavía en brujas y espe- 
ran engañar á otros engañándose á sí mismos. Inglaterra 
y demás potencias europeas los ignoran á Vds. completa- 
mente y solo se preocupan de la libertad de los negros, 
como si Vds. no los hubieran declarado libres en Gruái- 
maro. 

Para el gobierno de Washiugton, Vds. son los meros 
instrumentos de sus fines políticos ulteriores, cuyo miste- 
rio en vano nos afanamos en penetrar. Hable, predique 
Vd. que tiene la palabra fácil y elocuente, contra todo es- 
to. Alumbre á los que parece cierran los ojos para no 
ver. Mire Vd. que después de tanta sangre vertida, de 
tales ruinas y desgracias he llegado á temer por la primera 
vez, que quedemos peor que antes. 

Nuestros amigos Pepe y Carlos Castillo siguen en Lón- 



— 217 — 

dres, los Quesadas están aquí trabajando para enviar á 
Aguilera á quien tuvo la habilidad Aldama de dificultar 
su vuelta á Cuba. 

Salude Vd. á sus compañeros de armas en mi nombre, 
y es de Vd., etc., 



E. C. DE V. 



Nueva York, Marzo 2 de 1875. 



Ciudadano general Máximo Gómez. 

Cuba libre. 
Distinguido general: 

Siempre be escrito á Vd. en momentos de entusiasmo 
porque el eco de sus hazañas venía á confortar mi espíri- 
tu; pero de algún tiempo á esta parte, no sé nada de Vd., 
y los siniestros rumores de mediación, de intervención y 
basta de autonomía, provocados por la conducta de Alda- 
ma, Cisneros, Echeverría, Piñeiro, Villegas y otros, me 
llenan ele zozobra y temo por Vds. y por la patria. Sin 
embargo, mientras Vd. viva y se halle al frente de las tro- 
pas me queda la esperanza de que esos traidores no verán 
realizados sus planes. 

Será posible que quien á pesar de los tales y del aban- 
dono estudiado en que los han tenido á Vds. desde fines 
de 1873, hizo el milagro de cruzar la Trocha y llevar la 
alarma hasta las puertas de Colón, le falte ahora aliento 
para mantenerse ahí hasta lograr la independencia ? 

Hé aquí lo que yo no creo. Pero es bueno que Vd. se- 



— 218 — 

pa y lo haga entender á quien corresponda que la agencia 
Aldama significa siempre, — carencia absoluta de recursos 
para Yds. y entretenimiento con promesas que jamás se 
cumplirán — porque su fin es la muerte de Vds. como con- 
dición de alcanzar ]a autonomía de España. 

Hagan Vds. justicia quitando la remora de la revolu- 
ción que es Aldama y verán Vds. si les sobran los recur- 
sos, á menos que Vds. nombren otros que piensen como él 
en la política. 

¿ Cómo es que no se les ha ocurrido á Vds. comparar 
los auxilios que recibieron durante el corto tiempo que 
duró la agencia de Quesada, con la negación completa de 
recursos en los años que ha durado la agencia de Alda- 
ma? No comprendo que razón tengan Vds. para ello. 

He escrito á Vd. varias veces, pero no he tenido contes- 
tación, sin duda porque la agencia hace de modo que Vds. 
no sepan de nosotros, ni nosotros de Vds. 

Sin embargo, últimamente he visto publicadas dos car- 
tas de Vd. á " su amigo " Aldama, en que se queja Vd. y 
siente que lo hayamos abandonado. ¿ Cómo es que no 
piensa Vd. un momento que si á ese hombre le ha aban- 
donado toda la emigración es por su culpa ? Es porque 
está hundiendo la patria ? Abran, pues, los ojos y pongan 
en lugar de ese un hombre, que les ayude á darnos lo que 
no tenemos y que tanto deseamos — patria! 

Acabamos de saber que han llegado á Cuba libre los 
patriotas Simoni, Castillo etc., y á pesar de alegrarme de 
su feliz llegada, me duele porque sabemos que sólo han 
llevado correspondencia de Aldama, la cual tiene que ser 
una glorificación suya y una difamación de todos los bue- 
nos patriotas. Pero me queda la esperanza de que ellos 
pinten con imparcialidad lo que han visto. 



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Permítame Vcl. que le diga que dentro y fuera de la is- 
la no hay más que dos hombres capaces por su honradez, 
patriotismo, é inteligencia, de reunir y enviar recursos á 
Vds. con la prontitud que se requiere, porque al mismo 
tiempo gozan de la confianza de la emigración entera, la 
cual está segura que pondría la organización de las ex- 
pediciones en manos de Quesada, que es el único militai 
que tenemos aquí — esos son Kamón Martínez y José F. 
Lamadriz. Hagan esto y seremos libres este año y pron- 
to antes que España pueda mandar más tropas. 

Deseándole mayores triunfos, soy etc., — E. C. de V. 
Nueva York, Marzo 3 de 1876. 



Ciudadano Miguel Bravo y Sentí es. 
Distinguido señor: 

Principio dando á Vd. la enhorabuena por su nombra- 
miento de diputado á la Cámara en representación de 
Oriente. 

No creo que haya olvidado Vd. que fué víctima de la 
Junta Cubana apenas llegó Vd. de Fernando Poo. Esa 
Junta ha continuado lo mismo que Vd. la dejó, compues- 
ta casi de los mismos hombres de entonces con excepción 
de unos pocos que han muerto ó se han cansado de hacer 
mal. Miguel Aldama, José A. Echeverría, Hilario Cisne- 
ros, Pedro Martín Bivero, Piñeiro, Villegas, y otros están 
firmes en su puesto y haciendo cuanto daño pueden á la 
revolución, gracias al honrado y bueno de Santa Lucía, 
que muertos y enterrados por el padre de la patria, los 
volvió á sentar en el candelero. 

Desde fines de 73, los hombres de la Junta no se han 
ocupado de otra cosa que de perseguir á Quesada, ya en 



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París, ya en el Perú, ya en Chile, hasta que ele aburrido 
se volvió á París, y de allí vino aquí, donde escondiéndo- 
se de los junteros y haciendo esfuerzos inauditos, ha lo- 
grado reunir algunos recursos para despachar á Aguilera, 
el cual espero llegue allá junto con esta. 

Pero mientras esto sucede, llega á mi noticia que ese 
gobierno, reprende á Aguilera porque se ha separado de 
Aldama. Pues qué, ignoran Vds. acaso que hace más de 
tres años, marchaba de perfecto acuerdo con Aldama, es- 
perando cada día que le enviase á Cuba y engañándole 
siempre hasta que al fin tuvo que echarse en brazos de 
Quesada, hace poco menos de tres meses para realizar sus 
deseos ? 

Ni es que le faltasen á Aldama los recursos, para man- 
dar una, dos, tres, cuatro expediciones desde su segunda 
ascención al trono. Todo le ha sobrado, armas, municio- 
nes, $20,000 de Quesada, $30,000 de Aguilera, las suscri- 
ciones de los artesanos que han montado á mucho más y 
por fin los $60,000 y más que llegaron del Perú. ¿ Qué 
ha hecho ese hombre con tanto dinero y tal apoyo ? 

Las primeras armas y municiones, se las entregó á los 
españoles en Haití. Las que regaló el Perú, se las ven- 
dió á los revolucionarios de esa isla, pero fué tan desgra- 
ciado ó torpe, que el barco, es decir, el vapor "Uruguay" 
con todo su cargamento fué apresado por los españoles y 
llevado á Puerto Kico. 

Podía Aguilera, sin arrastrar por el suelo su dignidad 
ni sacrificar su amor á la patria, marchar unido con un 
hombre que parece resuelto á aruinar á ésta, desbaratando 
los planes de los únicos que aquí desean su triunfo ? No. 
Pero después de todo, amigo mío, si he de hablar á Vd. 
con la franqueza que acostumbro, no sé si lo sienta ó me 



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alegre de la ida de Aguilera. El, en mucha parte tiene la 
culpa de todo lo que ha pasado entre nosotros desde el 
año 1870. 

Llegaba á este punto de mi carta, cuando se han reci- 
bido noticias de Cuba libre en un ejemplar del periódico 
"La Bepública." En él he visto dos decretos de Spotur- 
no, los considerando de la cámara sobre la interinatura 
presidencial, la elección del presidente Estrada, los dis- 
cursos de los diputados que hablaron después de la alo- 
cución del nuevo presidente Tomás Estrada Palma. 

Desde luego dos cosas me llaman mucho la atención en 
todo esto, á saber, los decretos del presidente interino sa- 
liente y los términos en que se dirige á la emigración el 
presidente entrante. Spoturno en su discurso inaugural, 
dijo que siendo interino, no le correspondía innovar ni al- 
terar nada de lo hecho, por su predecesor, ahora que se 
acercaba su retiro, se apresura a dar dos decretos tan ra- 
dicales y graves como el que se refiere á los oficiales é in- 
dividuos en el extranjero, que tratan con el enemigo ó ex- 
parcen voces falsas de tratos, y el otro sobre que se pre- 
senten á continuar sus servicios en Cuba los militares au- 
sentes del ejército, dentro del término improrrogable de 
cuatro meses, so pena de perder sus grados. En primer 
lugar, ¿ á qué y por qué viene ese decreto para la emigra- 
ción ? Quiénes han estado aquí tratando con los enemi- 
gos de la república? Si se exceptúan a Aldama y sus se- 
cuaces, que desde el principio de la revolución vienen tra- 
tando de componer la cuestión con España, no alcanzo, 
por más que registro mi memoria, no encuentro qué apli- 
cación darle. Si es el otro en que el C. Spoturno se pro- 
pone taparla boca desde allá á todo el que aquí propague 
directa ó indirectamente noticias de arreglo con España, 



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¿ de qué archivo colonial sacó esa idea ? De manera que 
el C. Spoturno no quiso soltar el mando sin dejar á los 
traidores á cubierto de una delación. Porque es razona- 
ble suponer que ese decreto se lo mandaron en plantilla 
desde aquí, es decir, por los únicos traidores que hemos 
tenido en el extranjero, por los que trataron primero con 
Azcárate, después con Jorro y siempre con los que no 
pueden consentir en la independencia en el exterior. 

Diga Vd. al gobierno de la república que principie á 
enjuiciarme in capite porque si hasta ahora he protesta- 
do con cuanta energía me ha sido dable contra los mane- 
jos de los enemigos de nuestra revolución, en cuya lista 
he puesto siempre al frente á Aldama, nuestro represen- 
tante en el exterior, después del decreto me propongo ha- 
cerlo peor. 

Yo, que hace 22 años cómo el pan de la emigración, 
porque bajo ningún concepto he tolerado la tiranía espa- 
ñola, ni he querido someterme jamás á sus decretos arbi- 
trarios, mal pudiera ahora que se acerca la redención de 
la patria, consentir que los más terribles enemigos de 
nuestra revolución, por lo mismo que son secretos y usur- 
pan hipócritamente su representación, consuman, á mi 
vista, sus tramas inicuas y traidoras. No, no callaré, cla- 
maré contra sus reprobados procederes. Delataré al mun- 
do sus planes autonómicos y si nadie me oye, ni me hace 
justicia, me quedará siempre el consuelo de haber cum- 
plido con el deber más sagrado del ciudadano y del pa- 
triota. 

Respecto del otro decreto, parece que debía de haber 
principiado disponiendo que el agente de ese gobierno, so 
pena de ser depuesto, embarcara para allá á todos les ofi- 
ciales del ejército, que no teniendo barco, ni medios de 



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trasporte, de seguro van á perder su grado. Pues qué 
¿ ignora acaso ese gobierno que todos los cubanos, (con 
raras excepciones) ansian ir ? Ignora acaso que el mismo 
Aguilera salió dos veces para Cuba y que el fracaso de la 
última se debe á una delación de Aldama á los españoles? 
Sabe ese gobierno cuántos oficiales fueron en la expedi- 
ción del " Virginius," mandada por Quesada? Ciento 
diez y siete ! Sabe cuántos han salido ahora con Aguile- 
ra ? Luego los oficiales no están allá todos, porque no 
convenía á las miras de Aldama el mandarlos. 

Por lo que respecta á la alocución del presidente, veo 
que atribuye los males que se deploran á la falta de ar- 
monía entre los cubanos de la emigración y los represen- 
tantes en ella del gobierno de la república. Perdóneme 
Vd. pero veo que toma el efecto por la causa, es decir, el 
rábano por las hojas. 

¿ Quién le ha informado que no hay armonía entre los 
cubanos de la emigración, cuando se trata de servir á la 
patria ? Que sepa, pues, que se equivoca. Ninguna emi- 
gración del mundo ha dado más pruebas de armonía 
y patriotismo que la cubana. Exceptúe el presidente á 
los que han representado al gobierno hasta hora en el ex- 
terior, quiero decir, á Morales Lémus y á Aldama, junto 
con los aduladores del becerro de oro, y verá que el resto 
de la emigración ha marchado siempre de perfecto acuer- 
do con los representantes de la revolución, Quesada y el 
grupo que mandó tantas veces á éste y á Agüero con los 
únicos recursos que Vds. han recibido desde que princi- 
pió la guerra. No es posible que los patriotas, los que de- 
sean ayudar la revolución, los que están siempre dispues- 
tos á sacrificarse en aras de la patria, armonicen y se unan 
con los que procuran detener el carro de la primera y 



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buscan la muerte de la segunda. Nó, nunca! Jamás! 

Cuando los yunteros no lo han podido impedir, los re- 
voluciónanos, los verdaderos patriotas de la emigración, 
hemos sabido remitir las tres expediciones de Quesada. 
las dos de Codina y las diferentes de Melchor Agüero. 

Si estos hechos no convencen á Vds. de parte de quién 
está la razón, entonces contiúen lamentándose de la falta 
de armonía entre los emigrados cubanos y consuélense 
con las promesas de recursos que tan pródigo ofrece Al- 
dama en sus sacos de correspondencia. 

Ya esta carta es demasiado larga y temo cansar á Yci. 
comprenderá por ella que he agarrado la ocasión por los 
cabellos, para manifestarle, ahora que se me presenta la 
oportunided, todo aquello que se había acumulado en mi 
cabeza y en mi corazón, en más de tres años de incomu- 
nicación completa con todos Vds. Soy de Vd., etc." 

E. C. DE V. 

Mott Haven, Mayo 6 de 1876. 



N O T A. 



Nos vemos precisados á interrumpir en este punto 
nuestras tareas editoriales. Aunque la correspondencia 
política de la señora de Villaverde, alcanza hasta fines del 
año de 1877, época en que ya se susurraba en N. York la 
muerte de la república de Cuba en el Zanjón, y es de su- 
poner que adquiriese con tal motivo mayor interés é im- 
portancia, — no hemos podido recavar de la persona que 
hasta aquí nos ha venido proporcionando los manuscritos 
— que continúe la buena obra, temerosa de que se descu- 
bra el plagio. 

A